martes, agosto 11, 2009

Palomas blancas




Las miradas de los turistas convergieron en el campanario. Dos inmensas y relucientes campanas cumplieron su cometido. El sonido típico se dejó escuchar. Un golpeteo tras otro revelaron la hora: las 11 de la mañana. Los visitantes prepararon sus máquinas fotográficas y filmadoras. Todo estaba pronto. Las palomas aparecieron.

De la nada. De todos lados una blancura inmaculada cubrió el cielo como una inmensa nube de algodón.
El rito nuevamente se cumplía: 11 de noviembre, 11 de la mañana. Así contaba la leyenda, que pasaba de padres a hijos, ya cientos de años, ¿Quien sabe? quizás más.

A simple vista parecería un espejismo, producto de un delirio general. Estado de trance influenciado por un candente deseo de que aquello ocurriese.
Varios expertos en psicosis de masa estudiaron el fenómeno, sin llegar a resultados concretos, que pudieran o pudiesen ofrecer siquiera una mísera pista a tal incógnita.
Los turistas atraídos por los comentarios, llegaban por cientos. Desde tempranas horas ya llenaban las calles del pequeño pueblo. Los comerciantes del lugar se preparaban con varios días de anticipación para ofrecer sus mercancías y sacar buen provecho del ya famoso: "Día de las Palomas"

Entre las decenas de ornitólogos que dejaron sus pisadas por todo rincón posible, en busca de indicios que ayuden a descifrar el enigma, sobresalió un hombre joven, redondeando los cuarenta, acompañado por un perro de aguas; se instaló en el único hotel del pueblo, abonó la paga de un mes por adelantado y allí comenzó la historia que un día daría, con seguridad, que hablar en el pueblo y en la comarca toda, dando un toque de modernismo a la anciana leyenda, realzando la existencia del pueblo que a penas significa un puntito en el mapa de la zona.

"Profesor de las palomas", fue el apodo que le otorgaron los pueblerinos a nuestro experto colombófilo.
Como punto inicial, era primordial precisar la casta a la cual pertenecían dichas palomas.
Anotó en sus carpetas:

Variedad: de toca o monjil.
Color: regularmente blanco.
Medidas: desde el pico al extremo de la cola> 36cm. y 70 de envergadura.
Particularidad: sobre la cabeza una porción de plumas largas que caen por los lados.
Hábitat: anida tanto en los montes como en las torres de las poblaciones.

Todas las mañanas, acompañado de su fiel amigo, el dúo partía en caminatas hacia las afueras del pueblo. El canino siempre delante, husmeando todo lo que se presentaba frente al hocico. El investigador se detenía ante todo arbusto, planta u árbol, anotaba, y proseguían en el camino. Pretendía una explicación, el porqué de la atracción de las palomas hacia aquél lugar. ¿Qué motivo estaba encerrado en aquella particular zona? ¿Porqué llegaban allí al mismo tiempo, quien sabe desde qué distancias?

Durante las tardes concurría a los bares. Cada día a otro, se mezclaba entre los vecinos, tomaba una copa, charlaba con u otro de los parroquianos.
Cierto día recibió un dato que con certeza lo ayudaría. A las afueras del vecindario, unas cuantas decenas de metros de la salida norte, comenzaba una zona en la que la vegetación era muy espesa, abundaban inmensos y añejos árboles. Allí dentro no muy lejos se encontraba la cabaña de Don Sacarías. Ermitaño, que su afán y amor a las palomas lo obligaron a distanciarse del resto de la pobladores. Era un palomero propiamente dicho, así lo catalogaron los vecinos del pueblo.

Consultó con el comisario local sobre dicho hombre. El hecho de optar por mantenerse distanciado del resto, explicó el agente, lo convirtió en un renegado, agregó además, que no faltan los que lo califican como descarriado.

DinDon, el perro del "profesor" se adelantó por el camino que penetraba en el bosque. Un centenar de palomas revolotearon sobre los inesperados visitantes.
Un hombre de elevada estatura apareció en la entrada de algo semejante a un refugio montañoso. Saludó, elevando su mano.
En pocas palabras el visitante lo hizo participe de la razón de su llegada hasta allí.

-El motivo de la llegada de las palomas no es ningún misterio- Afirmó el palomero.
-Nadie conoce la causa. Entendidos en la materia realizaron estudios, visitaron el pueblo y la zona sin llegar a permitirse una idea somera sobre el enigma- Agregó el asombrado investigador.

Sentados en una hamaca bastante rudimentaria, amarrando unos considerables vasos de cerveza, entablaron una larga conversación sobre vida y costumbres de aquellas que vuelan. Significan para uno su vida y para el otro su profesión.

-Nuestras amigas- continuó su relato el viejo solitario- Tienen devoción por ciertos árboles que, creo, sólo existen en ésta región. Ellos dan un fruto muy dulce que las embriaga a tal punto que aprovechan para los filtreos y otras ceremonias, previas a la unión natural que asegurará la continuación de la especie.
-¡¡Así de sencillo!! exclamó estupefacto nuestro "profesor".
-Con respecto a la fecha, en las primeras semanas de Noviembre dichos frutos se abren y ello dura exactamente 24 horas- y agregó- No me pregunte la causa, ello no lo sé- agregó el palomero casi disculpándose.

De regreso al hotel, el joven investigador, no obstante faltaban unos días para cumplirse el mes de su estadía, preparó sus maletas y agradeciendo los servicios prestados se retiró del establecimiento.
Tenía deseos de entrar a uno de los bares para relatar lo descubierto allí en el bosque en boca del ermitaño palomero. Optó por callarse y guardar el secreto.

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Beto Brom


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