jueves, julio 29, 2010

Retorno a las fuentes (crónica de un viaje a la hermosa Argentina

Capítulo uno



Como el comienzo de un sueño fue nuestra llegada a la ciudad mas austral del mundo, Ushuaia. Gente sencilla, simple, y lo más acogedor, simpática, contentos de recibir visitantes y en especial argentinos, como si les otorgáramos un regalo el hecho de haber llegado hasta allí.
¡estamos en el fin del mundo!



Instantes previos al viaje en el "Tren del fin de Mundo"

Ellos así lo consideran y en verdad es la sensación al caminar por las calles de aquella peculiar ciudad.

Por supuesto viajamos en el *Tren del fin del Mundo*, no es posible perderse dicha posibilidad. Es réplica auténtica del tren utilizado por los presos de la cárcel de antaño, asinados en miserables galpones como castigo a sus faltas con respecto a la sociedad; éste tren los llevaba díariamente desde la cárcel a las canteras. Todo se realizaba por medio de dicho tren.
Aquellos convictos fueron los primeros pobladores blancos llegados a estas inhóspitas tierras tan alejadas de la civilización. La historia de los aborígenes es tema de estudio aún hoy en día. Museos y exposiciones narran sus costumbres y formas de vida. Dos son los temas primordiales en los que los guías basan sus narraciones, los presos y los aborígenes.

El paseo al lago Roca es obligatorio, una belleza sin igual, la naturaleza en su esplendor.

Una experiencia casi de película: llegamos, en un jeep bien equipado, a un predio dentro del bosque, a unos kilómetros de la ciudad.
Una pareja, construyó, hace unos diez años, una pequeña cabaña, que con el corredor de los años fue tomando una gran dimensión.
Resulta que a unos metros de allí se expande una zona de pequeños riachuelos, que corren entre árboles y malezas. Allí una yunta de castores tienen su hábitat natural, junto a cuatro descendientes. Como es su costumbre construyeron un pequeño dique, que les proporciona un considerable laguito para sus menesteres.
Vestidos con botas y capuchones especiales(estaba lloviendo) nos internados en el bosque, tras el guía, conocedor y admirador de estos animalitos, hasta llegar ,luego de aproximadamente una hora de caminata a un claro.



Todo preparado para la excursión a los diques de los castores

Una vez allí quedamos apostados a la espera de los dueños de casa, quienes acostumbrados a las visitas no tardaron en aparecer.
Sabidos de que no corren peligro alguno reanudaron su ardua e interminable tarea, la manutención del susodicho dique, de lo contrario la fuerza del río acabaría con su hogar.
Y allí iban y venían de un lado a otro, de costa a costa, trayendo una rama, un pequeño tronco, sin descansar, una y otra vez...



Uno de los dos niños de la pareja, en plena tarea


Observar el trabajo de estos roedores, su persistencia, su afán de cuidar su casa, por así llamarla, padres e hijos, sin chistar, cada uno sabedor de su misión, nos brindó, a todos los presentes un ejemplo digno de recordar.
Al volver a la cabaña nos esperaba una sorpresa, muy alagadora por cierto.

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CONTINUARÁ

beto brom

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