domingo, julio 24, 2011

Misión cumplida

Llegó un poco temprano al trabajo.
Así acostumbraba desde haber recibido el nuevo puesto. El Departamento de Exteriores le brindaría mayor tiempo libre, más reputación y por supuesto mejor remuneración.
Las últimas tareas que le fueron encomendadas las cumplió exitosamente, prueba de ello la notable admiración y respeto que le otorgaban sus compañeros del departamento, que dicho sea de paso eran incitados por las alabanzas del propio Jefe.

Al recibir el parte del día, fue tal su asombro que necesitó releerlo. Su misión la cumpliría en una zona muy especial, de considerado renombre. Analizó con cautela todos los pormenores, para no olvidar ningún detalle necesario. A los pocos minutos estaba pronto para salir en camino. Con los medios a su alcance poco tiempo fue requerido para llegar a destino.
Los cursos de capacitación, previos a su designación, fueron estrictos y de larga duración.
Una a una pasó la etapas, no con poca dificultad; logró sin embargo sobreponerse a todos los obstáculos en forma catalogada como aceptable. Con mucho esmero y dedicación consiguió el anhelado título de Experto. Todos los miembros del departamento reconocían su posición, no eran muchos a los que se les permitía tales funciones.
El cargo otorgaba la posibilidad de movimiento dentro de un amplio campo de acción, incluido un sin fin de poderes para poder resolver casos de extrema problemática funcional.

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(foto de Internet)












Se acercó a la dirección señalada. Se trataba de una señorial mansión de amplias dimensiones. Un cuidado jardín rodeaba la casa. El sujeto requerido estaba sentado delante de la entrada, aparentemente leyendo un diario.
Con lentos pasos, como para no llamar la atención en demasía, cortó distancia hasta ubicarse a escasos metros del susodicho.

-Perdón por la molestia, estimado amigo. El hombre elevó la vista sobre el diario extendido entre sus manos. Sin inmutarse contestó:

-¿Quien es Ud. y a qué se debe su intromisión?

-Mil perdones. Mis disculpas al no haber informado con anterioridad mi visita. Reconozco mi error. Sólo necesito unos minutos de su tiempo- Respondió el intruso, y sin esperar contestación tomó asiento frente al exaltado dueño de casa.

-Un momentito caballero. No creo que recibí respuesta a su proceder. Está Ud. dentro de una propiedad privada, razón por la cual ya de por sí es una infracción a la ley. Soy una persona muy ocupada, no tengo la mínima intención de llevarla a mayores. Tenga a bien retirarse en forma inmediata de mi propiedad. ¡Buenos días!

-Sr., Sr., no es necesario alterarse, no es sano. Unos minutos de su valioso tiempo serán suficientes para explicar mi aparición repentina. Por favor, sólo le pido unos escasos instantes. ¿Es posible?- Las últimas palabras fueron como implorando ser escuchado.

-Está bien, lo escucho. Pero sea breve. Ud. dirá...

Con voz suave, pausada, habló el emisario:
-Buen hombre. Mi función es comunicarle que Ud. ha sido elegido, hoy, ésta precisa mañana, para brindarme su compañía en el viaje de placer que realizaremos juntos. Sí, entiendo su asombro, es más, posiblemente creerá que perdí la razón, o me escapé de un sanatorio para enfermos mentales, o sencillamente estoy divagando. No, mi amigo, no, nada de eso. Lo que expresé es la verdad, la pura verdad. Vengo a cumplir una función especial. Su vida en éste mundo ha llegado a su fin. No es posible volver atrás. La decisión está tomada. Es aconsejable tomarlo con calma. Sí, entiendo que es difícil, muy comprensible. ¿Tiene algo que decir?

-Caballero, es Ud., por lo demostrado, un eximio actor; el libreto, obra de un excelente escritor. Ya se lo manifesté: no tengo tiempo disponible para escuchar obras de teatro. Déjeme la dirección del lugar donde actúa, le prometo que iré a verlo. Ahora, si es Ud. tan amable...Se levantó del sillón y extendiendo una mano mostró al °actor° el camino de salida. Éste, sin demostrar apuro alguno, como desoyendo lo indicado por su interlocutor, continuó su perorata.

-Amigo, entiendo y acepto su nerviosismo, capto su sorpresa, su negación es lógica. Créame, no hay solución. No puede Ud. decidir lo contrario. Trate de comprender. Si lo cree necesario es posible ofrecer una muestra que verifique la autenticidad de mi proceder. ¿Es necesario? Diciendo esto se paró frente a frente al anonadado hombre.

-Es notable su persuasión. Realiza el papel en forma sorprendente. ¿De qué prueba o truco me está Ud. hablando? Con un tono de voz de persona ofuscada instó a recibir explicaciones.

-Déme su mano, no dude, en forma inmediata pensará distinto, por favor...
El °elegido° posó su diestra sobre la mano extendida del visitante. Alcanzó a balbucear unos monosílabos, palabras entrecortadas, sin sentido.

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-Digno de alabar la destreza del flamante Experto.
Todos sus viajes resultan rápidos, las palabras están de más. ¿Cuál será el sistema utilizado?

-Con sus respetos, mi estimado Jefe, considero que la forma de actuar del emisario en cuestión, perdón, el Experto, dista mucho de lo considerado correcto y estudiado en la Academia. A mi entender él posee una fuerza especial de persuasión que suplanta el libre pensamiento, desequilibrando el nivel del raciocinio de los elegidos; convirtiéndolos en una especie de materia dócil que permite un fácil manipuleo.

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Era temprano. Esa era su costumbre. Esperó pacientemente recibir el parte diario. Como siempre, aquellos momentos de incertidumbre provocaban en su mente el deseo de la perfección.
Cada viaje constituía una nueva forma de análisis introspectivo, con miras a cerciorase de cual era su capacidad.
Los elegidos no existían. No ellos era lo importante. Lo transcendente era la espera, el recibir la orden, el cumplimiento de la misión.
Y volver, volver a empezar, para otra vez lograrlo.

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beto brom

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