martes, agosto 31, 2010

Retorno a las fuentes (crónica de un viaje a la hermosa Argentina

CUARTO CAPÍTULO


Un corto viaje en micro nos llevó a Puerto Natales (Chile)
Punto neurálgico, de allí parten todas las excursiones que cubren aquella zona tan agraciada por la madre natura.

En si, un pueblito viejo, sus casas, la mayoría de chapa, nos permite deducir que se trata de una población de pocos recursos.
Muchos hoteles, pensiones y albergues juveniles. Infinidad de mochileros, de todo el mundo, deambulan por la calle principal, único centro de movimiento.
Barcitos, casa de comida y compañias de transporte son el foco de atracción de todos los visitantes.

La principal meta de todo el que llega allí es sin duda Las Torres del Peiné(Chile).

La excursión la realizamos junto con un grupo de brasileños que nos alegraron el viaje durante todo el trayecto.



El camino bordea unos cuantos lagos, uno de ellos resultó algo especial; sus aguas blanquecinas, lechosas, todo parecía estático, ayudaba la baja temperatura que, acompañada por el fuerte viento nos obligó a permanecer un rato con la mirada fija en aquellas demasiado tranquilas aguas. Es destacable que montañas con sus cúpulas nevadas cierran esta especie de cuadro impresionista.

A pocos kilómetros de allí, empezamos a observar las ya famosas Torres. Bajamos del vehículo para captar, con todos los sentidos aquella hermosura. Allí no muy lejos, se erigían majestuosas, como expresando: - ¡Aquí estamos para que nos aprecien! – Son tres imponentes picos de montañas ensimismados como hermanos con la nieve coronando sus alturas. Luego del primer momento de éxtasis frente a tal regalo a los ojos, centenar de fotos guardaron aquél inolvidable espectáculo natural.



El tenaz viento no quiso abandonarnos, a decir de la avezada guía, una pequeña jovencita lugareña, la velocidad del susodicho, cerca de los cien km/hora.
Durante la excursión, una llovizna se presentaba de tanto en tanto como para mostrarnos todos los trucos que aquellos lugares podrían ofrecer.

En una de las paradas, la lluvia demostró su máxima fuerza, un torrencial propiamente dicho; la guía seguida del contingente, encaminaron, provistos de capuchas, capas y otros elementos, hacia la desembocadura de un río que forma una hermosa cascada.
Esto me lo comentó mi media naranja al regreso de aquella mojada caminata, pues este haragán prefirió quedarse dentro del micro con el chofer.
Mientras tomábamos un café, aprovechamos a charlar de todo un poco. Las palabras nos llevaron a comentar sobre la vida, trabajo y demás. Entré en confianza y consulté sobre el estado tan precario del pueblo, la respuesta no tardó en llegar.
El conductor hizo hincapié en los 30 dolares que cada uno de los visitantes deben abonar para entrar al Parque Nacional, donde nos encontrábamos, que multiplicado por los miles que lo visitan resulta un monto extraordinario de dinero; por lo visto nada queda para el pueblo, con la consiguiente amargura de los pobladores. “Cosas del gobierno” agregó desahuciado.



El almuerzo lo compartimos todos juntos alrededor de una larga mesa. Una sopa de verduras muy apetitosa nos reconfortó. Entre las risas, unas canciones, en portugués por supuesto, de nuestros amigos cariocas, pasamos un singular momento.



CONTINUARÁ

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beto brom


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