martes, agosto 31, 2010

Retorno a las fuentes (crónica de un viaje a la hermosa Argentina

QUINTO CAPÍTULO



Un pocas horitas y llegamos, El Calafate y sus alrededores, nos aguardaban con todo su belleza.

Sin duda una pintoresca ciudad; el centro comercial salpicado con un número no despreciable de comercios que ofrecen al turista variados y llamativos productos, en su mayoría manufacturados en la zona.
Es notable la cantidad de restaurantes, entre los cuales las parrillas y asadores ocupan el primer lugar.
Aconsejo, mejor dicho anuncio como casi diría obligatorio saborear el exquisito “cordero patagónico”, prohibido pasar por alto este detalle. Bares, confiterías, mesitas sobre las aceras, un popurrí de turistas por doquier, una típica ciudad patagónica, en la que los habitantes tratan en lo posible de hacer de la estadía del visitante una real experiencia que llevará en sus valijas junto a los recuerdos.

Considero una necesidad dedicar un renglón aparte a nuestra estadía en las cabañas Santa Mónica.
Sin exagerar, resulta un paraíso en medio de la ciudad descripta llena de sus ruidos, su trajín y sus cientos de turistas, no obstante estar situada en una callecita a metros de la arteria principal.
Dichas cabañas dotadas de todo lo indispensable, diseñadas con cariño y amor, por su dueña, quien no dejó de lado ningún detalle, todo el interior acoge al huésped dando ese sentimiento de hogar.
Todas las mañanas se recibe el desayuno en la cabaña, la bandeja de mimbre, la mantequilla, los distintos potecillos con dulces regionales de elaboración casera, permite, realmente, sentirse agasajado.
El césped alrededor de las cabañas, los espacios de flores, los caminitos zinzageantes, y para dar un toque de originalidad se pasean por allí, a todas horas del día, aparte de pajarillos diversos, unos pajarracos de dimensiones semejantes a un pollo grande, con un inmenso pico de color negro, su cuerpo amarillento, con un notable plumaje de color grisáceo, y emiten un singular ruidillo como expresando: ¡aquí estamos!. Es destacable la atención de todo el personal que atiende a los huéspedes, siempre con una sonrisa, que dan ganas de volver.



A escasos metros del centro, se llega caminando, visitamos el peculiar e instructivo Museo del Mundo. Allí un señora muy amable nos acompañó para realizar un recorrido.
Se trata de la historia del mundo, de la humanidad, los diversos fenómenos acaecidos a lo largo de los tiempos, la evolución del hombre, las distintas etapas, costumbres y formas de vida en la zona.
En fin una lección que nos quedará grabada. Quedamos pensando en la magnitud de los acontecimientos que nos preceden, y que en nuestra ansia de seguir adelante, progresar, no siempre tenemos en cuenta de dónde y cómo llegamos hasta aquí.

Continuamos en la caminata, acompañados por un fuertisimo viento, típico de la zona, hasta llegar a una inmensa laguna. Allí en una pajonal se concentran decenas de flamencos rosados, impresionate, hermoso, sinigual, un deleite a los ojos. Fotos y más fotos, no obstante el terrible viento que nos impedía sostener la máquina quieta.



Tempranito salimos con rumbo al ...Perito Moreno. Una única palabra, excepcional. Nunca estuvimos frente a tal fenómeno de la naturaleza. Esa inmensidad de hielo, que el sol ilumina dando unos toques de color, allí azul, mas allá gris, marrón obscuro, hay trozos rosados y los celestes, ahh, el cielo parecería reflejado... Frente a tal mole, uno se siente tan pero tan pequeñito, tanto que nos creemos y en verdad...



Realizamos por supuesto un paseo navegando entre los glaciares más pequeños que deambulan a su albedrío sobre y entre aquellas aguas heladas. Una sensación de tranquilidad llena el ambiente, quizás el estar todo arropados, navegando o quizas molestando a la madre natura, el silencio frío de aquellos hielos, el suave resplandor de un sol que quisiera amenguar la temperatura, todos estos factores brindan una paz interior que ojalá consigamos mantenerla por mucho tiempo.

CONTINUARÁ

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beto brom


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Retorno a las fuentes (crónica de un viaje a la hermosa Argentina

CUARTO CAPÍTULO


Un corto viaje en micro nos llevó a Puerto Natales (Chile)
Punto neurálgico, de allí parten todas las excursiones que cubren aquella zona tan agraciada por la madre natura.

En si, un pueblito viejo, sus casas, la mayoría de chapa, nos permite deducir que se trata de una población de pocos recursos.
Muchos hoteles, pensiones y albergues juveniles. Infinidad de mochileros, de todo el mundo, deambulan por la calle principal, único centro de movimiento.
Barcitos, casa de comida y compañias de transporte son el foco de atracción de todos los visitantes.

La principal meta de todo el que llega allí es sin duda Las Torres del Peiné(Chile).

La excursión la realizamos junto con un grupo de brasileños que nos alegraron el viaje durante todo el trayecto.



El camino bordea unos cuantos lagos, uno de ellos resultó algo especial; sus aguas blanquecinas, lechosas, todo parecía estático, ayudaba la baja temperatura que, acompañada por el fuerte viento nos obligó a permanecer un rato con la mirada fija en aquellas demasiado tranquilas aguas. Es destacable que montañas con sus cúpulas nevadas cierran esta especie de cuadro impresionista.

A pocos kilómetros de allí, empezamos a observar las ya famosas Torres. Bajamos del vehículo para captar, con todos los sentidos aquella hermosura. Allí no muy lejos, se erigían majestuosas, como expresando: - ¡Aquí estamos para que nos aprecien! – Son tres imponentes picos de montañas ensimismados como hermanos con la nieve coronando sus alturas. Luego del primer momento de éxtasis frente a tal regalo a los ojos, centenar de fotos guardaron aquél inolvidable espectáculo natural.



El tenaz viento no quiso abandonarnos, a decir de la avezada guía, una pequeña jovencita lugareña, la velocidad del susodicho, cerca de los cien km/hora.
Durante la excursión, una llovizna se presentaba de tanto en tanto como para mostrarnos todos los trucos que aquellos lugares podrían ofrecer.

En una de las paradas, la lluvia demostró su máxima fuerza, un torrencial propiamente dicho; la guía seguida del contingente, encaminaron, provistos de capuchas, capas y otros elementos, hacia la desembocadura de un río que forma una hermosa cascada.
Esto me lo comentó mi media naranja al regreso de aquella mojada caminata, pues este haragán prefirió quedarse dentro del micro con el chofer.
Mientras tomábamos un café, aprovechamos a charlar de todo un poco. Las palabras nos llevaron a comentar sobre la vida, trabajo y demás. Entré en confianza y consulté sobre el estado tan precario del pueblo, la respuesta no tardó en llegar.
El conductor hizo hincapié en los 30 dolares que cada uno de los visitantes deben abonar para entrar al Parque Nacional, donde nos encontrábamos, que multiplicado por los miles que lo visitan resulta un monto extraordinario de dinero; por lo visto nada queda para el pueblo, con la consiguiente amargura de los pobladores. “Cosas del gobierno” agregó desahuciado.



El almuerzo lo compartimos todos juntos alrededor de una larga mesa. Una sopa de verduras muy apetitosa nos reconfortó. Entre las risas, unas canciones, en portugués por supuesto, de nuestros amigos cariocas, pasamos un singular momento.



CONTINUARÁ

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beto brom


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sábado, agosto 21, 2010

Retorno a las fuentes (crónica de un viaje a la hermosa Argentina

tercer capítulo


Muy cómodo el bus, las butacas excelentes, pero nos esperaban catorce horas de viaje(¡que no se hace por el turismo!); nuestro destino: la ciudad de Punta Arenas, en el país hermano de Chile.


en el puerto aguardando el transbordador

Debimos atravesar gran parte de Tierra del Fuego, pasamos por Rio Grande y por fin llegamos a la frontera con los vecinos.
Este punto es digno de comentar(explicación no tiene).
Por supuesto primero se debe salir por el puesto argentino, andar unos poquitos kilómetros y llegar al puesto chileno y seguir camino.
Pues bien, es necesario sacar todo el equipaje, llevarlo dentro del salón del puesto, para su revisación y presentar los documentos correspondientes. El "trabajito" ya de por si es un contratiempo, al cual debemos agregar que en aquellos días la lluvia nos acompañaba, y fue necesario realizar el trayecto desde el omnibus hasta el puesto en camino de tierra lleno de charcos lógicos, arrastrando las valijas, bolsos, y demás, mientras una agradable llovisna caia dandonos amable compañia. Terminado el trámite, que duró más de una hora, vuelta al vehículo y nos dirigimos al lado chileno; allí se repitió la ya vista película....
En total casi tres nada agradables horas, pero contentos, riéndonos entre nosotros mismos y agregando las peripecias en nuestro cuaderno de notas.
Otros cuantos kilómetros y llegamos al pequeño puerto donde por medio de un transbordador llegaríamos a nuestro destino.

Aquí debo confesar que en el preciso momento que estuve frente al cartel que anunciaba : "Estrecho de Magallanes", sentí un vuelco dentro de mi, no me pregunten la razón.
Años de la infancia regresaron de súbito, las clases de historia, de geografía, conquistadores, quizás piratas, expedicionarios, descubridores, toda esa gama de leyendas, cuentos, todo aquello revoloteó al igual que las gaviotas que deambulaban por las costas de aquel especial lugar.
Primero los pasajeros y luego ascendieron las decenas de vehículos a la inmensa barcaza.
Comenzó el trayecto. Yo atravesando las aguas como hace...tantos años lo hizo dicho capitán aventurero, en ese mismo paso que otrora trajo tanta importancia a la humanidad toda; increíble, pero verdadero.


en las calles de Punta Arenas

La especial ciudad, Punta Arenas, que antes de la construcción del Canal de Panama, fue el paso obligatorio por ser el único posible que comunicaba los dos océanos, se vanagloriaba de su importancia.
Enormes astilleros, oficinas de centenares de empresas, depósitos inmensos, un puerto capaz de albergar decenas de barcos de gran calado, un verdadero puerto en el paso más austral del mundo.
Hoy en día conserva los edificios antiguos en buen estado, amplias avenidas, en muchas de ellas pintorescos árboles podados en forma de verdes globos, ofrecen al visitante una agradable vista.
Existen infinidad de museos, para todos los gustos e intereses. Uno de ellos lo visitamos, el Museo del Recuerdo. Se encuentra a las afueras de la ciudad, en un predio al aire libre. Allí estan expuestos, distribuidos por temas, toda la historia de la ciudad; se puede apreciar todas la maquinarias e instrumentos utilizados para los distintos ramos de trabajos, en la agricultura, en la industria, en la construcción, etc. Réplicas de casas de la época antigua, escuelas, comercios, iglesias, en fin, un interesante paseo por la historia de la ciudad.

Y ...en frente se encuentra la ya famosa Zona Franca, centenares de negocios, galerías, a MUY BUEN PRECIO, y antes de darme cuenta salí corriendo detrás de mi media naranja hacia tal oasis.


estar allí es una vivencia inolvidable

En una hermosa y moderna embarcación nos trasladamos a la Isla de los Pingüinos. Como su nombre lo indica, viven allí, como únicos habitantes, cientos, miles, infinidad de ellos. Todo cuidado como reserva natural, caminos demarcados para no estorbar el quehacer de los simpatiquisimos tipitos vestidos de frac. El viento, con brisas que nos hicieron tambalear, acompañó nuestra visita. En las pequeñas cuevitas, vimos asomar cabecitas de una suave pelusa, refunfuñando por una caricia o para recibir un poco de alimento. Un espectáculo inolvidable.

Paseamos por la plaza principal, muy arreglada, muchos árboles y densa vegetación; en el centro decenas de puestos de venta con productos artesanales; todos ellos dentro de carritos de colores, como vagoncitos de un largo tren. Muy pintoresco.


caminando por la plaza

El recorrido, preestablecido, nos obliga a dejar esta agradable y simpática ciudad, con tan amables y serviciales habitantes.


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CONTINUARÁ

beto brom


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domingo, agosto 01, 2010

Retorno a las fuentes (crónica de un viaje a la hermosa Argentina)

segundo capítulo




Parte del dique construído por los castores

Unos pocos metros antes de llegar se largó un chaparrón con todas las de la ley.

Dentro de la cabaña, un calor acogedor brindado por los robustos leños en el hogar inmenso. Todo el recinto minado de chucherías por doquier, en las paredes, colgando del techo, en las paredes, fotos de animales, utensilios de cocina, adornos típicos de la zona, caretas, amuletos, una rica exposición para quedarse, observar y deleitarse. Recibimos un te de hierbas calentito y nos mezclamos entre los visitantes y los anfitriones, una pareja y un hermano de la ama de casa, gente joven, amable, llenos de corazón amplio y sincero, detalle que lo apreciamos durante la inolvidable velada.
Nos ubicamos en una larga mesa, prontos a disgustar una comida que a decir de los olores que reinaban en el aire, prometía ser apetitosa.

Yo preferí una trucha a la parrilla, mi media naranja se conformó con un lomito a la pimienta. La cena transcurrió en un ambiente tan cordial, que se asemejaba a una reunión de amigos, reunidos para festejar algo en común. Entre los huéspedes, una familia de Costa Rica, muy alegres y excelentes personas, entre todos consumimos varias copitas de un blanco simpático, que nos permitió alegrar la noche.
Al despedirnos los amables dueños de casa: Quiti, Richard y Andrés, nos obsequiaron una hermosa foto de una castora preñada.
Nombre del lugar: Valle Hermoso.


Calle principal de la ciudad más austral del mundo, Ushuaia

Las vivencias especiales no terminaron allí.

Una noche, paseando por la ciudad nos llamó la atención un pequeño letrerito en una diminuta ventana de un quien sabe restaurante: *Hoy nos visita un trovador francés*
Antes de terminar de leer ya estábamos dentro del recinto.

Se trataba de un lugar muy conocido en aquellos pagos: *Ramos generales*.
En tiempos pasados, a los comienzos de la población, existía dicho establecimiento que proveía de todo lo necesario para la vida, el trabajo y los quehaceres en general.

Con el tiempo un fuerte candado dominó la entrada al mismo.

Los nuevos dueños decidieron convertirlo en una taberna tradicional. Durante los arreglos necesarios, descubrieron en los fondos un enorme depósito, en el cual habían quedado almacenados un sin fin de productos alimentarios, herramientas, utensilios de labranza, artículos del hogar, ropas de trabajo, en fin un bagaje de *reliquias* dignas de exhibirlas en un museo de la antigüedad.


Al igual que los almacenes de antaño

Y así fue hecho, pusieron manos a la obra. Todo el actual comedor posee a sus costados altas estanterías donde miles de objetos de épocas pasadas relucen como nuevas para deslumbrar los ojos de los comensales. Parecería un sueño volver a mirar carteles de propaganda, que me trasladaron a mi infancia, las famosas cajas de Terrabusi, la cabeza con clavos pinchados de Geniol, frascos de Todyy, fotos de Tarzán, sifones como los de antes, mecheros, cajas de Bagley, y larga es la lista, algo increíble, pero palpable y allí, frente a nosotros.

Las mesas donde se serviría la comida eran los antiguos mostradores de venta, ya refaccionados, pero con un aspecto que demostraba su autenticidad.


Al presentarse el artista, un hombre de mundo, con años en su recorrido, vestido a la usanza francesa de vanguardia, conocedor de música, con una voz sazonada de vino y cigarrillo, fuimos trasladados a las orillas del Sena, y sus canciones nos envolvieron con aquél aroma parisiense tan peculiar.


El querido y melancólico organito de épocas pasadas

Para completar el asombro de los espectadores, presentó un típico *organillo*, en el cual se ubican las partituras tan especiales ya olvidadas, aquellas largas y llenas de protuberancias que por un sistema específico mueven ciertas teclas interiores que emiten ese sonido incomparable. Se nos permitió escuchar canciones que el olvido se adueño de ellas, gozamos, todos los presentes, de una noche SIN IGUAL.

Y es de lamentar, debimos abandonar aquella ciudad, no sin antes buscar con la vista el *Monte de Susana*, para así saber el pronóstico para el día siguiente.


El Monte Susana, pronosticador del tiempo

Explicaré esta costumbre de los isleños: para conocer el tiempo que se acerca se debe observar el cielo sobre una pequeña sierra, que lleva el nombre de Susana, según su color y aspecto es casi seguro conocer el tiempo que se avecina. –Nunca falla- dicen los pobladores, y en verdad lo comprobamos, así es, no falla.

Y tempranito, apenas amaneció, nos encaminamos a la Terminal.


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CONTINUARÁ


beto brom

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