CRÓNICAS DE VIAJE

martes, agosto 31, 2010

Retorno a las fuentes (crónica de un viaje a la hermosa Argentina

QUINTO CAPÍTULO



Un pocas horitas y llegamos, El Calafate y sus alrededores, nos aguardaban con todo su belleza.

Sin duda una pintoresca ciudad; el centro comercial salpicado con un número no despreciable de comercios que ofrecen al turista variados y llamativos productos, en su mayoría manufacturados en la zona.
Es notable la cantidad de restaurantes, entre los cuales las parrillas y asadores ocupan el primer lugar.
Aconsejo, mejor dicho anuncio como casi diría obligatorio saborear el exquisito “cordero patagónico”, prohibido pasar por alto este detalle. Bares, confiterías, mesitas sobre las aceras, un popurrí de turistas por doquier, una típica ciudad patagónica, en la que los habitantes tratan en lo posible de hacer de la estadía del visitante una real experiencia que llevará en sus valijas junto a los recuerdos.

Considero una necesidad dedicar un renglón aparte a nuestra estadía en las cabañas Santa Mónica.
Sin exagerar, resulta un paraíso en medio de la ciudad descripta llena de sus ruidos, su trajín y sus cientos de turistas, no obstante estar situada en una callecita a metros de la arteria principal.
Dichas cabañas dotadas de todo lo indispensable, diseñadas con cariño y amor, por su dueña, quien no dejó de lado ningún detalle, todo el interior acoge al huésped dando ese sentimiento de hogar.
Todas las mañanas se recibe el desayuno en la cabaña, la bandeja de mimbre, la mantequilla, los distintos potecillos con dulces regionales de elaboración casera, permite, realmente, sentirse agasajado.
El césped alrededor de las cabañas, los espacios de flores, los caminitos zinzageantes, y para dar un toque de originalidad se pasean por allí, a todas horas del día, aparte de pajarillos diversos, unos pajarracos de dimensiones semejantes a un pollo grande, con un inmenso pico de color negro, su cuerpo amarillento, con un notable plumaje de color grisáceo, y emiten un singular ruidillo como expresando: ¡aquí estamos!. Es destacable la atención de todo el personal que atiende a los huéspedes, siempre con una sonrisa, que dan ganas de volver.



A escasos metros del centro, se llega caminando, visitamos el peculiar e instructivo Museo del Mundo. Allí un señora muy amable nos acompañó para realizar un recorrido.
Se trata de la historia del mundo, de la humanidad, los diversos fenómenos acaecidos a lo largo de los tiempos, la evolución del hombre, las distintas etapas, costumbres y formas de vida en la zona.
En fin una lección que nos quedará grabada. Quedamos pensando en la magnitud de los acontecimientos que nos preceden, y que en nuestra ansia de seguir adelante, progresar, no siempre tenemos en cuenta de dónde y cómo llegamos hasta aquí.

Continuamos en la caminata, acompañados por un fuertisimo viento, típico de la zona, hasta llegar a una inmensa laguna. Allí en una pajonal se concentran decenas de flamencos rosados, impresionate, hermoso, sinigual, un deleite a los ojos. Fotos y más fotos, no obstante el terrible viento que nos impedía sostener la máquina quieta.



Tempranito salimos con rumbo al ...Perito Moreno. Una única palabra, excepcional. Nunca estuvimos frente a tal fenómeno de la naturaleza. Esa inmensidad de hielo, que el sol ilumina dando unos toques de color, allí azul, mas allá gris, marrón obscuro, hay trozos rosados y los celestes, ahh, el cielo parecería reflejado... Frente a tal mole, uno se siente tan pero tan pequeñito, tanto que nos creemos y en verdad...



Realizamos por supuesto un paseo navegando entre los glaciares más pequeños que deambulan a su albedrío sobre y entre aquellas aguas heladas. Una sensación de tranquilidad llena el ambiente, quizás el estar todo arropados, navegando o quizas molestando a la madre natura, el silencio frío de aquellos hielos, el suave resplandor de un sol que quisiera amenguar la temperatura, todos estos factores brindan una paz interior que ojalá consigamos mantenerla por mucho tiempo.

CONTINUARÁ

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beto brom


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Retorno a las fuentes (crónica de un viaje a la hermosa Argentina

CUARTO CAPÍTULO


Un corto viaje en micro nos llevó a Puerto Natales (Chile)
Punto neurálgico, de allí parten todas las excursiones que cubren aquella zona tan agraciada por la madre natura.

En si, un pueblito viejo, sus casas, la mayoría de chapa, nos permite deducir que se trata de una población de pocos recursos.
Muchos hoteles, pensiones y albergues juveniles. Infinidad de mochileros, de todo el mundo, deambulan por la calle principal, único centro de movimiento.
Barcitos, casa de comida y compañias de transporte son el foco de atracción de todos los visitantes.

La principal meta de todo el que llega allí es sin duda Las Torres del Peiné(Chile).

La excursión la realizamos junto con un grupo de brasileños que nos alegraron el viaje durante todo el trayecto.



El camino bordea unos cuantos lagos, uno de ellos resultó algo especial; sus aguas blanquecinas, lechosas, todo parecía estático, ayudaba la baja temperatura que, acompañada por el fuerte viento nos obligó a permanecer un rato con la mirada fija en aquellas demasiado tranquilas aguas. Es destacable que montañas con sus cúpulas nevadas cierran esta especie de cuadro impresionista.

A pocos kilómetros de allí, empezamos a observar las ya famosas Torres. Bajamos del vehículo para captar, con todos los sentidos aquella hermosura. Allí no muy lejos, se erigían majestuosas, como expresando: - ¡Aquí estamos para que nos aprecien! – Son tres imponentes picos de montañas ensimismados como hermanos con la nieve coronando sus alturas. Luego del primer momento de éxtasis frente a tal regalo a los ojos, centenar de fotos guardaron aquél inolvidable espectáculo natural.



El tenaz viento no quiso abandonarnos, a decir de la avezada guía, una pequeña jovencita lugareña, la velocidad del susodicho, cerca de los cien km/hora.
Durante la excursión, una llovizna se presentaba de tanto en tanto como para mostrarnos todos los trucos que aquellos lugares podrían ofrecer.

En una de las paradas, la lluvia demostró su máxima fuerza, un torrencial propiamente dicho; la guía seguida del contingente, encaminaron, provistos de capuchas, capas y otros elementos, hacia la desembocadura de un río que forma una hermosa cascada.
Esto me lo comentó mi media naranja al regreso de aquella mojada caminata, pues este haragán prefirió quedarse dentro del micro con el chofer.
Mientras tomábamos un café, aprovechamos a charlar de todo un poco. Las palabras nos llevaron a comentar sobre la vida, trabajo y demás. Entré en confianza y consulté sobre el estado tan precario del pueblo, la respuesta no tardó en llegar.
El conductor hizo hincapié en los 30 dolares que cada uno de los visitantes deben abonar para entrar al Parque Nacional, donde nos encontrábamos, que multiplicado por los miles que lo visitan resulta un monto extraordinario de dinero; por lo visto nada queda para el pueblo, con la consiguiente amargura de los pobladores. “Cosas del gobierno” agregó desahuciado.



El almuerzo lo compartimos todos juntos alrededor de una larga mesa. Una sopa de verduras muy apetitosa nos reconfortó. Entre las risas, unas canciones, en portugués por supuesto, de nuestros amigos cariocas, pasamos un singular momento.



CONTINUARÁ

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beto brom


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sábado, agosto 21, 2010

Retorno a las fuentes (crónica de un viaje a la hermosa Argentina

tercer capítulo


Muy cómodo el bus, las butacas excelentes, pero nos esperaban catorce horas de viaje(¡que no se hace por el turismo!); nuestro destino: la ciudad de Punta Arenas, en el país hermano de Chile.


en el puerto aguardando el transbordador

Debimos atravesar gran parte de Tierra del Fuego, pasamos por Rio Grande y por fin llegamos a la frontera con los vecinos.
Este punto es digno de comentar(explicación no tiene).
Por supuesto primero se debe salir por el puesto argentino, andar unos poquitos kilómetros y llegar al puesto chileno y seguir camino.
Pues bien, es necesario sacar todo el equipaje, llevarlo dentro del salón del puesto, para su revisación y presentar los documentos correspondientes. El "trabajito" ya de por si es un contratiempo, al cual debemos agregar que en aquellos días la lluvia nos acompañaba, y fue necesario realizar el trayecto desde el omnibus hasta el puesto en camino de tierra lleno de charcos lógicos, arrastrando las valijas, bolsos, y demás, mientras una agradable llovisna caia dandonos amable compañia. Terminado el trámite, que duró más de una hora, vuelta al vehículo y nos dirigimos al lado chileno; allí se repitió la ya vista película....
En total casi tres nada agradables horas, pero contentos, riéndonos entre nosotros mismos y agregando las peripecias en nuestro cuaderno de notas.
Otros cuantos kilómetros y llegamos al pequeño puerto donde por medio de un transbordador llegaríamos a nuestro destino.

Aquí debo confesar que en el preciso momento que estuve frente al cartel que anunciaba : "Estrecho de Magallanes", sentí un vuelco dentro de mi, no me pregunten la razón.
Años de la infancia regresaron de súbito, las clases de historia, de geografía, conquistadores, quizás piratas, expedicionarios, descubridores, toda esa gama de leyendas, cuentos, todo aquello revoloteó al igual que las gaviotas que deambulaban por las costas de aquel especial lugar.
Primero los pasajeros y luego ascendieron las decenas de vehículos a la inmensa barcaza.
Comenzó el trayecto. Yo atravesando las aguas como hace...tantos años lo hizo dicho capitán aventurero, en ese mismo paso que otrora trajo tanta importancia a la humanidad toda; increíble, pero verdadero.


en las calles de Punta Arenas

La especial ciudad, Punta Arenas, que antes de la construcción del Canal de Panama, fue el paso obligatorio por ser el único posible que comunicaba los dos océanos, se vanagloriaba de su importancia.
Enormes astilleros, oficinas de centenares de empresas, depósitos inmensos, un puerto capaz de albergar decenas de barcos de gran calado, un verdadero puerto en el paso más austral del mundo.
Hoy en día conserva los edificios antiguos en buen estado, amplias avenidas, en muchas de ellas pintorescos árboles podados en forma de verdes globos, ofrecen al visitante una agradable vista.
Existen infinidad de museos, para todos los gustos e intereses. Uno de ellos lo visitamos, el Museo del Recuerdo. Se encuentra a las afueras de la ciudad, en un predio al aire libre. Allí estan expuestos, distribuidos por temas, toda la historia de la ciudad; se puede apreciar todas la maquinarias e instrumentos utilizados para los distintos ramos de trabajos, en la agricultura, en la industria, en la construcción, etc. Réplicas de casas de la época antigua, escuelas, comercios, iglesias, en fin, un interesante paseo por la historia de la ciudad.

Y ...en frente se encuentra la ya famosa Zona Franca, centenares de negocios, galerías, a MUY BUEN PRECIO, y antes de darme cuenta salí corriendo detrás de mi media naranja hacia tal oasis.


estar allí es una vivencia inolvidable

En una hermosa y moderna embarcación nos trasladamos a la Isla de los Pingüinos. Como su nombre lo indica, viven allí, como únicos habitantes, cientos, miles, infinidad de ellos. Todo cuidado como reserva natural, caminos demarcados para no estorbar el quehacer de los simpatiquisimos tipitos vestidos de frac. El viento, con brisas que nos hicieron tambalear, acompañó nuestra visita. En las pequeñas cuevitas, vimos asomar cabecitas de una suave pelusa, refunfuñando por una caricia o para recibir un poco de alimento. Un espectáculo inolvidable.

Paseamos por la plaza principal, muy arreglada, muchos árboles y densa vegetación; en el centro decenas de puestos de venta con productos artesanales; todos ellos dentro de carritos de colores, como vagoncitos de un largo tren. Muy pintoresco.


caminando por la plaza

El recorrido, preestablecido, nos obliga a dejar esta agradable y simpática ciudad, con tan amables y serviciales habitantes.


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CONTINUARÁ

beto brom


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domingo, agosto 01, 2010

Retorno a las fuentes (crónica de un viaje a la hermosa Argentina)

segundo capítulo




Parte del dique construído por los castores

Unos pocos metros antes de llegar se largó un chaparrón con todas las de la ley.

Dentro de la cabaña, un calor acogedor brindado por los robustos leños en el hogar inmenso. Todo el recinto minado de chucherías por doquier, en las paredes, colgando del techo, en las paredes, fotos de animales, utensilios de cocina, adornos típicos de la zona, caretas, amuletos, una rica exposición para quedarse, observar y deleitarse. Recibimos un te de hierbas calentito y nos mezclamos entre los visitantes y los anfitriones, una pareja y un hermano de la ama de casa, gente joven, amable, llenos de corazón amplio y sincero, detalle que lo apreciamos durante la inolvidable velada.
Nos ubicamos en una larga mesa, prontos a disgustar una comida que a decir de los olores que reinaban en el aire, prometía ser apetitosa.

Yo preferí una trucha a la parrilla, mi media naranja se conformó con un lomito a la pimienta. La cena transcurrió en un ambiente tan cordial, que se asemejaba a una reunión de amigos, reunidos para festejar algo en común. Entre los huéspedes, una familia de Costa Rica, muy alegres y excelentes personas, entre todos consumimos varias copitas de un blanco simpático, que nos permitió alegrar la noche.
Al despedirnos los amables dueños de casa: Quiti, Richard y Andrés, nos obsequiaron una hermosa foto de una castora preñada.
Nombre del lugar: Valle Hermoso.


Calle principal de la ciudad más austral del mundo, Ushuaia

Las vivencias especiales no terminaron allí.

Una noche, paseando por la ciudad nos llamó la atención un pequeño letrerito en una diminuta ventana de un quien sabe restaurante: *Hoy nos visita un trovador francés*
Antes de terminar de leer ya estábamos dentro del recinto.

Se trataba de un lugar muy conocido en aquellos pagos: *Ramos generales*.
En tiempos pasados, a los comienzos de la población, existía dicho establecimiento que proveía de todo lo necesario para la vida, el trabajo y los quehaceres en general.

Con el tiempo un fuerte candado dominó la entrada al mismo.

Los nuevos dueños decidieron convertirlo en una taberna tradicional. Durante los arreglos necesarios, descubrieron en los fondos un enorme depósito, en el cual habían quedado almacenados un sin fin de productos alimentarios, herramientas, utensilios de labranza, artículos del hogar, ropas de trabajo, en fin un bagaje de *reliquias* dignas de exhibirlas en un museo de la antigüedad.


Al igual que los almacenes de antaño

Y así fue hecho, pusieron manos a la obra. Todo el actual comedor posee a sus costados altas estanterías donde miles de objetos de épocas pasadas relucen como nuevas para deslumbrar los ojos de los comensales. Parecería un sueño volver a mirar carteles de propaganda, que me trasladaron a mi infancia, las famosas cajas de Terrabusi, la cabeza con clavos pinchados de Geniol, frascos de Todyy, fotos de Tarzán, sifones como los de antes, mecheros, cajas de Bagley, y larga es la lista, algo increíble, pero palpable y allí, frente a nosotros.

Las mesas donde se serviría la comida eran los antiguos mostradores de venta, ya refaccionados, pero con un aspecto que demostraba su autenticidad.


Al presentarse el artista, un hombre de mundo, con años en su recorrido, vestido a la usanza francesa de vanguardia, conocedor de música, con una voz sazonada de vino y cigarrillo, fuimos trasladados a las orillas del Sena, y sus canciones nos envolvieron con aquél aroma parisiense tan peculiar.


El querido y melancólico organito de épocas pasadas

Para completar el asombro de los espectadores, presentó un típico *organillo*, en el cual se ubican las partituras tan especiales ya olvidadas, aquellas largas y llenas de protuberancias que por un sistema específico mueven ciertas teclas interiores que emiten ese sonido incomparable. Se nos permitió escuchar canciones que el olvido se adueño de ellas, gozamos, todos los presentes, de una noche SIN IGUAL.

Y es de lamentar, debimos abandonar aquella ciudad, no sin antes buscar con la vista el *Monte de Susana*, para así saber el pronóstico para el día siguiente.


El Monte Susana, pronosticador del tiempo

Explicaré esta costumbre de los isleños: para conocer el tiempo que se acerca se debe observar el cielo sobre una pequeña sierra, que lleva el nombre de Susana, según su color y aspecto es casi seguro conocer el tiempo que se avecina. –Nunca falla- dicen los pobladores, y en verdad lo comprobamos, así es, no falla.

Y tempranito, apenas amaneció, nos encaminamos a la Terminal.


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CONTINUARÁ


beto brom

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jueves, julio 29, 2010

Retorno a las fuentes (crónica de un viaje a la hermosa Argentina

Capítulo uno



Como el comienzo de un sueño fue nuestra llegada a la ciudad mas austral del mundo, Ushuaia. Gente sencilla, simple, y lo más acogedor, simpática, contentos de recibir visitantes y en especial argentinos, como si les otorgáramos un regalo el hecho de haber llegado hasta allí.
¡estamos en el fin del mundo!



Instantes previos al viaje en el "Tren del fin de Mundo"

Ellos así lo consideran y en verdad es la sensación al caminar por las calles de aquella peculiar ciudad.

Por supuesto viajamos en el *Tren del fin del Mundo*, no es posible perderse dicha posibilidad. Es réplica auténtica del tren utilizado por los presos de la cárcel de antaño, asinados en miserables galpones como castigo a sus faltas con respecto a la sociedad; éste tren los llevaba díariamente desde la cárcel a las canteras. Todo se realizaba por medio de dicho tren.
Aquellos convictos fueron los primeros pobladores blancos llegados a estas inhóspitas tierras tan alejadas de la civilización. La historia de los aborígenes es tema de estudio aún hoy en día. Museos y exposiciones narran sus costumbres y formas de vida. Dos son los temas primordiales en los que los guías basan sus narraciones, los presos y los aborígenes.

El paseo al lago Roca es obligatorio, una belleza sin igual, la naturaleza en su esplendor.

Una experiencia casi de película: llegamos, en un jeep bien equipado, a un predio dentro del bosque, a unos kilómetros de la ciudad.
Una pareja, construyó, hace unos diez años, una pequeña cabaña, que con el corredor de los años fue tomando una gran dimensión.
Resulta que a unos metros de allí se expande una zona de pequeños riachuelos, que corren entre árboles y malezas. Allí una yunta de castores tienen su hábitat natural, junto a cuatro descendientes. Como es su costumbre construyeron un pequeño dique, que les proporciona un considerable laguito para sus menesteres.
Vestidos con botas y capuchones especiales(estaba lloviendo) nos internados en el bosque, tras el guía, conocedor y admirador de estos animalitos, hasta llegar ,luego de aproximadamente una hora de caminata a un claro.



Todo preparado para la excursión a los diques de los castores

Una vez allí quedamos apostados a la espera de los dueños de casa, quienes acostumbrados a las visitas no tardaron en aparecer.
Sabidos de que no corren peligro alguno reanudaron su ardua e interminable tarea, la manutención del susodicho dique, de lo contrario la fuerza del río acabaría con su hogar.
Y allí iban y venían de un lado a otro, de costa a costa, trayendo una rama, un pequeño tronco, sin descansar, una y otra vez...



Uno de los dos niños de la pareja, en plena tarea


Observar el trabajo de estos roedores, su persistencia, su afán de cuidar su casa, por así llamarla, padres e hijos, sin chistar, cada uno sabedor de su misión, nos brindó, a todos los presentes un ejemplo digno de recordar.
Al volver a la cabaña nos esperaba una sorpresa, muy alagadora por cierto.

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CONTINUARÁ

beto brom

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lunes, mayo 31, 2010

Sobre rieles

La escena transcurre en un vagón del tren salido de la capital rumbo al interior de la provincia.
Una nueva semana comienza y con ella el acostumbrado recorrido por los pueblitos de tierra adentro; la ocupación de viajante involucra la visita mensual a sus queridos clientes.
La mayoría de los asientos desocupados, en la mitad del vagón una mujer ocupa uno de ellos; esta leyendo un libro. Pensó en sentase frente a ella, pero decidió hacerlo en la fila de al lado, para no molestar.
Unos segundos anteriores a la partida entró un hombre muy apuesto, se detuvo unos metros detrás de la fila en la cual estaban sentados: los miró y como estudiando el ambiente, optó por ubicarse frente a la mujer del libro. Ésta, ni se mosqueo.





El tren se puso en movimiento, un largo viaje le esperaba.
El susodicho miraba por la ventanilla, pero cada tanto giraba la cabeza hacia su compañera fortuita; un brinco ocasionado por un desnivel en las vías, detalle muy conocido por los asiduos viajeros, ocasionó la caída del señalador del libro que sostenía la mujer sobre sus faldas. Tanto ella como el caballero se inclinaron con el fin de levantarlo. Un leve roce entre sus manos, un discreto y fugaz cruce de miradas, fueron mas que suficientes para dar por abierto el dialogo.
-No se moleste, se lo agradezco, Sr...
-Esteban. Por favor, ha sido un placer, Srta...
-Olga Zwagg, muy amable caballero.
-Por lo visto muy interesante el libro.
-¿Porqué lo dice? ¿Lo ha leído?
-Me llamó la atención su lectura, el volver las hojas una y otra vez, como recapacitando, o quizás tratando de descifrar lo escrito. ¿Me equivoco?
-No, por el contrario, lo que si debo reconocer que es una persona muy detallista, y es mas, le confesaré que ha dado en la tecla justa, se trata de un libro de estudio sobre épocas antiguas, costumbres y demás, por lo cual quisiera recordar tal o cual detalle, y no me queda otra que volver y releer sobre dicho punto.
-Si me permite desearía corroborar lo escuchado,¿Su apellido es Zwagg, como el del famoso arquitecto alemán?
-Exacto, y agregaré un dato para complacer su curiosidad, era mi tío, hermano mayor de mi padre, también fallecido. Quiero creer que es Ud. de aquella profesión ¿ tal vez?
-No, no, nada que ver. Soy fotógrafo, actúo en forma libre, trató de ubicar mis tomas en manos del mejor postor. Mi especialidad son los puentes, los admiro, los respeto, tengo cierta afición a ellos, reconozco su fuerza, su austeridad, y considero excepcional su ayuda para unir, acercar y en mas de una oportunidad evitar conflictos.
-Ahora entiendo, mi tío era experto en el diseño de puentes; en cuanto a ellos siempre me resultaron fríos, simplemente un conjunto de hierros y alambres.
- Todo es cuestión de observar, tratar de interpretar, inmiscuirse dentro de aquello que esta frente nuestro, y esto no solo referente a elementos inertes. ¿La aburro con mis raras ideas?
-Me interesa, su punto de vista concuerda con su hincapié en los detalles, me atrevo a pensar que debe poseer un alto grado en el poder del convencimiento, ¿No estoy errada, cierto?
-Quiero interpretar que se refiere a mis relaciones personales, en especial con el sexo opuesto, ¿verdad?
-Por supuesto, un hombre apuesto, elegantemente vestido, modales excelentes, profesional, dueño de un vocabulario amplio, conocedor de mundo con seguridad, todas las puertas se abrirán ante sus deseos o pretensiones, no me equivoco, ¿verdad?
-Sus adjetivos elevan mi ego a un nivel respetable, y es mas al recibirlos de una dama, permitame así considerarla, los catalogo valederos y es un mérito para con mi persona.
-Ha conseguido sonrojarme, no estoy acostumbrada a este tipo de adulaciones, con gusto desearía continuar nuestra charla, con seguridad encontraríamos temas de mutuo interés. En un par de estaciones necesito descender, por lo tanto antes de que se me olvide le dejo mi tarjeta. Si encuentra un lugarcito entre toma y toma, con placer podría permitirme un vistazo a su colección de fotografías, ¿Las expone en algún lugar?
-No en una galería determinada, pero si en mi estudio fotográfico, situado en pleno centro de la city; esta es mi tarjeta con los datos. Seria una verdadera ocasión para charlar y quizás entablar una amistad, ¿Le parece la idea? Sabe que, no me conteste, permitase sorprenderme, siento intriga por las sorpresas.
-De acuerdo, acepto la consigna, eso si, no le prometo que será pronto. Me explicaré: el próximo mes viajo, con un grupo de compañeros y nuestro profesor a Grecia, será un viaje de estudios patrocinado por la Universidad de Atenas, con la finalidad de fomentar el intercambio cultural y científico entre nuestros países. Le comento que el año pasado recibimos aquí a un grupo similar de aquel país. Fue algo extraordinario, trajeron trabajos, los comentamos, agregamos nuestras opiniones, miramos decenas de fotos y diapositivas, fue un hermosa y productiva experiencia. Espero que nuestra visita resulte tan fructífera como aquella.
En ello estoy trabajando en estos días, me refiero al libro que estoy analizando, comparando detalles, con el fin de complementar nuestro trabajo que realizo en conjunto con mis colegas.
-Estuve trabajando en Atenas, durante algunos meses. Quedé impresionado por sus monumentos, edificios antiguos, reliquias, y las ruinas,¡oh,las ruinas! En especial me dediqué a mi rubro, los puentes, pero mi atención fue ocupada, reconozco, por las estatuas, dicho sea de paso, muy bien conservadas, de las cuales obtuve unas decenas de tomas. Mi encanto fue tal, que inclusive compaginé un álbum con ellas, lo titulé "El pasado".
Con gusto podría facilitárselo para que le eche un vistazo. Eso si, con una condición: deberá dar su palabra que lo devolverá.¿Se anima?
-Que persona especial resultó.¿Cómo se le ocurre, siquiera pensar, tal atrevimiento de mi parte? Su delicado humor me tomó desprevenida, siento quizás un poco de miedo...
-¿Miedo? ¿De mi? No por favor, buena moza, soy la persona más inútil en lo se refiere a molestar, ofender o mal tratar a un semejante...
-Bueno, bueno, calmese, traté de equiparar su talento humorístico; por lo visto excedí la cuenta, ¿verdad?
-No, al contrario, apruebo las personas sabedoras de reaccionar en forma casi instantánea como lo ha hecho, me gusta su estilo de conversación, el cual no coincide, si se permite, con su fisonomía externa...
-Creo que el caballero se permite atribuciones que lindan lo personal y ...
-Mis dsculpas, srta. no creí en ningún momento que mis palabras causarían tal reacción de su parte. Es más, no quise ni pretendo inmiscuir en su vida. Considero que mis palabras fueron interpretadas en forma errada, posee todo su derecho en exigir mis disculpas. Lo reitero: tenga a bien aceptar mi sincero perdón.
-El sencillo hecho de acceder a entablar conversación con Ud. no le otorga ninguna clase de opción para extralimitarse a tal grado y opinar sobre mi persona, mi vestimenta, y...es mas, lo considero como una falta de respeto. Le suplico, tenga a bien abandonar su asiento, caso contrario, recurriré al inspector para que se ocupe de mi pedido.




El susodicho no atinó a emitir vocablo. Al instante se puso de pie, saludó y salió del vagón muy de prisa.
La ofuscada damita, quisquillosa en demasía, a entender del corredor, miró la tarjeta del fotógrafo, la hizo una pelotita, y la arrojó al cesto de los desperdicios. Acomodó un poco sus cabellos, abrió el libro, y volvió a su interrumpida lectura.

El corredor de comercio sintió una improvista intención de entablar conversación con la susodicha pasajera...en el último momento desechó el intento.-Dejemoslo así-Se dejo para sus adentros.

Decidió salir a la baranda de los fumadores; entre los viciosos encontró al "atrevido" fotógrafo. Se acercó y cigarrillo en mano solicitó del susodicho fuego.
-Si, como no, por favor...
-Muy amable,¿Viaja lejos?
-Mas o menos, unas cuantas estaciones, ¿Y usted?
-Solo otras dos, por suerte, mi trabajo no me da descanso.
-Seré curioso, ¿A que se dedica? Si no le incomoda mi pregunta, por supuesto...
-No, faltaría mas, soy viajante, trato de vender hierros, largos y fríos; en esta zona abundan las empresas constructoras, varias de ellas figuran en mi cartera de clientes.
-¿Hierros, dijo?¿Qué clase?
-Vigas inmensas, de esas utilizables en las construcciones de puentes, y además todo lo concerniente,
¿Por qué lo pregunta, también Ud. es del ramo?
-No, nada de eso, sencillamente lo consulto pues me dedico a la fotografía, es mi profesión, y en ello me ocupo ya un par de años.

El viajante de comercio dedujo que no había sido reconocido y por lo tanto era obvio que su interlocutor ignoraba que su conversación, con el final nada agradable, mantenida con la mujercilla del libro. No obstante, para estar completamente seguro, insinuó:
-¿Fotógrafo de casamientos, fiestas, esas cosas?
-No, por favor, le explicaré, mi especialidad son los puentes,con el correr de los años desarrollé una especie de atracción frente a esas moles de hierros, trabajados y manipulados, que se convierten en obras magnificas que tanta utilidad ofrecen al hombre y a la comunidad.
-Nunca pensé en tal forma, y si le sigo la corriente creeré que mi trabajo no es nada inútil y también yo participo en dichas obras de bien para el mundo todo. ¿Que le parece, compadre?
-Esta en lo cierto, con su trabajo contribuye, sin lugar a dudas,junto a los demás trabajadores, a lograr llevar a cabo tales construcciones. Es más puede sentirse orgulloso de la tarea que realiza.
-Ha sido un placer esta charla, deberíamos encontrarnos y me gustaría ver sus fotografías,¿Puede ser?
-Con mucho gusto, aquí le doy mi tarjeta con la dirección y teléfono, cuando le sea cómodo pase y le mostraré mis tomas.

Bajó en la estación "El viejo almacén". El tren reanudó la marcha. Levantó la vista y reconoció a la "damita del libro" ensimismada en la lectura. A pocos metros, su nuevo amigo el fotógrafo, exhalando su humo de grandeza.
¡Qué interesante el trabajo del viajante! Murmuró para sus adentros.

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BETO BROM

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miércoles, abril 14, 2010

Caminatas matinales







Ella salió corriendo delante mio, como siempre, rumbo al montecito que comenzaba a pocos metros de casa. Eran pasadas las 6, el sol ya había comenzado su labor, pero por lo visto no con muchas ganas, aquí y allí pícaras nubecillas conseguían entorpecer el camino hacia nuestro pequeño mundo. Estaba un poco fresco pero con la caminata entraría en calor. Estas caminatas matinales tenían una doble finalidad, para Zina, mí perra, eran indispensables,y,para mí,saludables.

Zina, con sus tres años recién cumplidos, había llegado a su máxima estatura: 70cm.; sus 38 kilitos no le molestaban para subir y bajar entre los arbustos y piedras cuando se sentía en completa libertad. Pertenece a la raza ° akita °, oriunda del Japón; es hija y nieta de campeones; resulta interesante leer su certificado de Pedigreé, pues los nombres de sus abuelos, maternos y paternos, son difíciles de pronunciar.

Cuentan en los escritos sobre la historia de esta raza, que en tiempos pasados, se los utilizaban en dos clases de trabajos bien definidos: uno era el cuidado de los niños, a los cuales se los dejaban en las casas, cuando los padres salían por las mañanas a trabajar el campo, bajo la custodia de un par de estos guardianes; el otro era salir acompañando al cazador de osos; caminaban delante de él buscando la presa, al encontrar al buscado ejemplar se dividían y avanzaban uno a cada lado del susodicho, mientras uno realizaba toda clase de piruetas para distraerlo el otro lentamente se acercaba y en el momento preciso saltaba directamente al cuello, cerraba su quijada y lo mantenía inactivo hasta la llegada del cazador.

El sol no conseguía templar la mañana, la brisa que llegaba esquivando los arbustos, mantenía la sensación térmica en unos pocos grados encima del cero.

Esas eran las mañanas de mi preferencia. La visibilidad era casi insuperable, permitiendo extender la visión hacia mucho más allá de donde terminaba la reserva natural. La montaña vecina parecía una gran mesa preparada para albergar a un centenar de comensales, la razón de esta comparación provenía, seguramente, de los olores y aromas que llenaban todo el ambiente. Los yuyos, hierbas, árboles, arbustos esparcidos por doquier, la naturaleza estaba entonces en su apogeo, todos sus exponentes habían dicho en aquel momento: ¡presente!

Una bandada de teros apareció de sorpresa, quizás estaban esperándonos. Dieron una y otra vuelta sobre nuestras cabezas y luego aterrizaron a escasos metros, un poco después de la rocas apiladas que separaban el terreno en amplias terrazas; muy posible que aquellas rocas estaban allí desde la época de los romanos o quizás antes.
Me senté en mi piedra preferida y acostumbrada. Noté algo interesante, a derecha e izquierda del grupo, a unos 10 o 15 metros de cada lado se apostaron dos de ellos, centinelas tal vez, auscultando el cielo como previniendo algo. Al rato, uno de ellos, el de la izquierda, levantó repentinamente vuelo, haciendo un ruido estruendoso con un tiriqueteo infernal, a los segundos todos hicieron lo propio como respondiendo al unísono la llamada de atención.
Al aparecer el dúo de cuervos, nuestros amigos ya estaban a varios cientos de metros allí en el cielo. La yunta descendió para posarse exactamente donde hacía unos segundos estuvieron los teros. Husmearon, olfatearon y al no encontrar nada interesante, levantaron campamento y así como aparecieron así desaparecieron, quizás a causa de los amagos de poca simpatía que les brindo Zina, quien aparentando un poco de orgullo, dio vuelta su cabeza y me mostró, así me pareció, una sonrisa de triunfo.

El tiempo, amigo y a veces enemigo, no se detenía, mirando el reloj decidí la vuelta. Así lo hice saber a mi compañera, lentamente gozando de cada instante, comenzamos la retirada.

Allí quedó ella, la naturaleza, junto a todos sus componentes. Allí aguardará hasta el día siguiente, para nuevamente reencontrarnos y pasar una hora amena.

Hasta entonces.

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Beto Brom
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La obra que no fue







La función debería comenzar. La noche de la premié. Era la hora estipulada en los programas. El público colmaba el total de la platea. Detrás del telón la batahola flotaba en el aire. No era para menos: Laura P., la conocida y famosa actriz, que tomaría el personaje de una anciana paralítica en sillón de ruedas en la obra, había desaparecido de su camarín. Como si su cuerpo se habría esfumado, sin rastros. Su remplazante estaba pronta, pero tal no era el caso, nadie aceptaba la increíble realidad. La pregunta era una sola: ¿Donde está la abuela?

Los recuerdos de aquella noche, que con el tiempo llegó a ser la noche sin final, reaparecieron en forma impetuosa, igual que las olas castigan las indefensas rocas agolpadas en los acantilados, achacando la agotada mente del hombre sentado en la mesa del bar. Una taza de café negro frente a él; observando a dicho personaje desde cierta distancia parecería hablar consigo mismo o, quizás, con la taza inmóvil frente a él.
El mozo se acercó, susurrando, pues aquel asiduo cliente no soportaba los altos volúmenes, razón por la cual siempre se ubicaba, como era su costumbre desde ya tiempo,en la última mesa del fondo del recinto, evitando, en lo posible, los ruidos molestos del trajín de los clientes y las gritonadas de los mozos -¿Le traigo algo para comer?
El hombre no contestó. ni siquiera elevó la vista o entornó la cabeza hacia el dependiente. El mozo, conocedor, por su experiencia, captó la indirecta y como vino se retiró, sin lograr atender a su cliente.

La Compañía Teatral Universitaria, famosa en la ciudad, tanto por sus puestas en escena como por contar en su plantel ha decenas de prestigiosas figuras de renombre nacional que pasaron por sus tablas, había decidido en su última Asamblea Anual, con respecto a la investigación policial sobre el caso sin respuesta de la desaparición de la actriz , y teniendo en cuenta que ya habían transcurrido más de dos años de la desgracia, suspender todo tipo de entrevistas y diálogos con la prensa sobre el tema. Ello perjudicaba a los miembros de la familia a raíz del manoseo destructivo que en nada les ayudaba y que además no resultaba nada agradable a la reputación de la empresa teatral.

Los dos oficiales especiales destacados para atender el caso, que fueron enviados desde la Jefatura Central capitalina, revisaban por milésima vez las voluminosas carpetas del expediente 12/15, que aun se encontraba abierto, y que les impedía volver a sus respectivos lugares de trabajo y a sus familias.
La desaparecida en cuestión no tenía ningún antecedente policial, nunca fue molestada o agraviada. Se paseó por la vida como en un viaje de placer, sin obstáculos, problemas económicos, familiares o sociales.
Se entrevistaron a todos los empleados del teatro; uno a uno presentaron declaración los miembros de la familia; fueron investigados los amigos y conocidos de la susodicha. Todo sin resultado alguno. Ni siquiera una mísera pista. Posiblemente uno de los casos sin solución más comentados en los últimos años.

La familia, estaba compuesta por un escaso número de miembros; una hermana soltera, a su vez actriz, dos primos que radicaban desde hace tiempo en el extranjero, y un hermano mayor, el más afectado por la tragedia. Éste, abandonó el trabajo, deambulaba por las calles, visitaba todos los lugares donde solía concurrir su hermana, conversaba con todo aquél que en una u otra forma se relacionaba con la desaparecida.
Los días pasaban y el peso de su desesperación lo agobiaba.
Aquel día era sábado. Pasada la medianoche. Sentado en su café, que ya era su segunda casa, o la única, extrajo de su maletín un block de hojas. Y escribió, escribió...Luego puso el manojo de papeles garabateados dentro de un sobre que le facilitó el mozo, que sin hablar ya lo entendía. Abonó la consumición y salió, sin saludar, a enfrentar las desiertas calles.
El lunes siguiente, la gente del teatro, la hermana soltera, los dos inspectores policiales, tenían el diario local en sus manos, como la mayoría de los habitantes de la ciudad. La edición del Lunes, la primera de la semana con las últimas noticias y las más frescas novedades.
En la Sección Locales se publicó, a doble tamaño y con remarco especial, una extensa carta que concentró la atención de los lectores. El siguiente era el texto:

Laurita
Quisiera tu perdón. Con seguridad ya me lo brindaste. Yo aún no lo sé. Te conozco lo suficiente, quizás demasiado. Tú con tu inmenso corazón, lleno de amor y comprensión, mas bañado con lágrimas que yo me sé el causante. No es por maldad, bien lo sabes, por el contrario, mi cariño hacia ti es mayor que nuestra relación carnal. Una y otra vez mis actos comprobaron mis intentos de congraciarte, y de aquella forma poder vivir en un mundo imaginario pero real. Un mundo en el cual sólo tú y yo, fiel servidor para atenderte, cuidarte, defenderte y venerarte. Desde chicos fue así. Es verdad que en ciertas oportunidades, sabes a que me refiero, todo tu cuerpo estremeció, y una cierta frialdad lo cubrió. Pero nuestros reiterados encuentros, reconozco que por mí incentivados, pusieron de manifiesto el sentimiento de delirio que sentía por ti, por tu presencia, por tu cuerpo, por todo aquello que fuera tuyo. Aun no considero la realidad como algo verdadero. Te busco, te anhelo, es más fuerte que yo mismo. Sólo tú podrás comprender mi dolor. Un lastimoso quejido es lo que mi cuerpo desabrido exhala. Sé que no volverás. Pero aun así, yo no dejo de esperarte.
tu querido hermano

En la última hoja del diario local, apareció un pequeño recuadro en la sección policial:
** A primeras horas de ésta madrugada fue extraído de las aguas del Lago Vistón, a las afueras de nuestra ciudad, el cadáver de un hombre de aproximadamente sesenta años, desnudo. Se considera la posibilidad de un suicidio. En las próximas horas, luego de las averiguaciones y exámenes pertinentes será posible identificar a la víctima. **

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beto brom

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sábado, octubre 10, 2009

Otoño de un pasado primaveral


Cielo gris como telón viviente se despliega ante las apenas entornadas pupilas del abandonado cuerpo, del ayer hombre de familia.
Cartones apilados, mísero colchón para noches sin final.
Su raquítico esqueleto no obstante logró enderezarlo, la necesidad obliga murmuró a sus adentros, -muy cierto, levántate ya- escuchó sermonear a su otro yo.
Inclusive el pliego de los cartones para esconderlos detrás de la maleza, requirió un trabajoso esfuerzo. A pasos lentos encaminó su figura, pues ello era, solo una figura caminando por el parque; pocos visitantes restaban a esas horas tardías de la tarde que desvanecía en semejanza a su persona.

Optó llegar hasta los grandes almacenes; entre el concurrido público pasaría inadvertido. Un detalle fortuito prestó una quizás sonrisa, se trataba de una campera de excelente tela y marca, por lo visto al examinarla; algún joven apurado o tal vez un viejo distraído, la olvidaron sobre uno de los bancos que adornaban el camino de salida del parque.
Su aspecto exterior, ese que la sociedad ve y en base a ello reacciona, estaría solucionado. Resultaría mas fácil entremeterse entre la gente con la finalidad de pescar algún descuido que le resulte útil.

Un grupo de estudiantes revoltosos con ansias demostrativas de libertad excesiva interceptó la entrada principal del supermercado. Habían decidido llamar la atención y comenzaron a bailar al compás de una ruidosa música proveniente de un inmenso aparato móvil que manejaba uno de ellos.
Entre un par de uniformados agentes del orden y una decena de visitantes al establecimiento trataron de persuadir a los exaltados jovenzuelos la necesidad de abandonar el lugar pues obstruían el acceso y salida del público.
Dicho incidente fue más que suficiente para ser aprovechado por el disfrazado hombre de la campera de cuero para entrar sin siquiera ser revisado como se acostumbra en los últimos tiempos en las entradas de lugares públicos.

Ya dentro y provisto del correspondiente changuito comenzó a deambular por las distintas secciones en busca de una posible presa.
En el departamento de los embutidos llamó su atención una pareja de edad avanzada que, por lo visto, no se decidía frente a cierto escaparate;
ponían y sacaban de su carrito de las compras como si de un juego se trataba. Lleno de seguridad se acercó preguntando en que podría ayudarlos; estos, creyendo que el atento señor era empleado de la casa, consultaron pidiendo consejo en cuanto a los productos y en que cantidad como para agasajar a unas diez personas en su casa.
Con una ligereza sin igual, el simpático servidor,fue acomodando los diferentes alimentos, en base a su gusto, en el carrito de los clientes. Los agradecidos clientes se dejaron acompañar por el servicial "supuesto dependiente" a las cajas, sin examinar que y cuanto había sido depositado en el changuito.
Una vez allí el mismo pseudo-dependiente colocó lo elegido sobre la mesa de la cajera, y se retiró dirigiéndose a la salida del supermercado.

A los pocos minutos aparecieron los clientes y el entrometido se ofreció acompañarlos hasta el vehículo particular de ellos. Una vez allí comenzó a depositar la mercadería dentro del baúl trasero; mientras el cliente ayudaba a su señora ubicarse en el asiento del coche, las rápidas manos del "empleado" depositan varios productos en el pavimento debajo del automóvil. Finalizada la labor, cerró la puerta del compartimiento, y acercándose a la pareja se despidió invitándolos a seguir concurriendo al establecimiento en sus próximas compras.
Segundos después de la partida, solo restó recoger el botín y en forma lenta desaparecer del lugar.

Llegó a su guarida y esa noche recordó, aunque con dolor, su vida anterior y lejana. Los recuerdos volvieron uno a uno, como si respetaran un prefijado orden de aparición.

Su casa enorme le resultó hermosa, prolija, llena de luz y acogedora. Los gritos de chicos, sus hijos, por suerte no le molestaron, el perro juguetón continuaba con sus jugarretas aunque no resultaban insoportables. El aroma de las flores del jardín colmó su desarrollado olfato. Un olor impregnado de salsa hogareña llegó proveniente, sin lugar a dudas, de la cocina de Esther su queridita mujer.
La oficina, el personal, el ventanal con vista al río, fueron deslizando como viajeros en una cinta transportadora.

Dejó de pensar, de un brinco volvió a su actual presente. Una pareja acercaba pasos en su dirección. Se tiró sobre el banco utilizando su bolsa como almohada. Cerró los ojos. Con seguridad los enamorados buscarían otro lugar para confesar sus sentimientos. Lo logró.

Mañana un nuevo día, por desgracia, amanecerá. Ellos empiezan y terminan sin realizar consulta alguna; el mundo corre su carrera.

Las personas, como marionetas, hacen y deshacen los hilillos que las mantienen en continuo movimiento, permitiendo sus lloridos, exclamaciones y defraudes, dándoles la posibilidad de convertirse en irrompibles al igual que el sol que ilumina el concurrido escenario.
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@Beto Brom



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martes, septiembre 01, 2009

La vieja casona




La casa siempre daba el aspecto de cerrada, las ventanas, que eran muchas, cubiertas con sus respectivas persianas sobre las cuales el tiempo dejó sus huellas en la casi ya invisible pintura que quizás, alguna vez, le dió un poco de vida a esa madera tan desgastada por el correr de los días.

Una gran patio, que en sus tiempos fué posiblemente un esplendoroso jardín, con plantas y porque no flores. Hoy en día invadido por la inexorable naturaleza, siempre activa, hermosa, abundante, pero salvaje y desordenada.

Los árboles, alguno no obstante habían pasado a mejor vida, pero aun altísimos y erectos, estaban desparramados por todos lados. Los había de copa frondosa, otros bajos pero florecidos. Le daban a éste paraje sub-realista un aspecto de jardín encantado, en el cual podría desarrollarse cualquier cuento o inclusive rodarse un película en todo momento sin previo aviso.

Todos los detalles narrados, otorgaban la apariencia de un lugar abandonado desde ya hacía mucho tiempo.

Un sólo detalle no cuadraba en este marco de abandono y tristeza, la puerta de entrada a la casa. Era un magnificente ejemplar doble ala. De madera obscura pero brillante, que relucía a la hora del mediodía, en que un número escaso de rayos del astro rey conseguían filtrase entre las miles de hojas de los árboles. Dándole un resplandor casi sublime, en el cual sobresaltaban dos inmensas y señoriales argollas de un metal dorado, a cada lado de la imponente puerta. El tiempo no se notaba en la madera, por el contrario, parecería que en este momento la terminaron de lustrar.

Desde cierta distancia, la vista se centralizaba, sin quererlo, en dicha puerta, pues era tal la diferencia entre ella y el conjunto que la rodeaba, que resultaba casi imposible dar crédito a los ojos al observar dicha visión.

Pero, como lo dice aquel viejo refrán, no nos dejemos llevar por las apariencias, hay veces que engañan . Una vez más éstas sabias palabras resultaron ciertas.
Esta casona estaba habitada, y es más, nunca fue abandonada desde su construcción que data de dos siglos atrás. El dato fue otorgado por su actual morador, quien agregó además, que ésto nunca ocurrirá.

Un pequeño hombrecillo de escasos cabellos blancos abrió la puerta de acceso, permitiendo la entrada, con cortesía y significante amabilidad, a las oportunas visitas.
Al traspasar la puerta se abrió frente a los ojos de los visitantes un mundo extraño y llamativo.
Todo era de color verde. Por allí mas claro, allá más obscuro, pero siempre en la gama del verde. Muy ameno, muy suave y acogedor.

El anfitrión. se acercó a una especie de abertura entre una pila de piedras amontonadas en un rincón del recinto, de la cual emanaba agua cristalina. Colocó debajo una hermosa jarra, ofreciendo su contenido a los asombrados visitantes.


Mientras ésto ocurría, un par de blancas palomas revoloteaban sobre sus cabezas, como indicándoles que las siguieran. En un primer momento pensaron que les pareció, comentándolo entre ellos, pero al notar la insistencia, optaron por seguirlas.

Ellas entraron en otro recinto, en otro y en otro. Lentamente nuestros sorprendidos invitados apreciaron que la intensidad de la luz disminuía gradualmente. Hasta que en el lugar donde las palomas guías se detuvieron parándose en una especie de rama, estaba alumbrado sólo por dos hermosos candelabros que colgaban de la pared del fondo. Y allí debajo de aquella rama, estaba una angelical niña, de escasa edad, vestida de inmaculado blanco, de pelos rubios ensortijados. Casi parecería una estatuilla, un cuadro de la época del renacimiento, pero no, era real y les habló suavemente, acariciándolos con sus delicadas y pausadas palabras:

~~Bienvenidos al reino de la fantasía; aprovechen cada momento de vuestra estadía aquí. Gocen de cada instante, no se repetirá. Dejen vuestra imaginación en libertad, que vuele sin obstáculos ni barreras. Más aún, esfuercen en incentivarla, liberen todos vuestros deseos, ansiedades y pequeños sueños. Todos los que aquí estamos, tenemos una sóla meta: la de ayudarlos y complacerlos. En fin, ¡¡ hacerlos felices!! No hablemos más, manos a la obra ~~

Y en un santiamén, ésa diminuta y bonísima niñita, se convirtió en un original carromato; nuestros boquiabiertos pasajeros se sentaron, y nuevamente guiados por aquellas amigas palomas, comenzó a rodar por un sin fin de lugares, a cual más hermoso, pintoresco y encautador.

Y así pasó el tiempo. Nadie sabe a ciencia cierta cuanto. Pero en el preciso momento en que los viajeros miraron hacia atrás, apareció un relámpago de enceguecedora luminosidad. Ellos se encontraron nuevamente frente a la puerta de entrada de la casona.

La miraron y casi no la reconocieron. Ahora estaba despintada, resquebrajada, vieja. Los años se notaban en los nudos de la madera. Ahora sí encajaba perfectamente dentro del aspecto general de toda la casa, y también de todo el conjunto que la rodea.

La vivencia en que la habían sido partícipes, quedaría grabada bien profundo en sus mentes, y por consiguiente en sus corazones.



@beto
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martes, agosto 25, 2009

Jugarretas del destino

La invitación llegó a último momento. Al principio, mientras abría el sobre, ignoraba el remitente. El asombro remplazó a la curiosidad. Dejó transcurrir unos instantes; reeleyó las lineas que sintetizaban una decisión.
Por lo visto sería un evento nada común. La tarjeta de cartulina encerada, ribetes plateados, gritaban la importancia y vislumbraban el nivel que los organizadores pretendían de la reunión.
El lugar elegido despertaba, sin embargo, una ligera incógnita al tratarse de un salón de renombre, en su tiempo, pero los años habían actuado pesadamente sobre él.

En un primer momento, al detener su mirada especificamente en la fecha tan cercana, restó importancia a la invitación ubicandola entre las cartas leídas.
Al día siguiente, con la llegada del correo y luego de clasificar la correspondencia, se topó, una vez más, con aquella tarjeta, despachada a último momento, como demostrando la intención de haber sido enviada como para cumplir cierta obligación moral, o lo peor, causa de un olvido. Sea lo que fuere, la impresión del hecho era lo que contaba. Razón suficiente, para quedar en el cesto de los asuntos pendientes.

El sábado amaneció nublado. Recordó que debería llevar a su perro al veterinario, correspondía recibir las vacunas. Preparó la camioneta, plegó el asiento trasero, y allí se fueron los dos, a cumplir con los requisitos de una buena salud profiláctica.

Quiso la casualidad, en alguna forma hay que llamarla, que al entrar en la clínica, ella salía acompañada con Sussy, su perrita simpática.
Los ojos de ambos mantuvieron la mirada como si el tiempo no hubiera recogido las hojas de varios otoños; un leve estremecimiento golpeó las paredes de su caja toráxica.
-¡Qué sorpresa!- Dijo ella rompiendo el asombro- Qué agradable encontrarte, ¿recibiste la invitación?
Lo que pretendió ser una continuación de algo, resultó un golpe bajo, de esos que duelen muy dentro y al llegar a destino estallan.
-¿La invitación? ¿Qué invitación? Las respuestas interrogativas fueron como lanzas.
Rápida como relámpago precesor de la tormenta, ella respondió:
-Entiendo. No tenés idea de lo que estoy hablando. El frío de la mañana no es suficiente como para enfriar tu enojo,¿eh?
-¿Yo enojado? No tengo motivo y menos necesidad. Y...cambiando de tema ¿Qué pasa con la mimosa, está emfermita?- Y sin esperar contestación levantó a la perrita, quien al reconocerlo se recostó sobre su pecho; Sussy, Sussy...linda perrita, buena perrita...Por lo que veo está muy bien, entonces con seguridad la visita es para las vacunas...
-Exacto, sabelotodo...bueno nos vamos, que lo pases bien, ah, y vos también Gonzalito- el perro la miró, revoleó la cola a diestra y siniestra- Y veo que me recuerda, perro educado es para destacar...chauchito a los dos, Bay, bay...

En el camino de regreso resolvió entrar en una florería. Allí encargó un arreglo floral, insisitió que debería ser algo especial, original. En la tarjeta escribió las frases acostumbradas. Anotó la dirección, día y hora del envío. Pagó y a otra cosa.



Segundo capítulo
(Cinco años antes)

El hotel apareció exacto como los amigos del club lo habían descripto. Un poco alejado de la ciudad, estilo colonial, de una sola planta, ventanales inmensos: la luz de los antiguos veladores irradiaban una luminosidad embriagadora que invitaba a entrar.
Se miraron, un acuerdo total. La pareja caminó con lentitud hacia el portón de entrada.
Festejaban cuatro años de casados, cada aniversario un lugar distinto. Ambos compartían idénticos sentimientos desde aquel día de la excursión del Club, donde se conocieron y se perdieron en medio del torrental.

La habitación amplia, confortable. Lamentaron que estarían solo el fin de semana.
Dejaron las valijas a un costado, tomaron unos sorbos del exquisito coñac, presente de la casa y otorgaron a sus instintos libre albedrío.

Fue ella la primera en despegar un ojo la mañana siguiente. La luz del nuevo día se esforzó para entrar, aprovechando una rendija entre los gruesos cortinados del ventanal.
Palpó a su costado la espalda de su compañero, aun dormía, tibia, una sensación de gozo llenó todo su ser. Casi, casi lo despertó, pero recapacitó. No se atrevía, ya conocía la posible reacción de tal intento. La bofetada recibida en plena cara la vez anterior que no se retuvo, aun la recuerda, como si hubiera ocurrido el día anterior.

Se levantó, tomo un baño; sin cubrir su cuerpo posó frente al espejo. Estudió con cierta supremacía, tal vez con una mirada despectiva, la imagen allí reflejada. Sus ojos buscaban, sondeaban, cada tramo, pliegue de piel, sondearon toda protuberancia, desnivel. Exhaló un suspiro de conformidad.

Se introdujo nuevamente en la cama. Esperó. La imagen de un pájaro con un alita rota, se dibujó allí en la sombra-luz producida por el sol sobre la pared. Lloró, como lloraría un payaso al finalizar la función del día.

Una sonrisa apareció entre sus lágrimas, secas lágrimas…una mano velluda se acomodó entre sus muslos. Creyó perder su seguridad, su rostro reflejaría lo que su mente tramaba. Entre suspiros, penetración, éxtasis, no recordó el pasado, se esfumó.

El malestar la acosaba ya dos días; su amiga Sol le encendió la lamparita:
-¿Quizás…? Insinuó.
-Si, es posible, el último aniversario, el mes pasado en la campiña nos volvimos a encontrar, fue fantástico, ¿me entendes? Mañana pido turno al Dr. Metoly, es bueno y muy simpático. Cuando sepa algo te chiflo.

La revisación y la prueba fueron rápidas, el resultado por supuesto positivo. Recibió los consabidos sermones del cuidado, alimentación sana, bla, bla, bla.
Salió del consultorio, se sentó en el primer café que encontró. Entre pocillo y pocillo, meditó. Trató de convencerse, no resultó complicado. Pidió la guía telefónica y buscó lo que su mente tenía decidido. A los poco segundos un discreto aviso llamó su atención. *Sanatorio en las afueras de la ciudad, discreción, atención médica especializada, precios módicos*
Anotó la dirección y teléfono. Salió para encontrar una cabina pública, nada de dejar rastros en su celular. Se comunicó y pactó la primera entrevista para el día siguiente al mediodía.

Al llegar a la casa él estaba sentado en su sillón en el living, dormitando. Decidió esperar que se despierte para relatarle lo sucedido y su lógica resolución.
Este tema ya lo habían tratado con anterioridad y llegado siempre a la misma conclusión. Él desechaba por completo la sola idea de la maternidad. Mantenía que no estaba dispuesto a compartir su amor y cariño con nadie, sea quien fuere.

Se levantó malhumorado, problemas de negocios dijo. Ella, por lo tanto, no creyó oportuno hacerlo partícipe, por el momento, de su nuevo estado.
Avisó a su jefe en la oficina, que se tomaría la tarde libre; le comentó que no se sentía bien, agregando que unos días de descanso no le vendrían mal, ya le avisaría al respecto.

Quiso calmar las náuseas con un jugo de limón, que pidió al mozo en el barcito al lado de la clínica. Esperó a su amiga, quien la puntualidad no era su fuerte.
Se escuchó una frenada ruidosa, Sol estacionó el coche y corrió hacia ella.
-Perdón, querida, los chicos, ¿me entendes, no? ¿Entramos?

No tuvo en cuenta el asunto del coche, lo dejó aparcado al lado de su casa; para llegar a la clínica pidió un taxi, calculó que volvería con su amiga.

Su maridito llegó temprano. Al no encontrar en la casa, no obstante había visto su coche afuera, no supo a que atenerse. Ninguna nota, ningún llamado. Sus nervios comenzaron a trabajar a ritmo acelerado.
Buscó en el baño, en el dormitorio, en el patio, nada. Optó por llamar al despacho de los abogados donde era secretaria. –No se encuentra, se retiró temprano, no se sentía bien. Pónganos al tanto de su estado estamos preocupados…

Decidió romper con los pactados acuerdos: evitar llamadas que podrían ser inoportunas. La situación era, en aquel momento, de suma importancia y urgencia, pues dejaba más de un interrogante, por lo cual vio como necesario resolver de inmediato el problema.

Llamó, al tercer intento, escuchó una voz extraña…
-Hola,.. ¡¡ ¿Quién habla?!!
-¿Esteban? No se asuste, soy yo, Sol, ¿Cómo le va? Martha está ocupada, en unos momentos se comunicará con Ud. ¿okey?
Se escuchó el clic de la interrupción telefónica. Qué mal carácter tiene este tipo, pensó.
En menos de una hora, se le permitió entrar a la pequeña salita.
-Ya pasó todo, querida, ¿Cómo te sentís?
-Lastimada por fuera y por dentro. Me tardará mucho tiempo reponerme, si lo logro, por supuesto…
-Cositas como éstas, hoy por hoy, se efectúan millones al día, quédate tranquila, juntas lo pasaremos, ¿No confías en mí?
-No es eso, no dudo de tu amistad, tontona, segura de que estarás a mi lado como siempre, el problema soy yo y el que está en casa ¿entendés?
-Si, por supuesto, con tiempo todo volverá a su curso, ah! me olvidaba, él llamó a tu celular, contesté informándole que estabas ocupada y que lo llamarías mas tarde, el maleducado, por no catalogarlo con una grosería, me cortó el teléfono en las narices, qué tipo asqueroso tu compañerito, nena…
-Pensando mejor, creo que no actué como correspondería, Debo descansar unos días en tu casa, lo cual será un poco difícil de encubrir. No sé como me las arreglaré.
Siguieron charlando. Unas horas después, Sol la dejó en la puerta de su casa.

Respiró y entró.
Al traspasar la puerta percibió nubes negras, cargadas de furia, en el ambiente.
-¿Ernesto, estás en casa? Ya volví…
Un silencio se escuchó en toda la casa. Fue derecho al dormitorio, la habitación le pareció como después de un vendaval, todo revuelto, ropero, cómoda, mesas de luz, colchón, típica escena cinematográfica, posterior a un robo. Inclusive las valijas y bolsos de viaje, abiertos, desparramados por el suelo.
No entendía nada. ¿Ladrones? o ¿Quizás él buscó algo?
Volvió al salón. Marcó el número de su celular, escuchó la musiquita muy cerca, provenía de la cocina, -¿Esteban estás ahí?
Al entrar en la cocina lo encontró sentado, sobre la mesa una botella de whisky casi vacía, el cenicero repleto. No dijo una sílaba, los ojos como alfileres se clavaron en los suyos.
-¿Qué pasó Porqué estás así?
Saltó como un felino a su presa, el golpe de su mano, en el vientre de ella fue colosal, Martha se dobló como una bisagra, el segundo golpe lo recibió en la nuca, fue acompañado de un grito de animal enjaulado.
-Ramera, ¡te odio! te aborrezco… maldita ¡Vete, vete con tu compinche…buscona, te dejo en libertad para que tengas el tiempo de sobra para revolcarte en su cama…
Mala mujer…¡¡¡VETE YA!!! …

Con sus últimas fuerzas se recuperó, llego casi arrastrando hasta la puerta de calle, tomó la cartera y las llaves del auto y salió. Subió al coche con mucha dificultad, se miró en el espejito retrovisor, las lágrimas no alcanzaron a salir, estaban petrificadas en las cuencas de sus ojos. Sintió una puntada en el bajo vientre, quiso creer que comenzaba un derrame pues algo húmedo corría entre sus piernas. No esperó más, puso el vehículo en marcha, enfiló derecho a la clínica.
No obstante sus nervios al borde de la explosión, condujo con cautela, lo único que le faltaba era un accidente. Al llegar relató lo acontecido, la acostaron en una camilla y la llevaron a primeros auxilios. Aparecieron dos médicos que después de una corta revisación le informaron que debería ser intervenida quirúrgicamente de urgencia. Sin titubearlo aceptó. Alcanzó a dar el número de teléfono de su amiga y desapareció tras las puertas del quirófano.

Al abrir los ojos, distinguió una carucha conocida -¡¡Qué suerte Sol, como te extrañé!!
No terminó la frase y estalló en un torrente de lágrimas acumuladas, la bronca, la vergüenza, todo fue derramado en su llorido.
Sol se acercó para abrazarla, fuerte, fuerte, pero se aguantó, no quería producirle mas dolores, se conformó con un cariñoso beso y un apretar de manos caluroso.
-Ya pasó, cálmate chiquita, yo estoy aquí, a tu lado, quedáte tranquila, ¿O querés que yo también me ponga a llorar? Basta, por favor…

Pasó unos días de internación y fue dada de alta. Aceptó la esperada invitación de su amiga, para pasar un tiempito en su casa. Recibió unos medicamentos y una caja de analgésicos para los dolores. Se le aconsejó realizar cortas caminatas durante un tiempo y por supuesto terminantemente prohibido esfuerzos físicos por ahora. Lo del cuello, fue diagnosticado como un simple hematoma superficial, que se solucionaría con una cuellera.


Tercer capitulo
(El año pasado)

Al año siguiente del “incidente”, así lo llamaba Sol, trabajaba en una empresa especializada en la venta de implementos agrícolas; los dueños, familiares de su amiga, eran la mar de simpáticos, y la trataban como una más de la familia.
El trabajo consistía en centralizar los pedidos, repartirlos a las diferentes secciones, desmontar de la existencia, etc. No era pesado, no obstante pasaba muchas horas en la oficina.
El respetable sueldo le permitió el alquiler de un hermoso departamentito en un edificio céntrico. La vida le volvió a sonreír.

El jefe de la sección Contaduría la invitó a tomar una copa, una semana antes del Fin de Año. Para evitar un posible rechazo comentó que vendría con otro de los jefes, y consultó si sería posible extender la invitación a su amiga Sol, que pos supuesto la conocía y le consideraba una excelente persona, agregó que con seguridad pasarían una agradable velada.
Cosa extraña, no lo dudó, y aceptó la propuesta. Dejó descartada la reacción de Sol, la conocía suficiente.
Era la primera oportunidad en la que tendría una relación tan cercana con un representante del sexo opuesto desde el incidente.
Sol, al enterarse de la buena nueva, exclamó, -Tan poco tiempo en la empresa y ya te conquistaste a ese solterito; te comento que varias muchachitas le pusieron el ojo y se quedaron con las ganas.
-Despacito, nena, solo tomaremos unas copas, no exageres la nota. Ya te lo dije, no quiero saber nada más sobre asuntos hombres. Lo que pase me alcanzó.
-Bueno, bueno, no lo tomes a la tremenda, solo te comenté sobre el susodicho, ¿Mirá que sos quisquillosa!

El tema referido, fue mas de una vez comienzo de conversación entre las amigas, pero indefectiblemente suspendido. Por mas que Sol quiso en diferentes ocasiones salir con amigos, hacerla participar en reuniones, fiestas, siempre recibió la negación de su herida amiga,-Nunca más, ni siquiera intentarlo, ya tuve suficiente-

Pero el tiempo es enemigo de los recuerdos, en especial los tristes, y cuanto más dolorosos, mejor remedio,

Dos días antes de la cita decidieron, mejor dicho Sol propuso y ella aceptó, comprar algo nuevo, moderno, si es posible llamativo, para estrenar.
Sol se eligió, después de revolver cuatro boutiques, un blusón estampado de florecillas diminutas, muy mono, provisto de un atrevido escote, como era su estilo. Para ella compró una blusa turquesa muy fina, y un pantalón negro con un delicado cinturón.
En verdad, ella misma se sintió linda, inclusive atractiva, allí frente al espejo la noche antes de la salida. Una cierta sonrisa apareció en sus labios. Sol lo notó, y apretó sus mandíbulas, tragó saliva decidiendo evitar posibles reacciones no deseables.

Llegó la hora y allí salieron las dos amigas, todas elegantes y coquetas a la noche de los tragos.

Una reunión amena, charla sobre temas del día; el susodicho resultó muy simpático, de correctos modales, muy moderno en sus gustos, varios de ellos coincidentes con los de la nueva empleada. Sol propuso, no podía con su genio, seguirla en una discoteca no muy lejos de allí, los ojos del terceto coincidieron en ella. Sin dudar contestó que no lo creía conveniente y que no faltarían oportunidades. Nadie agregó palabra y se dio por finalizada la salida. Antes de despedirse, Ramón, el supuesto pretendiente, palpó la delicada situación y consultó la posibilidad de invitarla a un paseo el próximo fin de semana. Recibió un si rotundo. Alegre como un perro con dos colas, subió a su coche y salió despedido como una violenta ráfaga.

Salida siguió a salida. Las relaciones tomaron con notable rapidez una consabida seriedad y no tardo en llegar el día de plantar bandera y concretar el día para la ceremonia correspondiente, el casamiento.

Cada uno resolvió confeccionar la lista de sus invitados, concordaron que deseaban una pequeña reunión con no muchos participantes, exceptuados familiares por supuesto.
En aquellos instantes, ella dudó en sumar el nombre de Ernesto a la lista. Consultó el tema con Sol. –Ni se te ocurra, no seas loca, que reviente solo, es como debe pasar el resto de su vida, abusador y violento, no hagas papel de arrepentida, no le perdones su proceder, te lo digo por tu bien.

Ramón fue más sopesado en sus conceptos. Conocía por supuesto la triste historia de boca de su futura esposa. No obstante en su momento reaccionó en forma severa y repudió sobremanera el proceder de aquel hombre, respondió que a su parecer no correspondía que tal sujeto figure entre los presentes en el día tan significativo para la pareja. Reconoció que ella estaba en su legítimo derecho de cursar la invitación si así lo creía correcto.

El casamiento tuvo rebordes muy comentados en el que decir de la sociedad empresarial de la ciudad. En la página de Sociales, apareció la pareja en el momento de la puesta de añillos en una foto a todo color, Allí se informaba que inclusive el mismo Intendente de la ciudad figuraba entre los que brindaron con las copas en alto por la felicidad de los novios.
Como punto picaresco se destacó un arreglo floral , entre los numerosos que llegaron como presentes de familiares y amigos de la pareja; era una pequeña carroza, adornada al estilo navideño, con todos los elementos que correspondían, solo un detalle llamaba la atención: faltaba el conocido pesebre.



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@beto brom
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martes, agosto 11, 2009

Palomas blancas




Las miradas de los turistas convergieron en el campanario. Dos inmensas y relucientes campanas cumplieron su cometido. El sonido típico se dejó escuchar. Un golpeteo tras otro revelaron la hora: las 11 de la mañana. Los visitantes prepararon sus máquinas fotográficas y filmadoras. Todo estaba pronto. Las palomas aparecieron.

De la nada. De todos lados una blancura inmaculada cubrió el cielo como una inmensa nube de algodón.
El rito nuevamente se cumplía: 11 de noviembre, 11 de la mañana. Así contaba la leyenda, que pasaba de padres a hijos, ya cientos de años, ¿Quien sabe? quizás más.

A simple vista parecería un espejismo, producto de un delirio general. Estado de trance influenciado por un candente deseo de que aquello ocurriese.
Varios expertos en psicosis de masa estudiaron el fenómeno, sin llegar a resultados concretos, que pudieran o pudiesen ofrecer siquiera una mísera pista a tal incógnita.
Los turistas atraídos por los comentarios, llegaban por cientos. Desde tempranas horas ya llenaban las calles del pequeño pueblo. Los comerciantes del lugar se preparaban con varios días de anticipación para ofrecer sus mercancías y sacar buen provecho del ya famoso: "Día de las Palomas"

Entre las decenas de ornitólogos que dejaron sus pisadas por todo rincón posible, en busca de indicios que ayuden a descifrar el enigma, sobresalió un hombre joven, redondeando los cuarenta, acompañado por un perro de aguas; se instaló en el único hotel del pueblo, abonó la paga de un mes por adelantado y allí comenzó la historia que un día daría, con seguridad, que hablar en el pueblo y en la comarca toda, dando un toque de modernismo a la anciana leyenda, realzando la existencia del pueblo que a penas significa un puntito en el mapa de la zona.

"Profesor de las palomas", fue el apodo que le otorgaron los pueblerinos a nuestro experto colombófilo.
Como punto inicial, era primordial precisar la casta a la cual pertenecían dichas palomas.
Anotó en sus carpetas:

Variedad: de toca o monjil.
Color: regularmente blanco.
Medidas: desde el pico al extremo de la cola> 36cm. y 70 de envergadura.
Particularidad: sobre la cabeza una porción de plumas largas que caen por los lados.
Hábitat: anida tanto en los montes como en las torres de las poblaciones.

Todas las mañanas, acompañado de su fiel amigo, el dúo partía en caminatas hacia las afueras del pueblo. El canino siempre delante, husmeando todo lo que se presentaba frente al hocico. El investigador se detenía ante todo arbusto, planta u árbol, anotaba, y proseguían en el camino. Pretendía una explicación, el porqué de la atracción de las palomas hacia aquél lugar. ¿Qué motivo estaba encerrado en aquella particular zona? ¿Porqué llegaban allí al mismo tiempo, quien sabe desde qué distancias?

Durante las tardes concurría a los bares. Cada día a otro, se mezclaba entre los vecinos, tomaba una copa, charlaba con u otro de los parroquianos.
Cierto día recibió un dato que con certeza lo ayudaría. A las afueras del vecindario, unas cuantas decenas de metros de la salida norte, comenzaba una zona en la que la vegetación era muy espesa, abundaban inmensos y añejos árboles. Allí dentro no muy lejos se encontraba la cabaña de Don Sacarías. Ermitaño, que su afán y amor a las palomas lo obligaron a distanciarse del resto de la pobladores. Era un palomero propiamente dicho, así lo catalogaron los vecinos del pueblo.

Consultó con el comisario local sobre dicho hombre. El hecho de optar por mantenerse distanciado del resto, explicó el agente, lo convirtió en un renegado, agregó además, que no faltan los que lo califican como descarriado.

DinDon, el perro del "profesor" se adelantó por el camino que penetraba en el bosque. Un centenar de palomas revolotearon sobre los inesperados visitantes.
Un hombre de elevada estatura apareció en la entrada de algo semejante a un refugio montañoso. Saludó, elevando su mano.
En pocas palabras el visitante lo hizo participe de la razón de su llegada hasta allí.

-El motivo de la llegada de las palomas no es ningún misterio- Afirmó el palomero.
-Nadie conoce la causa. Entendidos en la materia realizaron estudios, visitaron el pueblo y la zona sin llegar a permitirse una idea somera sobre el enigma- Agregó el asombrado investigador.

Sentados en una hamaca bastante rudimentaria, amarrando unos considerables vasos de cerveza, entablaron una larga conversación sobre vida y costumbres de aquellas que vuelan. Significan para uno su vida y para el otro su profesión.

-Nuestras amigas- continuó su relato el viejo solitario- Tienen devoción por ciertos árboles que, creo, sólo existen en ésta región. Ellos dan un fruto muy dulce que las embriaga a tal punto que aprovechan para los filtreos y otras ceremonias, previas a la unión natural que asegurará la continuación de la especie.
-¡¡Así de sencillo!! exclamó estupefacto nuestro "profesor".
-Con respecto a la fecha, en las primeras semanas de Noviembre dichos frutos se abren y ello dura exactamente 24 horas- y agregó- No me pregunte la causa, ello no lo sé- agregó el palomero casi disculpándose.

De regreso al hotel, el joven investigador, no obstante faltaban unos días para cumplirse el mes de su estadía, preparó sus maletas y agradeciendo los servicios prestados se retiró del establecimiento.
Tenía deseos de entrar a uno de los bares para relatar lo descubierto allí en el bosque en boca del ermitaño palomero. Optó por callarse y guardar el secreto.

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Beto Brom


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lunes, junio 08, 2009

Altos decibelos del silencio




El telón permanecía abierto.

La minúscula utilería mostraba una sala de casa de familia, un sofá grande con unos almohadones, a sus costados dos lámparas de pie encendidas, una mesa ratonera larga frente a él, repleta de vasos, copas y platos apilados; a simple vista usados, a entender por las botellas vacías en número no despreciable.

En el medio del predio una enorme mesa de madera antigua, las sillas que constituían el juego, desalineadas como después de una reunión, fiesta o evento similar.
Una pila de diarios, destacaba su presencia, al igual que decenas de libros desparramados sobre la impactante mesa.
En un rincón un tanto alejado un pequeño sillón, como abandonado, de color rojo fuego; no obstante su lejanía del centro del escenario, invitaba las miradas de los espectadores sentados a la espera del comienzo de la representación teatral.
A juzgar por los cuadros colgados en la pared del fondo, los dueños de casa, gustaban de motivos campestres, naturaleza resaltada en colores y matices que otorgaban una sensación de calma, que parecería interrumpida por el desorden reinante en dicha habitación.

No se escuchaba música ambiental, propia de puestas en escena acostumbradas; el silencio ocupaba forzosamente los sentidos, en especial los auditivos, del público, resultando como un grito de atención frente a lo que allí ocurriría.

La puerta, situada en la parte izquierda del escenario, pegada a lo que pareciera una pieza contigua, se abrió y un hombre entrado en años pasó sin cerrarla, se dirigió al sillón rojo, y mientras sacaba de uno de los bolsillos de su abrigada campera unos papeles, tomó asiento como desplomándose en el.

Una luz amarillenta alumbró aquella parte de la escena.

Montó frente a sus ojos un par de anteojos que le colgaban del cuello, y dio a entender que leía lo escrito en dichos papeles.

Transcurrieron ciertos minutos, que parecieron largos, mas nuestro señor, por lo visto absorto sobre manera en la lectura, solo atinó a reacomodar sus lentes, cambiar de posición y acercar la pequeña lamparilla sostenida de la pared cercana al sillón.

Dejó de leer, se levantó, por lo visto en la expresión de su cara, malhumorado, se acercó a la mesa del centro, revolvió entre los diarios, tomó uno y retornó a su sillón.


En una mano las hojas del diario seleccionado, y en la otra los susodichos papeles continuaron ocupando en forma intensiva al nervioso personaje a decir por la fruncidas del ceño, y la tensión de su cuerpo fácilmente notoria desde la platea.

A los escasos segundos, por lo apreciado, llegó a un punto crítico, importante de la lectura, que le ocasionaron un notable trastorno, produjeron un temblor en todo el cuerpo, arrojó con furia papeles y diario al aire; a pasos acelerados salió de escena atravesando la puerta abierta, por donde hizo su aparición.

Se escuchó un golpe de puerta, ruido de una caída de algo al suelo, otro golpe de otra puerta cerrarse con mucha fuerza, a entender por el estruendo escuchado.
Nuevamente pasos enérgicos. Apareció con los ojos, podría decirse fuera de sus órbitas, en una mano portaba un revolver, la lectura descalabró aparentemente su estado anímico, vociferaba con la boca cerrada.

Levantó en forma agresiva los papeles diseminados por el piso, con su mano libre, los metió dentro de uno de sus bolsillos. Paso seguido pisoteó la hoja del diario; estaba fuera de si, caminó hacia un lado, dio unos pasos, volvió al sillón, se sentó y volvió a pararse, sus nervios exaltados no le permitían controlarse.
Miró sin ver a su alrededor, parecería dispuesto a tomar decisión sobre su accionar. Se acercó casi al límite del escenario, frente al público auscultó uno a uno, como buscando ayuda, sus facciones eran duras, un cierto sudor fue perceptible en su rostro.

Mas de uno de los espectadores, aterrados por el desenvolvimiento de la trama, quizás se ofrecerían a dar una mano al desesperado, pero nadie atinó siquiera a moverse.
Éste, levantó frente a si el arma empuñada, la miró con extrañeza, sin comprender el significado de su existencia, acercó su otra mano como ayuda para sostener aquel raro artefacto. Era con seguridad el momento crítico.
El silencio fue en aumento, era posible escuchar los latidos apresurados del corazón de aquel sujeto, sus ojos perdieron luminosidad, un leve carraspeo quiso romper el silencio reinante.
Todos esperaban un desenlace ya próximo, la tensión en la sala era escalofriante, una ráfaga helada cubrió el ambiente; el descarriado optó por volver sobre sus pasos dirigiéndose a la pieza continua. La puerta se cerró.

Un susurro de un parlante quiso llamar la atención del público clavado en sus asientos.Una suave voz de mujer se dejo oír, por intermedio de parlantes, en toda la sala del teatro:

*Mi triste corazón no me permite continuar llevando esta vida doble. Siempre te querré, de ello no hay duda, has sido para mi, un todo, y quizás más. No te arrepientas de haberme querido, no te ofrecí posibilidad distinta. Lo que por mi has hecho no tiene recompensa. Tu amor sincero, aceptó todas las inclemencias del tiempo a mi lado. Soy culpable, sin serlo, me obligo a sufrir sin merecerlo. Tu dimensión es comparable al vuelo de la paloma de la Paz, aquella que busca eternamente llegar a tierra firme. Mis costas no son buenas, las arenas están pisoteadas por huellas extrañas. Olvidar no puedes, amarme es fuera de tu alcance. Mi pensamiento vuela sin cesar, como un sentimiento en un camino errado. No me esperes, yo continuo aguardando tu llegada*

Se escuchó un ensordecedor ruido, típico de un disparo de arma de fuego, las paredes del teatro no pudieron sostener el impacto, la acústica del techo refutó en los tímpanos de los espectadores. Más de uno saltó en su butaca, hubo quienes exclamaron un gritillo de susto…
Lentamente fue cayendo el telón.

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@Beto Brom

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