domingo, junio 12, 2011

La plaza del olvido

Si, con seguridad ése es el banco- dijo para sus adentros.

Matilde se acercó como si el tiempo la apremiara. La plaza en cuestión, era la de su adolescencia, en la cual se reunía con su amigo.
Hoy en día, abandonada en forma lamentable; las farolas, las pocas en pie, apenas alumbraban, los senderos casi imperceptibles.




La hora era la misma: las 20,30. ¿Cuántas cosas allí ocurrieron?
Charlas hasta altas horas de la noche. El calor de sus cuerpos que al pequeño roce lograban estremecer inclusive las hojas caídas.

Sus caminos se separaron. Ella por uno...él por otro. Nunca se volvieron a encontrar. Hasta aquel aviso pequeño en el diario.

Al principio no le dio importancia. Pero algo dentro de ella la obligó a releerlo.
Es por ello que esa noche estaba allí. ¿Esperándolo?

Dejó su familia sin dar explicaciones. Viajó y viajó para llegar a la plazita del pueblo.
Sus hijos ya la comprenderían. Su marido quizás no.

¿Vendrá ? De seguro que no.

¿Porqué no obstante volvió?


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beto brom


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4 comentarios:

  1. hola Beto, me gustó este relato, me lo llevo a mi blog http://misspubis62.blogspot.com

    abrazobeso desde Chile, Ro

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  2. Agradezco tu visita, Rocio, y tienes mi OK, y desde ya muy agradecido.
    Abrazotes.
    beto

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  3. Anónimo2:37 a.m.

    Querido Beto, un banco de una plaza, tiempos de recuerdos lejanos, sí, muy lejanos, quizás demasiado para dos seres que el destino unió un día en sus mocedades, y luego, al emprender el vuelo a distintos nidos en la vida, se separaron para no ¿encontrarse más?.

    El aviso en el diario le trajo a Matilde el perfume de los años idos, de esos que hacen humedecer los ojos como cuando revisamos, ávidos de curiosidad, los baúles o arcones de nuestros antepasados.

    Él seguramente no vendrá, salvo que imaginemos que ese aviso pequeño en el diario era un llamado de ese pasado para Matilde, o es ella, quizás, quien busca afanosamente ¿ese ayer perdido en el tiempo?.

    Matilde vuelve por esos recuerdos de instantes compartidos con dulzura, por esos recuerdos sedientos de presencias intangibles que logran apaciguar en el alma esa tristeza que provocan las ausencias.

    Beto, hermoso tu relato, siempre nos queda en la memoria esos recuerdos de los buenos momentos pasados donde el alma los mantendrá eternamente despiertos, mas son solo eso: Recuerdos, y Matilde, lo sabe, ¡pero!, ¿se habrán encontrado?...

    Cariños.

    Cristina.

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  4. Así es Cristinira, hay recuerdos que golpean, como las bravías olas sobre el ya gastado acantilado, queriendo decir algo, que nos es entendible.
    Un gustazo recibir tus profundos comentarios. Los agradezco y mucho.

    Neshicot para ti.
    beto

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