sábado, agosto 23, 2008

El ciervo y yo













Cerremos los ojos. No es fácil, pero por favor tratemos de hacerlo, no es imposible.

Cerremos los ojos y pensemos en el color verde. Sí, sólo pensemos en el color verde. Imaginémonos un mundo verde claro, suave.
Escucharemos seguramente una agradable música, no sabremos distinguirla, pero seguro que es abrazadora, llevadera.
A lo lejos aparecen pájaros con sus trinares, comienza a soplar una suave brisa, viene desde el mar, ese mar azul que a lo lejos se confunde con el cielo alto y lejano.

Camino por un sendero alfombrado de flores de variados colores. No veo el final, pues cada tanto hay pequeñas curvas y los árboles a los costados me impiden ver a donde llegaré.Y sigo caminando y no me canso. Me siento bien, realmente bien, sano feliz y contento.
¿Contento? ¿ Porqué?..¿Y porqué no?
De pronto me percato de que estoy sólo. Miro para atras y no veo nada. Miro para adelante, suspiro profundamente y sin pensar exclamo: ¡Que lindo ! Estoy bien ... Pero estoy solo.....

Siempre creí que no es lindo estar solo. No es aconsejable. Da que pensar el no tener amigos, no tener compañia, el no tener con quien hablar, con quien compartir, a quien amar.

Sigo caminando y de pronto sin haberme dado cuenta, sin haberlo visto desde lejos, el camino se bifurca. Miro para este lado y se ve un camino igual al transcurrido, apasible, suave como si diría:-- vení atravesame--
Miro al otro lado y veo lo mismo, otro camino, casi sin ninguna diferencia, me paro y espero.
No sé cuanto tiempo pasa. Quizas me adormezco, quizas no. No sé.
Y como si alguien me llevase, como un niño de la mano, empiezo nuevamente a caminar, dirigiendome al camino de la izquierda, no se me ocurre mirar hacia atras.

Al poco tiempo cuando lo hago, sin darme cuenta, pues sigo con la vista a una bandada de pájaros, ya no me es posible distinguir el cruce y por supuesto el otro camino.

Pasan las horas, quizas días. Sigo caminando. No como y no tengo hambre. No tomo y tampoco tengo sed. No estoy cansado, no obstante no haber dormido. No siento nada, pero me siento bien. No sé donde estoy, pero me siento yo. Estoy tranquilo, no quiero nada, no necesito nada.

A lo lejos, un ciervo, bien entrado en años, a juzgar por sus enormes cuernos marrón oscuro, casi negros, me mira sin moverse. A medida que me acerco, su mirada directa a mis ojos, no se aparta de ellos. Ya no son más que unos pocos metros los que nos separan. Aprecio un magnifico ejemplar orgullo de su raza.
A los dos o tres metros, me paro, ¡no se lo que hacer! Él sigue clavando su mirada en la mía, como si quisiera observarme por dentro. Oh! si !!
Eso es lo que siento, me esta estudiando, recorriendo por dentro, lo siento en mi pecho, en mi cerebro, dentro de mí, rara sensación, pero no me molesta. Me dejo inspeccionar.
No sé cuanto dura esto. No importa. Cuando sentí que su labor había finalizado, desapareció de la misma forma en que apareció. No obstante no me asombré, lo tomé como algo natural que debería ocurrir.

Tuve la necesidad de descansar. Me senté apoyándome en un hermoso árbol.
Miro el camino con sus flores, escucho los cantos de los pájaros.
Elevo la vista y lo veo, o creo que lo veo. Allí está el ciervo. Mi ciervo, junto a todo su rebaño, entre las nubes, de espaldas al sol .

Creo que me dormí. No sé, aún no me desperté.

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@beto
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1 comentario:

  1. Esta historia que ya te había leído tiene mucho de místico y también de ancestral, está hermosísimo y deberías presentarla en algún concurso de cuentos. Un beso. Magda

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