CRÓNICAS DE VIAJE

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domingo, julio 24, 2011

Misión cumplida

Llegó un poco temprano al trabajo.
Así acostumbraba desde haber recibido el nuevo puesto. El Departamento de Exteriores le brindaría mayor tiempo libre, más reputación y por supuesto mejor remuneración.
Las últimas tareas que le fueron encomendadas las cumplió exitosamente, prueba de ello la notable admiración y respeto que le otorgaban sus compañeros del departamento, que dicho sea de paso eran incitados por las alabanzas del propio Jefe.

Al recibir el parte del día, fue tal su asombro que necesitó releerlo. Su misión la cumpliría en una zona muy especial, de considerado renombre. Analizó con cautela todos los pormenores, para no olvidar ningún detalle necesario. A los pocos minutos estaba pronto para salir en camino. Con los medios a su alcance poco tiempo fue requerido para llegar a destino.
Los cursos de capacitación, previos a su designación, fueron estrictos y de larga duración.
Una a una pasó la etapas, no con poca dificultad; logró sin embargo sobreponerse a todos los obstáculos en forma catalogada como aceptable. Con mucho esmero y dedicación consiguió el anhelado título de Experto. Todos los miembros del departamento reconocían su posición, no eran muchos a los que se les permitía tales funciones.
El cargo otorgaba la posibilidad de movimiento dentro de un amplio campo de acción, incluido un sin fin de poderes para poder resolver casos de extrema problemática funcional.

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(foto de Internet)












Se acercó a la dirección señalada. Se trataba de una señorial mansión de amplias dimensiones. Un cuidado jardín rodeaba la casa. El sujeto requerido estaba sentado delante de la entrada, aparentemente leyendo un diario.
Con lentos pasos, como para no llamar la atención en demasía, cortó distancia hasta ubicarse a escasos metros del susodicho.

-Perdón por la molestia, estimado amigo. El hombre elevó la vista sobre el diario extendido entre sus manos. Sin inmutarse contestó:

-¿Quien es Ud. y a qué se debe su intromisión?

-Mil perdones. Mis disculpas al no haber informado con anterioridad mi visita. Reconozco mi error. Sólo necesito unos minutos de su tiempo- Respondió el intruso, y sin esperar contestación tomó asiento frente al exaltado dueño de casa.

-Un momentito caballero. No creo que recibí respuesta a su proceder. Está Ud. dentro de una propiedad privada, razón por la cual ya de por sí es una infracción a la ley. Soy una persona muy ocupada, no tengo la mínima intención de llevarla a mayores. Tenga a bien retirarse en forma inmediata de mi propiedad. ¡Buenos días!

-Sr., Sr., no es necesario alterarse, no es sano. Unos minutos de su valioso tiempo serán suficientes para explicar mi aparición repentina. Por favor, sólo le pido unos escasos instantes. ¿Es posible?- Las últimas palabras fueron como implorando ser escuchado.

-Está bien, lo escucho. Pero sea breve. Ud. dirá...

Con voz suave, pausada, habló el emisario:
-Buen hombre. Mi función es comunicarle que Ud. ha sido elegido, hoy, ésta precisa mañana, para brindarme su compañía en el viaje de placer que realizaremos juntos. Sí, entiendo su asombro, es más, posiblemente creerá que perdí la razón, o me escapé de un sanatorio para enfermos mentales, o sencillamente estoy divagando. No, mi amigo, no, nada de eso. Lo que expresé es la verdad, la pura verdad. Vengo a cumplir una función especial. Su vida en éste mundo ha llegado a su fin. No es posible volver atrás. La decisión está tomada. Es aconsejable tomarlo con calma. Sí, entiendo que es difícil, muy comprensible. ¿Tiene algo que decir?

-Caballero, es Ud., por lo demostrado, un eximio actor; el libreto, obra de un excelente escritor. Ya se lo manifesté: no tengo tiempo disponible para escuchar obras de teatro. Déjeme la dirección del lugar donde actúa, le prometo que iré a verlo. Ahora, si es Ud. tan amable...Se levantó del sillón y extendiendo una mano mostró al °actor° el camino de salida. Éste, sin demostrar apuro alguno, como desoyendo lo indicado por su interlocutor, continuó su perorata.

-Amigo, entiendo y acepto su nerviosismo, capto su sorpresa, su negación es lógica. Créame, no hay solución. No puede Ud. decidir lo contrario. Trate de comprender. Si lo cree necesario es posible ofrecer una muestra que verifique la autenticidad de mi proceder. ¿Es necesario? Diciendo esto se paró frente a frente al anonadado hombre.

-Es notable su persuasión. Realiza el papel en forma sorprendente. ¿De qué prueba o truco me está Ud. hablando? Con un tono de voz de persona ofuscada instó a recibir explicaciones.

-Déme su mano, no dude, en forma inmediata pensará distinto, por favor...
El °elegido° posó su diestra sobre la mano extendida del visitante. Alcanzó a balbucear unos monosílabos, palabras entrecortadas, sin sentido.

*********************

-Digno de alabar la destreza del flamante Experto.
Todos sus viajes resultan rápidos, las palabras están de más. ¿Cuál será el sistema utilizado?

-Con sus respetos, mi estimado Jefe, considero que la forma de actuar del emisario en cuestión, perdón, el Experto, dista mucho de lo considerado correcto y estudiado en la Academia. A mi entender él posee una fuerza especial de persuasión que suplanta el libre pensamiento, desequilibrando el nivel del raciocinio de los elegidos; convirtiéndolos en una especie de materia dócil que permite un fácil manipuleo.

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Era temprano. Esa era su costumbre. Esperó pacientemente recibir el parte diario. Como siempre, aquellos momentos de incertidumbre provocaban en su mente el deseo de la perfección.
Cada viaje constituía una nueva forma de análisis introspectivo, con miras a cerciorase de cual era su capacidad.
Los elegidos no existían. No ellos era lo importante. Lo transcendente era la espera, el recibir la orden, el cumplimiento de la misión.
Y volver, volver a empezar, para otra vez lograrlo.

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beto brom

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domingo, junio 12, 2011

La plaza del olvido

Si, con seguridad ése es el banco- dijo para sus adentros.

Matilde se acercó como si el tiempo la apremiara. La plaza en cuestión, era la de su adolescencia, en la cual se reunía con su amigo.
Hoy en día, abandonada en forma lamentable; las farolas, las pocas en pie, apenas alumbraban, los senderos casi imperceptibles.




La hora era la misma: las 20,30. ¿Cuántas cosas allí ocurrieron?
Charlas hasta altas horas de la noche. El calor de sus cuerpos que al pequeño roce lograban estremecer inclusive las hojas caídas.

Sus caminos se separaron. Ella por uno...él por otro. Nunca se volvieron a encontrar. Hasta aquel aviso pequeño en el diario.

Al principio no le dio importancia. Pero algo dentro de ella la obligó a releerlo.
Es por ello que esa noche estaba allí. ¿Esperándolo?

Dejó su familia sin dar explicaciones. Viajó y viajó para llegar a la plazita del pueblo.
Sus hijos ya la comprenderían. Su marido quizás no.

¿Vendrá ? De seguro que no.

¿Porqué no obstante volvió?


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beto brom


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martes, marzo 29, 2011

Amigos como amigos

La naturaleza sabia logró entrelazar sus vidas. Distintos sus comienzos, dispares sus necesidades, de gustos y preferencias no siempre coincidentes; no obstante, siempre juntos, salvo raras y especiales ocasiones.

Ella femenina al extremo, él, con su porte erguido, exigía respeto.
Difícil, al entendimiento de todos los que los rodeaban, resultaba esa relación, en momentos increíble, que en más de una oportunidad fue catalogada como errada, pues carecía de toda lógica, al punto que desentonaba con toda la vecindad.


(foto de Internet)

En ello radicaba el comentario general, que, en un principio fue motivo de extrañeza, pasó a burla y terminó ocasionando una total y generalizada envidia.

Nuestra damita, una bellísima canaria de un amarillo suave, casi aterciopelado, falta de compañero de su estirpe, por razones que permanecerán encerradas en el mundo de las incógnitas.

Él, exhaustivo roble ya entrado en años, dueño de una copa rozagante, amplia, que irradiaba protección, sombra y un refugio ante cualquier extraño enemigo amenazador que merodeé por los alrededores, ya sea en dos o cuatro patas, con alas o sin ellas.

Tiempo atrás, en un día gris que se dejaba amedrentar por la carrera desenfrenada de un vendaval próximo, apareció, por primera vez, una pajarilla atormentada, desesperada, en busca de una guarida momentánea, pues reconoció que su frágil cuerpo no sería capaz de soportar tal advenimiento natural.
Al instante, el majestuoso representante de los dueños del bosque, percibió el aletear nervioso de la desdichada, con un rápido movimiento de sus ramas señaló un pequeño hueco en su inmenso tronco, en la parte superior; ella sin siquiera dar las gracias, aceptó y con humildad entró en aquel hoyo oscuro.

Acto seguido, una de las ramas, como dirigida por una mano invisible, cubrió casi por completo dicha abertura, evitando que ráfagas del alterado viento consiguieran perturbar el descanso de la dócil canaria.


(foto de Internet)

La mañana alumbrada por el siempre bien venido sol anunció el cese de la tempestad. La recuperada canaria salió de su escondite, revoloteó hasta detenerse en uno de los múltiples brazos de su protector.
Quiso, a su manera, agradecer la ayuda recibida. Ofreció una canción de trinos que logró conmover a todos los vecinos cercanos.

El viejo roble, cuenta la leyenda, impactado por tal sentimiento, movió todas sus ramas, como muestra de aquella amistad que quedó sellada desde aquel día.

En los siguientes amaneceres se repitieron los suaves y cariñosos conciertos que hablaban de una amistad verdadera.

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beto brom

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lunes, mayo 31, 2010

Sobre rieles

La escena transcurre en un vagón del tren salido de la capital rumbo al interior de la provincia.
Una nueva semana comienza y con ella el acostumbrado recorrido por los pueblitos de tierra adentro; la ocupación de viajante involucra la visita mensual a sus queridos clientes.
La mayoría de los asientos desocupados, en la mitad del vagón una mujer ocupa uno de ellos; esta leyendo un libro. Pensó en sentase frente a ella, pero decidió hacerlo en la fila de al lado, para no molestar.
Unos segundos anteriores a la partida entró un hombre muy apuesto, se detuvo unos metros detrás de la fila en la cual estaban sentados: los miró y como estudiando el ambiente, optó por ubicarse frente a la mujer del libro. Ésta, ni se mosqueo.





El tren se puso en movimiento, un largo viaje le esperaba.
El susodicho miraba por la ventanilla, pero cada tanto giraba la cabeza hacia su compañera fortuita; un brinco ocasionado por un desnivel en las vías, detalle muy conocido por los asiduos viajeros, ocasionó la caída del señalador del libro que sostenía la mujer sobre sus faldas. Tanto ella como el caballero se inclinaron con el fin de levantarlo. Un leve roce entre sus manos, un discreto y fugaz cruce de miradas, fueron mas que suficientes para dar por abierto el dialogo.
-No se moleste, se lo agradezco, Sr...
-Esteban. Por favor, ha sido un placer, Srta...
-Olga Zwagg, muy amable caballero.
-Por lo visto muy interesante el libro.
-¿Porqué lo dice? ¿Lo ha leído?
-Me llamó la atención su lectura, el volver las hojas una y otra vez, como recapacitando, o quizás tratando de descifrar lo escrito. ¿Me equivoco?
-No, por el contrario, lo que si debo reconocer que es una persona muy detallista, y es mas, le confesaré que ha dado en la tecla justa, se trata de un libro de estudio sobre épocas antiguas, costumbres y demás, por lo cual quisiera recordar tal o cual detalle, y no me queda otra que volver y releer sobre dicho punto.
-Si me permite desearía corroborar lo escuchado,¿Su apellido es Zwagg, como el del famoso arquitecto alemán?
-Exacto, y agregaré un dato para complacer su curiosidad, era mi tío, hermano mayor de mi padre, también fallecido. Quiero creer que es Ud. de aquella profesión ¿ tal vez?
-No, no, nada que ver. Soy fotógrafo, actúo en forma libre, trató de ubicar mis tomas en manos del mejor postor. Mi especialidad son los puentes, los admiro, los respeto, tengo cierta afición a ellos, reconozco su fuerza, su austeridad, y considero excepcional su ayuda para unir, acercar y en mas de una oportunidad evitar conflictos.
-Ahora entiendo, mi tío era experto en el diseño de puentes; en cuanto a ellos siempre me resultaron fríos, simplemente un conjunto de hierros y alambres.
- Todo es cuestión de observar, tratar de interpretar, inmiscuirse dentro de aquello que esta frente nuestro, y esto no solo referente a elementos inertes. ¿La aburro con mis raras ideas?
-Me interesa, su punto de vista concuerda con su hincapié en los detalles, me atrevo a pensar que debe poseer un alto grado en el poder del convencimiento, ¿No estoy errada, cierto?
-Quiero interpretar que se refiere a mis relaciones personales, en especial con el sexo opuesto, ¿verdad?
-Por supuesto, un hombre apuesto, elegantemente vestido, modales excelentes, profesional, dueño de un vocabulario amplio, conocedor de mundo con seguridad, todas las puertas se abrirán ante sus deseos o pretensiones, no me equivoco, ¿verdad?
-Sus adjetivos elevan mi ego a un nivel respetable, y es mas al recibirlos de una dama, permitame así considerarla, los catalogo valederos y es un mérito para con mi persona.
-Ha conseguido sonrojarme, no estoy acostumbrada a este tipo de adulaciones, con gusto desearía continuar nuestra charla, con seguridad encontraríamos temas de mutuo interés. En un par de estaciones necesito descender, por lo tanto antes de que se me olvide le dejo mi tarjeta. Si encuentra un lugarcito entre toma y toma, con placer podría permitirme un vistazo a su colección de fotografías, ¿Las expone en algún lugar?
-No en una galería determinada, pero si en mi estudio fotográfico, situado en pleno centro de la city; esta es mi tarjeta con los datos. Seria una verdadera ocasión para charlar y quizás entablar una amistad, ¿Le parece la idea? Sabe que, no me conteste, permitase sorprenderme, siento intriga por las sorpresas.
-De acuerdo, acepto la consigna, eso si, no le prometo que será pronto. Me explicaré: el próximo mes viajo, con un grupo de compañeros y nuestro profesor a Grecia, será un viaje de estudios patrocinado por la Universidad de Atenas, con la finalidad de fomentar el intercambio cultural y científico entre nuestros países. Le comento que el año pasado recibimos aquí a un grupo similar de aquel país. Fue algo extraordinario, trajeron trabajos, los comentamos, agregamos nuestras opiniones, miramos decenas de fotos y diapositivas, fue un hermosa y productiva experiencia. Espero que nuestra visita resulte tan fructífera como aquella.
En ello estoy trabajando en estos días, me refiero al libro que estoy analizando, comparando detalles, con el fin de complementar nuestro trabajo que realizo en conjunto con mis colegas.
-Estuve trabajando en Atenas, durante algunos meses. Quedé impresionado por sus monumentos, edificios antiguos, reliquias, y las ruinas,¡oh,las ruinas! En especial me dediqué a mi rubro, los puentes, pero mi atención fue ocupada, reconozco, por las estatuas, dicho sea de paso, muy bien conservadas, de las cuales obtuve unas decenas de tomas. Mi encanto fue tal, que inclusive compaginé un álbum con ellas, lo titulé "El pasado".
Con gusto podría facilitárselo para que le eche un vistazo. Eso si, con una condición: deberá dar su palabra que lo devolverá.¿Se anima?
-Que persona especial resultó.¿Cómo se le ocurre, siquiera pensar, tal atrevimiento de mi parte? Su delicado humor me tomó desprevenida, siento quizás un poco de miedo...
-¿Miedo? ¿De mi? No por favor, buena moza, soy la persona más inútil en lo se refiere a molestar, ofender o mal tratar a un semejante...
-Bueno, bueno, calmese, traté de equiparar su talento humorístico; por lo visto excedí la cuenta, ¿verdad?
-No, al contrario, apruebo las personas sabedoras de reaccionar en forma casi instantánea como lo ha hecho, me gusta su estilo de conversación, el cual no coincide, si se permite, con su fisonomía externa...
-Creo que el caballero se permite atribuciones que lindan lo personal y ...
-Mis dsculpas, srta. no creí en ningún momento que mis palabras causarían tal reacción de su parte. Es más, no quise ni pretendo inmiscuir en su vida. Considero que mis palabras fueron interpretadas en forma errada, posee todo su derecho en exigir mis disculpas. Lo reitero: tenga a bien aceptar mi sincero perdón.
-El sencillo hecho de acceder a entablar conversación con Ud. no le otorga ninguna clase de opción para extralimitarse a tal grado y opinar sobre mi persona, mi vestimenta, y...es mas, lo considero como una falta de respeto. Le suplico, tenga a bien abandonar su asiento, caso contrario, recurriré al inspector para que se ocupe de mi pedido.




El susodicho no atinó a emitir vocablo. Al instante se puso de pie, saludó y salió del vagón muy de prisa.
La ofuscada damita, quisquillosa en demasía, a entender del corredor, miró la tarjeta del fotógrafo, la hizo una pelotita, y la arrojó al cesto de los desperdicios. Acomodó un poco sus cabellos, abrió el libro, y volvió a su interrumpida lectura.

El corredor de comercio sintió una improvista intención de entablar conversación con la susodicha pasajera...en el último momento desechó el intento.-Dejemoslo así-Se dejo para sus adentros.

Decidió salir a la baranda de los fumadores; entre los viciosos encontró al "atrevido" fotógrafo. Se acercó y cigarrillo en mano solicitó del susodicho fuego.
-Si, como no, por favor...
-Muy amable,¿Viaja lejos?
-Mas o menos, unas cuantas estaciones, ¿Y usted?
-Solo otras dos, por suerte, mi trabajo no me da descanso.
-Seré curioso, ¿A que se dedica? Si no le incomoda mi pregunta, por supuesto...
-No, faltaría mas, soy viajante, trato de vender hierros, largos y fríos; en esta zona abundan las empresas constructoras, varias de ellas figuran en mi cartera de clientes.
-¿Hierros, dijo?¿Qué clase?
-Vigas inmensas, de esas utilizables en las construcciones de puentes, y además todo lo concerniente,
¿Por qué lo pregunta, también Ud. es del ramo?
-No, nada de eso, sencillamente lo consulto pues me dedico a la fotografía, es mi profesión, y en ello me ocupo ya un par de años.

El viajante de comercio dedujo que no había sido reconocido y por lo tanto era obvio que su interlocutor ignoraba que su conversación, con el final nada agradable, mantenida con la mujercilla del libro. No obstante, para estar completamente seguro, insinuó:
-¿Fotógrafo de casamientos, fiestas, esas cosas?
-No, por favor, le explicaré, mi especialidad son los puentes,con el correr de los años desarrollé una especie de atracción frente a esas moles de hierros, trabajados y manipulados, que se convierten en obras magnificas que tanta utilidad ofrecen al hombre y a la comunidad.
-Nunca pensé en tal forma, y si le sigo la corriente creeré que mi trabajo no es nada inútil y también yo participo en dichas obras de bien para el mundo todo. ¿Que le parece, compadre?
-Esta en lo cierto, con su trabajo contribuye, sin lugar a dudas,junto a los demás trabajadores, a lograr llevar a cabo tales construcciones. Es más puede sentirse orgulloso de la tarea que realiza.
-Ha sido un placer esta charla, deberíamos encontrarnos y me gustaría ver sus fotografías,¿Puede ser?
-Con mucho gusto, aquí le doy mi tarjeta con la dirección y teléfono, cuando le sea cómodo pase y le mostraré mis tomas.

Bajó en la estación "El viejo almacén". El tren reanudó la marcha. Levantó la vista y reconoció a la "damita del libro" ensimismada en la lectura. A pocos metros, su nuevo amigo el fotógrafo, exhalando su humo de grandeza.
¡Qué interesante el trabajo del viajante! Murmuró para sus adentros.

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BETO BROM

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miércoles, abril 14, 2010

Caminatas matinales







Ella salió corriendo delante mio, como siempre, rumbo al montecito que comenzaba a pocos metros de casa. Eran pasadas las 6, el sol ya había comenzado su labor, pero por lo visto no con muchas ganas, aquí y allí pícaras nubecillas conseguían entorpecer el camino hacia nuestro pequeño mundo. Estaba un poco fresco pero con la caminata entraría en calor. Estas caminatas matinales tenían una doble finalidad, para Zina, mí perra, eran indispensables,y,para mí,saludables.

Zina, con sus tres años recién cumplidos, había llegado a su máxima estatura: 70cm.; sus 38 kilitos no le molestaban para subir y bajar entre los arbustos y piedras cuando se sentía en completa libertad. Pertenece a la raza ° akita °, oriunda del Japón; es hija y nieta de campeones; resulta interesante leer su certificado de Pedigreé, pues los nombres de sus abuelos, maternos y paternos, son difíciles de pronunciar.

Cuentan en los escritos sobre la historia de esta raza, que en tiempos pasados, se los utilizaban en dos clases de trabajos bien definidos: uno era el cuidado de los niños, a los cuales se los dejaban en las casas, cuando los padres salían por las mañanas a trabajar el campo, bajo la custodia de un par de estos guardianes; el otro era salir acompañando al cazador de osos; caminaban delante de él buscando la presa, al encontrar al buscado ejemplar se dividían y avanzaban uno a cada lado del susodicho, mientras uno realizaba toda clase de piruetas para distraerlo el otro lentamente se acercaba y en el momento preciso saltaba directamente al cuello, cerraba su quijada y lo mantenía inactivo hasta la llegada del cazador.

El sol no conseguía templar la mañana, la brisa que llegaba esquivando los arbustos, mantenía la sensación térmica en unos pocos grados encima del cero.

Esas eran las mañanas de mi preferencia. La visibilidad era casi insuperable, permitiendo extender la visión hacia mucho más allá de donde terminaba la reserva natural. La montaña vecina parecía una gran mesa preparada para albergar a un centenar de comensales, la razón de esta comparación provenía, seguramente, de los olores y aromas que llenaban todo el ambiente. Los yuyos, hierbas, árboles, arbustos esparcidos por doquier, la naturaleza estaba entonces en su apogeo, todos sus exponentes habían dicho en aquel momento: ¡presente!

Una bandada de teros apareció de sorpresa, quizás estaban esperándonos. Dieron una y otra vuelta sobre nuestras cabezas y luego aterrizaron a escasos metros, un poco después de la rocas apiladas que separaban el terreno en amplias terrazas; muy posible que aquellas rocas estaban allí desde la época de los romanos o quizás antes.
Me senté en mi piedra preferida y acostumbrada. Noté algo interesante, a derecha e izquierda del grupo, a unos 10 o 15 metros de cada lado se apostaron dos de ellos, centinelas tal vez, auscultando el cielo como previniendo algo. Al rato, uno de ellos, el de la izquierda, levantó repentinamente vuelo, haciendo un ruido estruendoso con un tiriqueteo infernal, a los segundos todos hicieron lo propio como respondiendo al unísono la llamada de atención.
Al aparecer el dúo de cuervos, nuestros amigos ya estaban a varios cientos de metros allí en el cielo. La yunta descendió para posarse exactamente donde hacía unos segundos estuvieron los teros. Husmearon, olfatearon y al no encontrar nada interesante, levantaron campamento y así como aparecieron así desaparecieron, quizás a causa de los amagos de poca simpatía que les brindo Zina, quien aparentando un poco de orgullo, dio vuelta su cabeza y me mostró, así me pareció, una sonrisa de triunfo.

El tiempo, amigo y a veces enemigo, no se detenía, mirando el reloj decidí la vuelta. Así lo hice saber a mi compañera, lentamente gozando de cada instante, comenzamos la retirada.

Allí quedó ella, la naturaleza, junto a todos sus componentes. Allí aguardará hasta el día siguiente, para nuevamente reencontrarnos y pasar una hora amena.

Hasta entonces.

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Beto Brom
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sábado, octubre 10, 2009

Otoño de un pasado primaveral


Cielo gris como telón viviente se despliega ante las apenas entornadas pupilas del abandonado cuerpo, del ayer hombre de familia.
Cartones apilados, mísero colchón para noches sin final.
Su raquítico esqueleto no obstante logró enderezarlo, la necesidad obliga murmuró a sus adentros, -muy cierto, levántate ya- escuchó sermonear a su otro yo.
Inclusive el pliego de los cartones para esconderlos detrás de la maleza, requirió un trabajoso esfuerzo. A pasos lentos encaminó su figura, pues ello era, solo una figura caminando por el parque; pocos visitantes restaban a esas horas tardías de la tarde que desvanecía en semejanza a su persona.

Optó llegar hasta los grandes almacenes; entre el concurrido público pasaría inadvertido. Un detalle fortuito prestó una quizás sonrisa, se trataba de una campera de excelente tela y marca, por lo visto al examinarla; algún joven apurado o tal vez un viejo distraído, la olvidaron sobre uno de los bancos que adornaban el camino de salida del parque.
Su aspecto exterior, ese que la sociedad ve y en base a ello reacciona, estaría solucionado. Resultaría mas fácil entremeterse entre la gente con la finalidad de pescar algún descuido que le resulte útil.

Un grupo de estudiantes revoltosos con ansias demostrativas de libertad excesiva interceptó la entrada principal del supermercado. Habían decidido llamar la atención y comenzaron a bailar al compás de una ruidosa música proveniente de un inmenso aparato móvil que manejaba uno de ellos.
Entre un par de uniformados agentes del orden y una decena de visitantes al establecimiento trataron de persuadir a los exaltados jovenzuelos la necesidad de abandonar el lugar pues obstruían el acceso y salida del público.
Dicho incidente fue más que suficiente para ser aprovechado por el disfrazado hombre de la campera de cuero para entrar sin siquiera ser revisado como se acostumbra en los últimos tiempos en las entradas de lugares públicos.

Ya dentro y provisto del correspondiente changuito comenzó a deambular por las distintas secciones en busca de una posible presa.
En el departamento de los embutidos llamó su atención una pareja de edad avanzada que, por lo visto, no se decidía frente a cierto escaparate;
ponían y sacaban de su carrito de las compras como si de un juego se trataba. Lleno de seguridad se acercó preguntando en que podría ayudarlos; estos, creyendo que el atento señor era empleado de la casa, consultaron pidiendo consejo en cuanto a los productos y en que cantidad como para agasajar a unas diez personas en su casa.
Con una ligereza sin igual, el simpático servidor,fue acomodando los diferentes alimentos, en base a su gusto, en el carrito de los clientes. Los agradecidos clientes se dejaron acompañar por el servicial "supuesto dependiente" a las cajas, sin examinar que y cuanto había sido depositado en el changuito.
Una vez allí el mismo pseudo-dependiente colocó lo elegido sobre la mesa de la cajera, y se retiró dirigiéndose a la salida del supermercado.

A los pocos minutos aparecieron los clientes y el entrometido se ofreció acompañarlos hasta el vehículo particular de ellos. Una vez allí comenzó a depositar la mercadería dentro del baúl trasero; mientras el cliente ayudaba a su señora ubicarse en el asiento del coche, las rápidas manos del "empleado" depositan varios productos en el pavimento debajo del automóvil. Finalizada la labor, cerró la puerta del compartimiento, y acercándose a la pareja se despidió invitándolos a seguir concurriendo al establecimiento en sus próximas compras.
Segundos después de la partida, solo restó recoger el botín y en forma lenta desaparecer del lugar.

Llegó a su guarida y esa noche recordó, aunque con dolor, su vida anterior y lejana. Los recuerdos volvieron uno a uno, como si respetaran un prefijado orden de aparición.

Su casa enorme le resultó hermosa, prolija, llena de luz y acogedora. Los gritos de chicos, sus hijos, por suerte no le molestaron, el perro juguetón continuaba con sus jugarretas aunque no resultaban insoportables. El aroma de las flores del jardín colmó su desarrollado olfato. Un olor impregnado de salsa hogareña llegó proveniente, sin lugar a dudas, de la cocina de Esther su queridita mujer.
La oficina, el personal, el ventanal con vista al río, fueron deslizando como viajeros en una cinta transportadora.

Dejó de pensar, de un brinco volvió a su actual presente. Una pareja acercaba pasos en su dirección. Se tiró sobre el banco utilizando su bolsa como almohada. Cerró los ojos. Con seguridad los enamorados buscarían otro lugar para confesar sus sentimientos. Lo logró.

Mañana un nuevo día, por desgracia, amanecerá. Ellos empiezan y terminan sin realizar consulta alguna; el mundo corre su carrera.

Las personas, como marionetas, hacen y deshacen los hilillos que las mantienen en continuo movimiento, permitiendo sus lloridos, exclamaciones y defraudes, dándoles la posibilidad de convertirse en irrompibles al igual que el sol que ilumina el concurrido escenario.
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@Beto Brom



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martes, agosto 11, 2009

Palomas blancas




Las miradas de los turistas convergieron en el campanario. Dos inmensas y relucientes campanas cumplieron su cometido. El sonido típico se dejó escuchar. Un golpeteo tras otro revelaron la hora: las 11 de la mañana. Los visitantes prepararon sus máquinas fotográficas y filmadoras. Todo estaba pronto. Las palomas aparecieron.

De la nada. De todos lados una blancura inmaculada cubrió el cielo como una inmensa nube de algodón.
El rito nuevamente se cumplía: 11 de noviembre, 11 de la mañana. Así contaba la leyenda, que pasaba de padres a hijos, ya cientos de años, ¿Quien sabe? quizás más.

A simple vista parecería un espejismo, producto de un delirio general. Estado de trance influenciado por un candente deseo de que aquello ocurriese.
Varios expertos en psicosis de masa estudiaron el fenómeno, sin llegar a resultados concretos, que pudieran o pudiesen ofrecer siquiera una mísera pista a tal incógnita.
Los turistas atraídos por los comentarios, llegaban por cientos. Desde tempranas horas ya llenaban las calles del pequeño pueblo. Los comerciantes del lugar se preparaban con varios días de anticipación para ofrecer sus mercancías y sacar buen provecho del ya famoso: "Día de las Palomas"

Entre las decenas de ornitólogos que dejaron sus pisadas por todo rincón posible, en busca de indicios que ayuden a descifrar el enigma, sobresalió un hombre joven, redondeando los cuarenta, acompañado por un perro de aguas; se instaló en el único hotel del pueblo, abonó la paga de un mes por adelantado y allí comenzó la historia que un día daría, con seguridad, que hablar en el pueblo y en la comarca toda, dando un toque de modernismo a la anciana leyenda, realzando la existencia del pueblo que a penas significa un puntito en el mapa de la zona.

"Profesor de las palomas", fue el apodo que le otorgaron los pueblerinos a nuestro experto colombófilo.
Como punto inicial, era primordial precisar la casta a la cual pertenecían dichas palomas.
Anotó en sus carpetas:

Variedad: de toca o monjil.
Color: regularmente blanco.
Medidas: desde el pico al extremo de la cola> 36cm. y 70 de envergadura.
Particularidad: sobre la cabeza una porción de plumas largas que caen por los lados.
Hábitat: anida tanto en los montes como en las torres de las poblaciones.

Todas las mañanas, acompañado de su fiel amigo, el dúo partía en caminatas hacia las afueras del pueblo. El canino siempre delante, husmeando todo lo que se presentaba frente al hocico. El investigador se detenía ante todo arbusto, planta u árbol, anotaba, y proseguían en el camino. Pretendía una explicación, el porqué de la atracción de las palomas hacia aquél lugar. ¿Qué motivo estaba encerrado en aquella particular zona? ¿Porqué llegaban allí al mismo tiempo, quien sabe desde qué distancias?

Durante las tardes concurría a los bares. Cada día a otro, se mezclaba entre los vecinos, tomaba una copa, charlaba con u otro de los parroquianos.
Cierto día recibió un dato que con certeza lo ayudaría. A las afueras del vecindario, unas cuantas decenas de metros de la salida norte, comenzaba una zona en la que la vegetación era muy espesa, abundaban inmensos y añejos árboles. Allí dentro no muy lejos se encontraba la cabaña de Don Sacarías. Ermitaño, que su afán y amor a las palomas lo obligaron a distanciarse del resto de la pobladores. Era un palomero propiamente dicho, así lo catalogaron los vecinos del pueblo.

Consultó con el comisario local sobre dicho hombre. El hecho de optar por mantenerse distanciado del resto, explicó el agente, lo convirtió en un renegado, agregó además, que no faltan los que lo califican como descarriado.

DinDon, el perro del "profesor" se adelantó por el camino que penetraba en el bosque. Un centenar de palomas revolotearon sobre los inesperados visitantes.
Un hombre de elevada estatura apareció en la entrada de algo semejante a un refugio montañoso. Saludó, elevando su mano.
En pocas palabras el visitante lo hizo participe de la razón de su llegada hasta allí.

-El motivo de la llegada de las palomas no es ningún misterio- Afirmó el palomero.
-Nadie conoce la causa. Entendidos en la materia realizaron estudios, visitaron el pueblo y la zona sin llegar a permitirse una idea somera sobre el enigma- Agregó el asombrado investigador.

Sentados en una hamaca bastante rudimentaria, amarrando unos considerables vasos de cerveza, entablaron una larga conversación sobre vida y costumbres de aquellas que vuelan. Significan para uno su vida y para el otro su profesión.

-Nuestras amigas- continuó su relato el viejo solitario- Tienen devoción por ciertos árboles que, creo, sólo existen en ésta región. Ellos dan un fruto muy dulce que las embriaga a tal punto que aprovechan para los filtreos y otras ceremonias, previas a la unión natural que asegurará la continuación de la especie.
-¡¡Así de sencillo!! exclamó estupefacto nuestro "profesor".
-Con respecto a la fecha, en las primeras semanas de Noviembre dichos frutos se abren y ello dura exactamente 24 horas- y agregó- No me pregunte la causa, ello no lo sé- agregó el palomero casi disculpándose.

De regreso al hotel, el joven investigador, no obstante faltaban unos días para cumplirse el mes de su estadía, preparó sus maletas y agradeciendo los servicios prestados se retiró del establecimiento.
Tenía deseos de entrar a uno de los bares para relatar lo descubierto allí en el bosque en boca del ermitaño palomero. Optó por callarse y guardar el secreto.

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Beto Brom


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lunes, junio 08, 2009

Altos decibelos del silencio




El telón permanecía abierto.

La minúscula utilería mostraba una sala de casa de familia, un sofá grande con unos almohadones, a sus costados dos lámparas de pie encendidas, una mesa ratonera larga frente a él, repleta de vasos, copas y platos apilados; a simple vista usados, a entender por las botellas vacías en número no despreciable.

En el medio del predio una enorme mesa de madera antigua, las sillas que constituían el juego, desalineadas como después de una reunión, fiesta o evento similar.
Una pila de diarios, destacaba su presencia, al igual que decenas de libros desparramados sobre la impactante mesa.
En un rincón un tanto alejado un pequeño sillón, como abandonado, de color rojo fuego; no obstante su lejanía del centro del escenario, invitaba las miradas de los espectadores sentados a la espera del comienzo de la representación teatral.
A juzgar por los cuadros colgados en la pared del fondo, los dueños de casa, gustaban de motivos campestres, naturaleza resaltada en colores y matices que otorgaban una sensación de calma, que parecería interrumpida por el desorden reinante en dicha habitación.

No se escuchaba música ambiental, propia de puestas en escena acostumbradas; el silencio ocupaba forzosamente los sentidos, en especial los auditivos, del público, resultando como un grito de atención frente a lo que allí ocurriría.

La puerta, situada en la parte izquierda del escenario, pegada a lo que pareciera una pieza contigua, se abrió y un hombre entrado en años pasó sin cerrarla, se dirigió al sillón rojo, y mientras sacaba de uno de los bolsillos de su abrigada campera unos papeles, tomó asiento como desplomándose en el.

Una luz amarillenta alumbró aquella parte de la escena.

Montó frente a sus ojos un par de anteojos que le colgaban del cuello, y dio a entender que leía lo escrito en dichos papeles.

Transcurrieron ciertos minutos, que parecieron largos, mas nuestro señor, por lo visto absorto sobre manera en la lectura, solo atinó a reacomodar sus lentes, cambiar de posición y acercar la pequeña lamparilla sostenida de la pared cercana al sillón.

Dejó de leer, se levantó, por lo visto en la expresión de su cara, malhumorado, se acercó a la mesa del centro, revolvió entre los diarios, tomó uno y retornó a su sillón.


En una mano las hojas del diario seleccionado, y en la otra los susodichos papeles continuaron ocupando en forma intensiva al nervioso personaje a decir por la fruncidas del ceño, y la tensión de su cuerpo fácilmente notoria desde la platea.

A los escasos segundos, por lo apreciado, llegó a un punto crítico, importante de la lectura, que le ocasionaron un notable trastorno, produjeron un temblor en todo el cuerpo, arrojó con furia papeles y diario al aire; a pasos acelerados salió de escena atravesando la puerta abierta, por donde hizo su aparición.

Se escuchó un golpe de puerta, ruido de una caída de algo al suelo, otro golpe de otra puerta cerrarse con mucha fuerza, a entender por el estruendo escuchado.
Nuevamente pasos enérgicos. Apareció con los ojos, podría decirse fuera de sus órbitas, en una mano portaba un revolver, la lectura descalabró aparentemente su estado anímico, vociferaba con la boca cerrada.

Levantó en forma agresiva los papeles diseminados por el piso, con su mano libre, los metió dentro de uno de sus bolsillos. Paso seguido pisoteó la hoja del diario; estaba fuera de si, caminó hacia un lado, dio unos pasos, volvió al sillón, se sentó y volvió a pararse, sus nervios exaltados no le permitían controlarse.
Miró sin ver a su alrededor, parecería dispuesto a tomar decisión sobre su accionar. Se acercó casi al límite del escenario, frente al público auscultó uno a uno, como buscando ayuda, sus facciones eran duras, un cierto sudor fue perceptible en su rostro.

Mas de uno de los espectadores, aterrados por el desenvolvimiento de la trama, quizás se ofrecerían a dar una mano al desesperado, pero nadie atinó siquiera a moverse.
Éste, levantó frente a si el arma empuñada, la miró con extrañeza, sin comprender el significado de su existencia, acercó su otra mano como ayuda para sostener aquel raro artefacto. Era con seguridad el momento crítico.
El silencio fue en aumento, era posible escuchar los latidos apresurados del corazón de aquel sujeto, sus ojos perdieron luminosidad, un leve carraspeo quiso romper el silencio reinante.
Todos esperaban un desenlace ya próximo, la tensión en la sala era escalofriante, una ráfaga helada cubrió el ambiente; el descarriado optó por volver sobre sus pasos dirigiéndose a la pieza continua. La puerta se cerró.

Un susurro de un parlante quiso llamar la atención del público clavado en sus asientos.Una suave voz de mujer se dejo oír, por intermedio de parlantes, en toda la sala del teatro:

*Mi triste corazón no me permite continuar llevando esta vida doble. Siempre te querré, de ello no hay duda, has sido para mi, un todo, y quizás más. No te arrepientas de haberme querido, no te ofrecí posibilidad distinta. Lo que por mi has hecho no tiene recompensa. Tu amor sincero, aceptó todas las inclemencias del tiempo a mi lado. Soy culpable, sin serlo, me obligo a sufrir sin merecerlo. Tu dimensión es comparable al vuelo de la paloma de la Paz, aquella que busca eternamente llegar a tierra firme. Mis costas no son buenas, las arenas están pisoteadas por huellas extrañas. Olvidar no puedes, amarme es fuera de tu alcance. Mi pensamiento vuela sin cesar, como un sentimiento en un camino errado. No me esperes, yo continuo aguardando tu llegada*

Se escuchó un ensordecedor ruido, típico de un disparo de arma de fuego, las paredes del teatro no pudieron sostener el impacto, la acústica del techo refutó en los tímpanos de los espectadores. Más de uno saltó en su butaca, hubo quienes exclamaron un gritillo de susto…
Lentamente fue cayendo el telón.

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@Beto Brom

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lunes, marzo 23, 2009

Uno de esos días

...y de pronto cayó la tarde, llegaron esas horas que no se sabe a ciencia cierta a quienes pertenecen, el sol no mira hacia atrás, no sabe ni conoce de su existencia, su labor ha finalizado, va en marcha hacia otro día. .. la noche, como la del estreno, ocupada en sus últimos detalles, su función en momentos dará comienzo. . .

Ella aguarda sumida en sus pensamientos, la intriga superó en aquellos instantes a su desechada curiosidad, una vez más la pregunta revolotea, no es capaz de saciar su desenfreno, él prometió, ¿cumplirá?

Las farolas expanden su luz sin consideración, incluso los rincones, guarida de las sombras, muestran su desconcierto, ¡que descaro! gritan en su silencio, rezagados pajarillos desesperan en busca del refugio nocturno, el cielo rojizo no escatima esfuerzos, el escenario natural de las entrevistas pronto a cumplir su cometido.

Él se encamina a paso acelerado, el primer encuentro es el que cuenta, según consejos de amigos expertos en la materia.
Ansiedad en demasía, le resulta dificultoso respirar, con seguridad ella impaciente por su tardanza resolvió retroceder en su decisión. Apretó el paso.

La glorieta pareciera cubierta por un manto de rocío tempranero, en un costado la silueta de ella se dibujó adquiriendo un color púrpura, quizás a semejanza de los latidos de su corazón.
No hubo sorpresas ni exclamación alguna, la unión de sus manos sellaron aquel compromiso mantenido en secreto tan largo tiempo.

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@beto
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domingo, noviembre 09, 2008

El llanto del payaso







Abrió la puerta del carromato. Descendió los cuatro escalones de la diminuta escalerilla.

Era la hora establecida que debía presentarse en el centro de la arena del Gran Circo; su circo desde hace muchísimos años, de cuando era chico y actuaba a la sombra de su padre, oh! que recuerdos.


Ya faltaban pocos minutos para su actuación del día. Su congoja era casi doliente, la tristeza lo carcomía interiormente, pero...la función debe continuar.
Levantó la mirada bien alto, observó el firmamento, unas pocas pero inmensas nubes copaban casi todo el cielo. Respiró hondo, exhaló todo el aire posible, y entró en la carpa.


A pasos grotescos y rápidos se fue acercando al centro de la pista. La ovación del público no se dejó esperar, lo conocían y apreciaban; los chicos y sus padres, los nietos y sus abuelos, sus compañeros de la compañía circense, en fin, todos los presentes se unieron en un solo y caluroso aplauso.


No era su primera actuación, ni la segunda. En verdad no recuerda otra cosa que no sea el circo. Con sus ropas de payaso, ese personaje que hace morisquetas, de ademanes cómicos, que camina con sus grandes zapatones, su gorra de pico fosforescente, la cara blanca, con esos ojos que siempre reflejan una triste alegría o una alegre tristeza, depende de quien los mira.


Pero ése día era especial. Ése día quedaría grabado en su corazón, mejor dicho clavado en su corazón.
Él dolor tan profundo que marcaría una señal, un dolor que se convertiría en una cicatriz inmensa.


Su mejor amiga, como él la llamaba ° mi sombra ° había cerrado sus pequeños ojitos, y esta vez para siempre.
° mi sombra ° era una simpática perrita que nació en el carromato, propiamente debajo de su cama; allí creció, durmió, allí pasaba las noches, siempre debajo de su amigo. Nunca separaron, nunca, ni en los momentos de la actuación. Ella lo esperaba en el costado de la pista, frente la entrada de artistas, y desde allí, sentadita, escuchaba las risas, los aplausos y las exclamaciones de alegría y de júbilo.
Luego se paraba, al salir el famoso payaso, y juntos caminaban el corto trecho hacia el carromato, su casa. Comían, conversaban, y los días pasaban.


Hasta hoy a la mañana. Nuestro payaso despertó, se levantó. Al no verla paradita al lado de la cama se asombró e inclinándose miró debajo, y allí estaba, durmiendo sobre su almohadón rojo, tranquila y pasiva.
Le costó unos minutos recapacitar. Era todo muy raro y silencioso.


Durante todo el día estuvo acostado. La mente en blanco, el pensamiento anclado, el pulso casi ínfimo.
Y la noche llegó. Se vistió, se puso su disfraz. Todos querían ver su cara.


Y una vez más se las mostró.
Esa noche, fue la que más lo aplaudieron. Una y otra vez lo obligaron a repetir cada uno de sus números de su intenso repertorio, y los aplausos no se terminaban.

Si, era verdad. Ésa fue su mejor noche, pues la dedicó a ° mi sombra °. Como broche de oro a la relación truncada, luego de tantos años de unión.
Esa fue la noche en que el llanto del payaso ocasionó mas risas que nunca.

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@Beto Brom

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jueves, noviembre 06, 2008

Hablar con las estrellas







-abuelo, ¿cuantas estrellas hay en el cielo?


-millones, mi nena, muchos millones.


-¿y...para qué hay tantas?


-cada una pertenece a otra persona, como hay millones de personas es necesario que haya suficiente para todos.


-ah!...ahora entiendo.


-abuelito, ¿y para qué las personas quieren una estrella, si no la pueden tocar?


-no necesitan tocarla. cada uno tiene su estrella, la mira y a veces ella lo mira a uno. son amigos, ¿entendés?


-si y no. y decime abuelo ¿yo también soy persona?


-por supuesto, mi corazón, sos una perfecta personita.


-entonces... ¡yo también tengo una estrella!


-claro, qué pregunta, todos tenemos nuestra estrella.


-¿y cómo la encuentro, cómo se cual es la mía. mira el cielo, todas son iguales.


-las estrellas son muy inteligentes. cuando busques la tuya, tenés que estar solita, mira el cielo y empieza a buscarla. despacito, despacito, ella te reconocerá y te guiñara el ojito. sólo vos lo notarás, nadie más. ¿sabes por qué?


-no...


-porque es tuya, sólo tuya, y es más...


-espera abuelito, espera, si yo le hablo y ella no me entiende ¿ cómo me va ha contestar?


-muy simple, como entre amigos, ¿entendes?


-no sé, porque con mi amiguita Mecha hablamos, nos contestamos, nos contamos cosas y nos divertimos mucho. ahora con mi estrella yo le puedo hablar pero está tan lejos...no estoy segura que me escuchará, y hablarme menos, ¿no es cierto? yo creo que las estrellas no hablan¿qué pensás abuelito?


-bueno, escucha,¿no te pasó, alguna vez, que sin hablar, tu amiguita igual te entendió?


-si, es verdad, muchas veces no necesitamos hablar, nos entendemos con los ojos, ¿eso queres decir?


-exacto, justamente así. te podrás comunicar con tu estrella, entenderte con sólo mirarla; pensá lo que decir y ella te comprenderá, y si fuera necesario te ayudará.


-abuelito, cuando yo hable con mi estrella, ¿también podré seguir hablando con vos?





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@Beto Brom

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martes, septiembre 30, 2008

Al final...el mar








Su nombre conocido, Mar Rojo, quizás a causa de reminiscencias históricas, climáticas o regionales.



Sus tranquilas aguas, pasean en un libre albedrío entre las costas que lo albergan.
El color turquesa embriaga, invita a la contemplación, en especial a la reflexión.

Se aconseja perder la vista allí, en el cercano horizonte, dar rienda suelta a la imaginación.

La infinidad de peces de múltiples matices diseñados con maestría suprema por la madre natura, permiten al pensamiento corretear, como ellos, en la búsqueda de un granillo de alimento, los sentimientos, capaces de menguar las necesidades propicias para lograr la subsistencia.

Bajas olas, golpean sin cesar los peñascos bañados, llegando a la orilla; toman un breve descanso y retornan para tener un donde volver.

Allí arriba, el padre Sol, observa la actividad; con su fuerza eterna contribuye en el desarrollo de la continuidad.


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@beto
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sábado, agosto 23, 2008

El ciervo y yo













Cerremos los ojos. No es fácil, pero por favor tratemos de hacerlo, no es imposible.

Cerremos los ojos y pensemos en el color verde. Sí, sólo pensemos en el color verde. Imaginémonos un mundo verde claro, suave.
Escucharemos seguramente una agradable música, no sabremos distinguirla, pero seguro que es abrazadora, llevadera.
A lo lejos aparecen pájaros con sus trinares, comienza a soplar una suave brisa, viene desde el mar, ese mar azul que a lo lejos se confunde con el cielo alto y lejano.

Camino por un sendero alfombrado de flores de variados colores. No veo el final, pues cada tanto hay pequeñas curvas y los árboles a los costados me impiden ver a donde llegaré.Y sigo caminando y no me canso. Me siento bien, realmente bien, sano feliz y contento.
¿Contento? ¿ Porqué?..¿Y porqué no?
De pronto me percato de que estoy sólo. Miro para atras y no veo nada. Miro para adelante, suspiro profundamente y sin pensar exclamo: ¡Que lindo ! Estoy bien ... Pero estoy solo.....

Siempre creí que no es lindo estar solo. No es aconsejable. Da que pensar el no tener amigos, no tener compañia, el no tener con quien hablar, con quien compartir, a quien amar.

Sigo caminando y de pronto sin haberme dado cuenta, sin haberlo visto desde lejos, el camino se bifurca. Miro para este lado y se ve un camino igual al transcurrido, apasible, suave como si diría:-- vení atravesame--
Miro al otro lado y veo lo mismo, otro camino, casi sin ninguna diferencia, me paro y espero.
No sé cuanto tiempo pasa. Quizas me adormezco, quizas no. No sé.
Y como si alguien me llevase, como un niño de la mano, empiezo nuevamente a caminar, dirigiendome al camino de la izquierda, no se me ocurre mirar hacia atras.

Al poco tiempo cuando lo hago, sin darme cuenta, pues sigo con la vista a una bandada de pájaros, ya no me es posible distinguir el cruce y por supuesto el otro camino.

Pasan las horas, quizas días. Sigo caminando. No como y no tengo hambre. No tomo y tampoco tengo sed. No estoy cansado, no obstante no haber dormido. No siento nada, pero me siento bien. No sé donde estoy, pero me siento yo. Estoy tranquilo, no quiero nada, no necesito nada.

A lo lejos, un ciervo, bien entrado en años, a juzgar por sus enormes cuernos marrón oscuro, casi negros, me mira sin moverse. A medida que me acerco, su mirada directa a mis ojos, no se aparta de ellos. Ya no son más que unos pocos metros los que nos separan. Aprecio un magnifico ejemplar orgullo de su raza.
A los dos o tres metros, me paro, ¡no se lo que hacer! Él sigue clavando su mirada en la mía, como si quisiera observarme por dentro. Oh! si !!
Eso es lo que siento, me esta estudiando, recorriendo por dentro, lo siento en mi pecho, en mi cerebro, dentro de mí, rara sensación, pero no me molesta. Me dejo inspeccionar.
No sé cuanto dura esto. No importa. Cuando sentí que su labor había finalizado, desapareció de la misma forma en que apareció. No obstante no me asombré, lo tomé como algo natural que debería ocurrir.

Tuve la necesidad de descansar. Me senté apoyándome en un hermoso árbol.
Miro el camino con sus flores, escucho los cantos de los pájaros.
Elevo la vista y lo veo, o creo que lo veo. Allí está el ciervo. Mi ciervo, junto a todo su rebaño, entre las nubes, de espaldas al sol .

Creo que me dormí. No sé, aún no me desperté.

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@beto
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viernes, mayo 25, 2007

Altos pensamientos







No es mi costumbre soñar, mejor dicho : no es común en mi recordar.
En un rincón de mi memoria , no obstante, quedó grabado el día que subí al cielo. No entendí el porqué, entonces y menos hoy en día.

...estaba muy cansado. Salí de parranda con los muchachos; casi deshecho llegue de regreso a casa, me tiré en la cama y...

Subía y subía... No se distinguía nada. El camino largo y vacío, cada tanto se abrían otros a sus costados. Continué en el principal. La luz fue en aumento. Comencé a escuchar una melodía desconocida; rara pero interesante.

De pronto una puerta cerrada, la traspasé. Había mucha gente, todos me saludaron. me dieron la bienvenida.
Al principio no me sentí cómodo, mas la amabilidad de los allí reunidos, su forma de hablar, de relacionarse, en forma lenta me ofrecieron la sensación de un placer ignorado.

El tiempo quizás no existía, el apuro no preocupaba a nadie de los presentes, todos estábamos a gusto, el bienestar era pleno.

Sentí un roce en la pierna: una niña me preguntó para qué vine, quería saber si estaba buscando a alguien.

No supe que contestar.



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@beto

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