CRÓNICAS DE VIAJE

lunes, marzo 23, 2009

Uno de esos días

...y de pronto cayó la tarde, llegaron esas horas que no se sabe a ciencia cierta a quienes pertenecen, el sol no mira hacia atrás, no sabe ni conoce de su existencia, su labor ha finalizado, va en marcha hacia otro día. .. la noche, como la del estreno, ocupada en sus últimos detalles, su función en momentos dará comienzo. . .

Ella aguarda sumida en sus pensamientos, la intriga superó en aquellos instantes a su desechada curiosidad, una vez más la pregunta revolotea, no es capaz de saciar su desenfreno, él prometió, ¿cumplirá?

Las farolas expanden su luz sin consideración, incluso los rincones, guarida de las sombras, muestran su desconcierto, ¡que descaro! gritan en su silencio, rezagados pajarillos desesperan en busca del refugio nocturno, el cielo rojizo no escatima esfuerzos, el escenario natural de las entrevistas pronto a cumplir su cometido.

Él se encamina a paso acelerado, el primer encuentro es el que cuenta, según consejos de amigos expertos en la materia.
Ansiedad en demasía, le resulta dificultoso respirar, con seguridad ella impaciente por su tardanza resolvió retroceder en su decisión. Apretó el paso.

La glorieta pareciera cubierta por un manto de rocío tempranero, en un costado la silueta de ella se dibujó adquiriendo un color púrpura, quizás a semejanza de los latidos de su corazón.
No hubo sorpresas ni exclamación alguna, la unión de sus manos sellaron aquel compromiso mantenido en secreto tan largo tiempo.

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@beto
DERECHOS RESERVADOS

jueves, marzo 05, 2009

Aguas místicas



















PRIMER CAPÍTULO


Las olas golpeaban, sin misericordia, sobre las gastadas paredes de las centenarias rocas semi sumergidas en el revoltoso mar. A escasos metros descansaba la orilla plana como a la espera de alguien para dejar sus huellas grabadas en ella.

Era la hora en que Federico y su pandilla, como todas las tardes, venían a corretear a lo largo de la playa. No obstante conocían todas las entradas y salidas del agua entre las caprichosas formas y desniveles de las rocas, siempre encontraban alguna nueva protuberancia sobresaliente, o una escondida fosa que no era visible a simple vista. Lo mas interesan­te, y ello se había convertido en su principal ocupación, era buscar, a veces con suerte, elementos traídos por las aguas, que las olas los acercaban a la orilla, quedan­do, a veces, estancados entre las rocas. Comúnmente eran trozos de maderas, ya casi ne­gros, resbaladizos, endurecidos por el viento, el tiempo y la sal.
Ciertas veces el azar les sonreía, los sorprendía un trozo de tela raída con rastros de quizás una inscripción, pues las letras eran casi indescifrables, era suficiente para iniciar una discusión entre ellos sobre si era una b o una p, una e o una i, grandes dudas y muy difícil ponerse de acuerdo. Lo que se decidía ser de importancia y de valor, se guardaba en el cajón, desti­nado a tal fin, que estaba en el viejo galpón del carpintero del pueblo, el cascarrabias Don Pedrín. Éste, les había permitido depositar allí, en un obscuro rincón del recinto, un cofre de hierro con un oxidado candado; la llave la cuidaba, por turno, uno de los muchachos, según una lista que confeccionaban una vez por mes.

Aquella tarde, al igual que las últimas anteriores, transcurrió sin hallazgos especiales. Unos metros antes de subir por la pequeña colina para alcanzar el camino de vuelta a casa, un resplandor alumbró los ojos del más chico de la pandilla, el enanito, apodo que recibió el pequeño Martín, de sus amigos más grandes. Se paró, miró y salió corriendo hacia la luz; los otros al verlo correr, lo imitaron sin saber la razón de la corrida del pequeño. Todo el grupo se detuvo a escasos dos metros del lugar; se percataron de la pequeña botella estan­cada entre dos rocas, como pidiendo socorro, para ser rescatada de sus o­presores lo mas rápido posible.

La pandilla reaccionó, como era de esperar, y a los pocos minutos estaban todos sentados en la arena alrededor de la botella. La estudiaron detenidamente, era completamente transparente, dentro había un trozo de papel; trataron, en vano, de abrirla; el tapón se resistió tenazmente a dejarse vencer. A medida que los minutos pasa­ban, la ansiedad, el encuentro con lo desconocido, aumentaron mas aún la curiosidad.
Faltó poco para que el enano, que la tenía entre sus manitas, la rompiera contra las piedras con el propósito de apoderarse del contenido, el susodicho trozo de papel allí guardado, quién sabe cuanto tiempo. El grito desaforado y ame­nazador del jefe, Federico, lo paralizó, al igual que al resto de la pandilla. Le arrancó la botella de la mano, explicó que quizás, al estar tanto tiempo cerrada sin aire, el contacto repentino con el mismo, al abrirla, podría hacer un efecto sobre el papel, quizás irreparable, llegando posiblemente a convertirse en polvo.
Recapacitaron durante un tiempo y decidieron llevarla al pueblo, contar lo acontecido y recibir la opinión del viejo amigo Don Pedrín, que seguro los ayudaría.
Hacia allí fueron todos en banda. El sol que ya había terminado su función del día, convirtió el camino en algo un poco problemático, ¿o quizás fue el nerviosismo la razón?

Llegaron al galpón, no había luz. Pensaron que el cascarrabias está ya acostado, no convendría molestarlo, lo más prudente sería guardar la botella en el cofre y esperar hasta la mañana siguiente. Sin consultarlo con los demás, Federico se acercó a la parte de­lantera de la casa, golpeó suavemente unas dos o tres veces sobre la puerta; la voz chillona del viejo no se dejo esperar:
-¿Qué quieren meque­trefes? ¡¡Vengan mañana!! –
-Es urgente, no podemos esperar, por favor don Pedrín, abranos, ¡¡por favor!!

Se escucharon unas maldiciones, murmullos indescifrables, con enojo y furia. Todos se pusieron detrás del jefe, sin chistar.
Se abrió la puerta de un sopetón, allí estaba el dueño de casa, to­do él, casi dos metros de altura, con una especie de escopeta en la mano, preguntó gritando:
-¿Qué se les ofrece, mocosos?
Con unas pocas frases, entrecortadas, sea por el miedo o por la vergüenza, explicaron la razón de su inesperada visita nocturna.
Les permitió entrar, alumbró la habitación, desocupó y acercó una pequeña mesa, se acomodó en un destartalado si­llón, y exclamó:

-¡Pónganla que la veamos a la luz! Y cosa de mandinga, el vidrio se volvió opaco, no se podía ver nada a través del mismo; el vie­jo los miró y preguntó:
-¿Dónde está el papel?- Le contaron que allá en la playa, con la poca luz del día, lo vieron perfectamente. La tomó en sus manazas, la estudió detenidamente, una y otra vez, dijo:
-Esta botella estu­vo en el mar muchisimo tiempo, ¡muchisimo! ¿Uds.quieren que la abra?
-¡¡Si!!- contestaron todos al unísono.
-¿Para qué? Yo opino lo contrario- manifestó el viejo- ¿Quién sabe lo que encontraremos dentro? ¿Quién sabe lo que estará escrito en dicho trozo de papel? Quizás una maldición que recaerá sobre el que la abra.¡No!, me opongo, soy lo bastante viejo para correr esos riesgos. Llévensela, déjenme en paz, fuera..., suficiente por hoy,¡¡vayanse!!
Y entonces, como si estuviera ensayado, se pararon todos frente a él, sin pronunciar palabra, agarraron la botella, como si fuera una arma apuntaron hacia él, de un modo amenazante. Pasaron unos pocos segundos que parecieron siglos, el anciano, percatándose de la irrefutable decisión, la tomó nueva­mente entre sus manos y refunfuñando, dijo: -Está bien, siganme al taller.

Hacia allí enfilaron como soldados detrás del oficial. Ya en la carpinte­ría, calentó un hierro fino, volcó unas gotas de un líquido marrón sobre el tapón, y lentamente procuró introducirlo a través del mismo. No dio resul­tado; volvió a repetir el proceso, ¡y nada!. Trajo un latón, lo llenó de agua, introdujo unos trocitos de una especie de goma o brea, para luego sumergir la botella dentro.
A los pocos instantes el vidrio recuperó su transparencia, y nuevamente se pudo observar el trozo de papel que yacia en su interior.
Acto seguido, el anfitrión, tomó con una mano la botella, y con la otra acercó un pequeño soplete, que arrojaba una fina llamarada azul y roja, al cuello de la misma. Ante el asombro, el caprichoso tapón empezó a desintegrarse, cayendo, en peque­ñas gotas, en el recipiente; cuando desapareció por completo, introdujo una fina pinza y extrajo el deseado papel.
Lentamente lo depositó sobre una pa­ño, colocado previamente sobre una mesita, y ayudandose con diminutas pincillas, lo fue desenrollando.
Mientras tanto, él como los purretes estaban mudos, a la espera de conocer lo allí escrito.
A los pocos instantes el papel estaba abierto y ante los ojos de los presentes aparecieron unas misteriosas lineas y garabatos, y además, a un costado, una especie de dibujo,o quizás un mapa.
Todos observaron anonadados, sin decir palabra. Don Pedrín se levantó y volvió a los pocos instantes con un par de anteojos; nuevamente se sentó y comenzó a estudiar de cerca lo allí escrito. Al cabo de unos minutos, entre cansado y confundido, exclamó:
-¡No entiendo nada! parecería una broma, pero... quizás sencillamente sea un idioma el cual yo no conozco y por ello me parece sin sentido, no obstante el hecho de haber sido sellada la botella en esta forma, sumado a ello que fue encontrada en el mar, y, como les dije, estuvo allí muchísimo tiem­po, no deja de parecer algo real y verdadero, arrojado por alguien que quiso avisar algo, o pedir ayuda en un momento de desesperación.

La envol­vió cuidadosamente en el paño, trajo una cajita de madera, la colocó dentro y la entregó a Federico.
-Cuidenla, ¿Quién sabe que secreto o noticia, hay aquí encerrada? No los puedo ayudar, lo siento de corazón, les recomiendo que viajen a la ciudad y busquen al relojero chino, él vive en la parte vieja, ese anciano conoce mucho mundo, recorrió lugares muy alejados y extraños, muchos idiomas y lenguas no le son extrañas. Es posible que puede ayudar a descifrar la incógnita- Les auguró mucha suerte.

Guardaron la valiosísima cajita en el cofre del fondo del depósito y cami­naron rumbo a sus casas, quedando en encontrarse al mediodía siguiente en la playa, en el lugar de siempre.




SEGUNDO CAPÍTULO

Llegó el día. Mucho antes de la hora acordada, ya esta la pandilla en ple­no, esperando en la puerta de la carpintería; al verlos tan temprano, salió el viejo Fermín para preguntarles la razón del encuentro, al enterarse, corrió hacia su casa, exclamando: ¡Esperenme, yo también voy!
Al aparecer la camioneta, viendo el conductor quién se acopló al viaje, y obviamente encantado por tan amable compañía, consultó sobre el moti­vo de tal viaje.
Al recibir la inesperada respuesta no supo lo que decir y se mantuvo sin abrir la boca durante todo el trayecto.

Llegaron a destino. La banda, acompañada por el carpintero, se bajaron en la parte vieja de la ciu­dad, la camioneta siguió su curso.
No les fue difícil encontrar la relojería del chino, así lo llamaban los vecinos.
Era un pequeño local con una puerta y un escaparate al costado, en el cual se exhibían varios letreros de propaganda de relojes de marcas no conocidas. Abrieron la puerta y entraron.

El olor al principio fue chocante, pero luego acogedor, no había mucha luz, aquí y allí plantas con flores exóticas, un pequeño mostrador con vitrina en la parte inferior, en el cual estaban esparcidos una decena de relojes de todo tipo; un gran reloj de pie en un costado del recinto, de madera tallada, color obscuro, muy bonito, mejor dicho impactante, justo en aquellos momentos marcaba las nueve de la mañana, saludándolos con sus sonoras campanadas.

El anciano relojero apareció desde la parte trasera vestido con ropas muy especiales. Los chicos no imaginaron que se vestían de esa forma en aquel país.
Les dio la bienvenida a su casa, así la llamo, pues el vivía en la parte trasera del negocio. Ofreció unos pequeños taburetes de paja y madera, los colocó en semicirculo, frente a un hermoso y adornado sillón, en el cual se sentó.

Preguntó a que se debía tal agradable visita, de gente procedente de las afueras de la ciudad.
Don Pedrín, tomando rienda del asunto, explicó en pocas palabras el motivo del viaje y expresando el pedido, no sin antes agradecer de antemano, el que los haya recibido en su ca­sa, recalcando el reconocimiento por tal hecho.

El anciano solicitó la bote­lla, la depositó sobre su falda y la examinó con cautela, pues lo consideraba un objeto valioso y frágil; de aquella forma se expresó.
Extrajo el papel, lo acercó a sus ojos achatados, y dijo:
-Este papel es de Mongolia, ya no se fabrica, se dejó de hacerlo hace más de dos centenios, era el tipo usado únicamente por la Casa Real. Es mas, hay uno o dos documentos, en dicho papel, únicos en el mundo, hasta hoy guardados en el Museo Nacional de aquel país. Lo aquí escrito es un dialecto reservado y permitido únicamente a la familia real de aquel entonces. Dicha razón me impide leerlo, cometería un sacrilegio y falta de respeto ante aquellos dignos y honrados personajes, hoy históricos.

El silencio dominó el pequeño negocio. Nadie atino a perturbarlo. El diminuto anciano se levantó de su sillón, traspasó la cortina que conducía a la parte particular, y volvió a los pocos minutos con un bandeja, en la cual había una jarra llena de un líquido celeste y vasos para todos; la colocó sobre un tronco truncado en el medio del círculo, ofreciendo el refresco.Tomaron; mientras, el relojero fue camino a unos estantes repletos de libros, situados al fondo del recinto; tomó un grueso volumen de tapas blancas y volvió a ocupar su asiento.

Murmuró unas silabas inentendibles, juntando sus manos con las palmas para arriba y les dijo:
-Leeré un párrafo de este sagrado libro, legado de mi abuelo al fallecer:

* *
Cuando lleguen a tus manos, y no por desearlo, sino porque así lo decretó el destino, escritos nacidos en casas reales, conventos, o casas del más
supremo, no te estará permitido tratar de entenderlos, y no se perdonará en su defecto tal culpa
* *

El anciano dejó de leer, levantó la vista y los miro a los ojos uno a uno; luego continuó en la lectura:

* *
Única circunstancia en la que se te permitirá compenetrarte en las ideas allí vertidas, es la decisión previa, en forma unánime e inquebrantable,
tuya y de los que quizás te rodean en dicho momento, de guardar en secre­to, todo lo leído. Bastará para ello completar sin miramientos el rito de °palabra en silencio° pues el honor esta en juego.**

Cerró el libro. Lo devolvió al estante y dirigiéndose a los allí sentados, expresó:
-Estoy seguro que todos uds, estarán ansiosos y faltos de pa­ciencia. Les trasmití lo necesario, ahora está en vuestras manos la palabra final.

Federico, miró de reojo a sus compañeros, y, pidiéndoles así, quizás permiso, a ellos y a Don Fermín, respondió, a su manera, su firme decisión de acceder a realizar lo necesario, para conse­guir en forma correcta y permitida, la lectura y comprensión de lo vertido sobre dicho papel.
Sus palabras fue aprobadas por el an­ciano, pero nuestro carpintero, un poco nervioso, quiso averiguar en que consistía el susodicho"rito".
La respuesta que obtuvo lo dejo perplejo:
-¡¡Se acepta o no!! Afirmó, en forma categórica, el ancia­no relojero- Los detalles se conocerán mas adelante.
-¡Entonces no!- se disculpó Don Pedrín -Agradezco su amabilidad, apruebo su cortesía, pero no considero correcto, de mi parte, y a mi edad, aceptar
compromiso tal, sin saber de antemano los pormenores pertinen­tes- Saludó con un fuerte apretón de manos al amable chino, y dirigiéndose a los muchachitos les anuncio que los esperaría en el café situado en la esquina a escasos metros de allí, y salió.




TERCER CAPÍTULO

Fueron conducidos a la parte trasera del negocio, atravesaron una pieza bastante amplia y salieron a un patio pequeño, lleno de vegetación, flores y una fuente
llena de agua en el centro.
El organizador de la ceremonia encendió una antorcha, ubicada en el medio­ de la fuente, arrojó pétalos de rosas blancas y rojas, y les pidió descalzarse.
Deberían entrar en la fuente y man­tenerse parados. El agua que les llegaba a las tobillos, era fría y transparente.
Se les aconsejó tomarse de las manos, con la finalidad de formar un círculo y evitar una posible violación externa y/o perdida de sus fuerzas conjuntas.
Acto seguído desenrrolló el papel, lo miró, y mostró a cada uno, volviendo a colocarlo dentro de la botella. La cerró con una especie de pañuelo, dejándola flotar dentro del círculo humano. La botella dio unas pocas vueltas sobre si misma, sin explicación lógica se dirigió al centro, como atraída por un imán, hacia la antorcha. Se volvió opaca, por unos instantes. El anciano retiró la botella de la fuente y apagó la antorcha.
Los presentes mudos, como estatuas, sólo atinaron a mover sus cabezas de un lado y otro, para no perder ningún detalle de lo que ocurría a su alrededor.
El chino desapareció. Pasó bastante tiempo, el silencio era insoportable, nadie atinó a interrumpirlo. Era lo pactado.
La posición, la falta de movimiento, y el frío del agua, lentamente actuaron haciéndose sentir.Vis­lumbrandose un leve cansancio y malestar.
De pronto, y por suerte, el anciano reapareció, esta vez ataviado con vestimentas muy sin­gulares, asemejandose a un sacerdote o algo así, lo que exigía cierto respeto. Tal aspecto, de alguien que emana pureza, fue interpretado con cierta duda y extrañeza.
Por sus propias cuentas entendieron que deberían salir de la fuente. Se sentaron en las piedras que estaban des­parramadas por el jardín. Él también se sentó entre ellos. Comenzó a leer, ¡por fin! lo escrito en aquel extraño y noble papel. Lo siguiente es lo escuchado por los infantiles oídos:
­

°°°
bendición reci­ba de los siete cielos, tenga paz interior, y su aureola mantenga siempre su celeste tonalidad, a quien llegue a sus manos, este escrito. Os ruego, encarecidamente, que vuestra paciencia permi­ta entender mi plegaria. Mi sufrimiento va más allá de lo físico y conocido, mi malestar es interno, cada partícula de mi pobre cuerpo enfermo, reclama misericordia, mi pesar nada se compara a lo narrado vez alguna, mi cautiverio está sellado a causa de la negligencia de mis familiares, mi libertad anulada por la ignorancia de los que me rodean. Mi padecer es fruto de mi imaginación, la cual me permite ver y apreciar fenómenos que ellos ni siquiera comprenden, y, por consiguiente, contradicen. Estoy por encima de sus mentes pequeñas, subdesarrolladas y carentes de posibilidad capáz de comprender mi supremacía sobre ellos. Es por ello que no los culpo, al contrario, los compadezco y perdono.

Mi final es previsible, y esperado. Sólo yo se cuando ocurrirá, pues está en mí la decisión, y ésto, ellos lo ignoran.
Cuan­do este escrito llegue a vuestro poder, ya no estaré en este mundo, no obstante, desde el más allá, desde el mundo verdadero, y según vuestra reacción, se me permitirá condu­cirte por el acertado camino que deberás atravesar, en ese delicado y peligroso mundo, para completar la primera eta­pa de tu existencia. Nací privilegiado, tengo facultades situadas por sobre la voluntad o deseos de mis semejantes cerca­nos.

No soy superior a ellos, simplemente poseo poderes que se me otorgaron para efectuar actos que llevarán a mejorar y quien sabe tal vez cambiar el dolor y el sufrimiento que padecen gran parte de los que pueblan este mundo, por bien­estar, salud y paz.
No se me permite salir de estos pequeños y fríos recintos, donde estoy encerrado. Al carecer de libertad me es imposible ayudar a los necesitados, finalidad a la cual estoy destinado. Es por ello que opté por esta casi exclusiva posibilidad, dado que una de las ventanas situada frente al mar; apro­vecho así poder hacer conocer mis ideas, mis facultades y por lo menos con un suspiro de esperanza, conseguir ofrecerme a mis semejantes. Todo aquel que tuviera la oportunidad de leer este manuscrito, tenga la certeza que gozará de una fuerza invisible que lo guiará, siempre que así lo desee, para apreciar todo en forma clara, para así, resultare más fácil resolver problemas, encontrar rápidas y correctas respuestas a todos los obstáculos que obstaculicen su camino.
Además, la verdad siem­pre se mostrará frente a él; el amor y la comprensión serán los que alumbren, como antorchas, vuestro camino.

No trate de buscar explicaciones; tome el hallazgo como tal, hágalo suyo y poséalo en su totalidad. Nadie ni nada logrará privarlo de su propie­dad.
Sólo un requisito es imprescindible, para que todo lo narrado se cumpla y conseguir beneficiarse con todas las benevolen­cias aquí ofrecidas. Y este es:

Se debe buscar el bosque de los árboles de verdes hojas, con los frutos pequeños y sabrosos, que albergan dentro de su frondoso follaje, al comenzar la época en que el otoño se avecina; los millones de mariposas reales, provenientes de lejanos territorios, llegan para depositarse sobre ellos, e invernar. Convirtiendolo en el especial y único lugar, en el cual se procrean, dando así lugar al naci­miento de sus sucesoras. Y allí, bajo aquellos siniguales árboles, paradisiacos exponentes de la naturaleza, hacer campamento, y junto a ellas esperar la primavera. Cuando ésta hace su aparición, se le permitirá participar en el sublime y peculiar espectáculo, en el cual, las mariposas novicias abandonan los árboles, su nido, elevándose, para comenzar el primer vuelo de su existencia.
Entonces, el cielo se cubrirá de un colorido fenomenal, homogeneo, viviente. De improviso, como a la orden de una señal de incógnito origen, tomarán su rumbo, encarrilando hacia una ruta preestablecida genéticamente, cuya meta es el punto de partida que utilizaron sus progenitores. De aquella forma reconocerás que tu misión estaría cumplida, y, tu también, podrás volver al sitio de salida, para comenzar, por fin, tu nueva vida. Confío en que seas digno de las atribuciones que habéis recibido, y ellas os ayuden a tener satisfacciones, logros y alegrías. Con el propósito de ayudar al prójimo, y por ende al mundo.°°°

El anciano dobló el papel, lo guardó en la botella. Al levantarse, a una seña suya los purretes hicieron lo propio.Entraron al negocio-casa y se ubicaron alrededor de la mesa. Mientras tomaban un amargo té, les habló.

-Han sido par­tícipes de una ceremonia soberbia, que no se repetirá. Pocas personas tienen o tendrán la oportunidad de vivirla. Queda en uds.decidir quién o quienes, desean y estén capacitados para cumplir el último re­quisito, pedido de nuestro pobre, afligido y triste príncipe; siempre y cuando crean lo escrito por su majestad y hasta que punto sus presagios logren cumplirse.
Toda la banda, a raíz de lo presenciado, escuchado, más la actuación casi teatral del viejo, la solemnidad del acto-rito, y en particular por lo allí escrito, quedaron perplejos, sin saber que decir o hacer.

Nuestro anfitrión pide ver a Don Pedrin, deseaba hablar con él a solas. Sali­eron a buscarlo, estaba tomando un café en el bar; al escuchar el mensaje, se dirigió a la relojería. Los jovenzuelos aguardaron afuera.

Al cabo de una media hora, fueron invitados a entrar. Luego de augurar­les una larga vida, llena de satisfacciones y bienestar espiritual, los felici­tó por su educación y desenvolvimiento. Les obsequió una pequeña flor a cada uno, a la cual venía unida una cinta de seda de color fosfo­rescente. Aconsejó mantenerlas atadas, así nada malo les ocu­rriría.
Los pequeños agradecieron toda la amabilidad y comprensión recibida; prometieron volver a visitarlo cuando tengan lo que contar. Sali­eron en busca del chofer-padre, aun les esperaba un largo camino y la hora ya era avanzada.




ÚLTIMO CAPÍTULO

Los siguientes días transcurrieron en forma normal. Cada uno participó con sus familias cada detalle de lo acontecido en la gran ciudad. A la semana, los invitó Don Pedrín a su casa, deseaba hablar con toda la pandilla.

-Muchachos, espero que ya se han calmado, luego de la insospechada e irregular vivencia que les tocó participar. Y ahora vamos al grano: he conversado con vuestros padres, juntos llegamos a un acuerdo y a una sencilla conclusión: todavía son muy jóvenes para pensar siquiera, en el cumplimiento al pie de la letra, de lo expresado en vuestro especial documento-contrato, el cual dicho sea de paso, quedará en mi poder, bajo mi custodia, (al ver las miradas y los movimientos nerviosos de los chicos, agregó, elevando la voz) ¡¡¡A pedi­do de vuestros padres!!! Y con mi consentimiento, por supuesto. Cuando lleguen a la mayoría de edad, o sea luego de terminar sus estudios secundarios, nos reuniremos nuevamente y trataremos la continuación del proyec­to.
No ayudaron protestas, gritos ni amenazas, de toda la pandilla. El car­pintero, con voz recia y autoritaria, dio por finalizada la reunión. Amable­mente mostró la puerta de calle.

Malhumorados, nerviosos y balbuceando insu1tos, nuestros muchachitos enfila­ron hacia la playa. Al1í frente al mar, su mar, observaron las olas, el cielo, arena y piedras. Todos hablaron, opinaron, llegando a una común decisión. Aquél mar, según ellos les pertenecía, fue el único testigo de la promesa que todos aprobaron.

A la tarde siguiente, se dieron cita, como era acostumbrado, allí en las arenas de la playa. Federico trajo la botella, según lo previsto(nadie preguntó como la consiguió) Mostró el papel, lo colocó dentro y empujó un tapón de plástico, con mucha fuerza, hasta lograr introducido en la misma. Pasó de mano en mano. Fue arrojada al mar, donde pertenecía.

Lentamente se fue alejando. Los ojos de una decena de niños la acompañaban en su viaje, hasta que se perdió a lo lejos. Un largo rato quedaron sentados, mirando el horizonte. Mientras sus mentes conspiraron mil y un desenlace, a cual mas exótico.

El tiempo les enseñará, quizás, un agradable y buen final, allí a lo lejos al final de los mares.




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@beto
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sábado, noviembre 29, 2008

Año 2008

Las penurias aumentaron. Hambre es el nombre de la hipocresía de los poderosos. Mas y mas víctimas imploran ayuda. Violencia, extremismo, muerte por doquier. La ceguera del terrorismo no reconoce fronteras. La división entre el poderoso y el sumiso, marcada por el calor del desierto y la ignorancia del mundo.

La globalización tiende la red de la convivencia, tejes y manejes en manos de los que decidirán cuánto, cómo y quién.

La negligencia de muchos, permiten a unos pocos, completar el dominio de pueblos enteros ensordecidos por la bandera de la libertad y emancipación, que al flamear los enceguece transformándolos en nuevos tiranos como otros cientos desaparecidos ya, de la faz de la tierra.

Es notable la resurrección de la fe, en busca de un apoyo superior, que suplante la necesidad urgente de una vida de paz y tranquilidad.

Pueblos enteros deambulan perseguidos, diezmados, ultrajados a causa de motivos ajenos que son imposibles de ser solucionados en los campos de batalla.

Las enfermedades hacen estragos, el agua es un artículo de lujo, y los países que tienen las posibilidades rehusan sin siquiera prestar atención a tales *trivialidades*

Un año mas en el tiempo, un años menos en la cordura.

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domingo, noviembre 09, 2008

El llanto del payaso







Abrió la puerta del carromato. Descendió los cuatro escalones de la diminuta escalerilla.

Era la hora establecida que debía presentarse en el centro de la arena del Gran Circo; su circo desde hace muchísimos años, de cuando era chico y actuaba a la sombra de su padre, oh! que recuerdos.


Ya faltaban pocos minutos para su actuación del día. Su congoja era casi doliente, la tristeza lo carcomía interiormente, pero...la función debe continuar.
Levantó la mirada bien alto, observó el firmamento, unas pocas pero inmensas nubes copaban casi todo el cielo. Respiró hondo, exhaló todo el aire posible, y entró en la carpa.


A pasos grotescos y rápidos se fue acercando al centro de la pista. La ovación del público no se dejó esperar, lo conocían y apreciaban; los chicos y sus padres, los nietos y sus abuelos, sus compañeros de la compañía circense, en fin, todos los presentes se unieron en un solo y caluroso aplauso.


No era su primera actuación, ni la segunda. En verdad no recuerda otra cosa que no sea el circo. Con sus ropas de payaso, ese personaje que hace morisquetas, de ademanes cómicos, que camina con sus grandes zapatones, su gorra de pico fosforescente, la cara blanca, con esos ojos que siempre reflejan una triste alegría o una alegre tristeza, depende de quien los mira.


Pero ése día era especial. Ése día quedaría grabado en su corazón, mejor dicho clavado en su corazón.
Él dolor tan profundo que marcaría una señal, un dolor que se convertiría en una cicatriz inmensa.


Su mejor amiga, como él la llamaba ° mi sombra ° había cerrado sus pequeños ojitos, y esta vez para siempre.
° mi sombra ° era una simpática perrita que nació en el carromato, propiamente debajo de su cama; allí creció, durmió, allí pasaba las noches, siempre debajo de su amigo. Nunca separaron, nunca, ni en los momentos de la actuación. Ella lo esperaba en el costado de la pista, frente la entrada de artistas, y desde allí, sentadita, escuchaba las risas, los aplausos y las exclamaciones de alegría y de júbilo.
Luego se paraba, al salir el famoso payaso, y juntos caminaban el corto trecho hacia el carromato, su casa. Comían, conversaban, y los días pasaban.


Hasta hoy a la mañana. Nuestro payaso despertó, se levantó. Al no verla paradita al lado de la cama se asombró e inclinándose miró debajo, y allí estaba, durmiendo sobre su almohadón rojo, tranquila y pasiva.
Le costó unos minutos recapacitar. Era todo muy raro y silencioso.


Durante todo el día estuvo acostado. La mente en blanco, el pensamiento anclado, el pulso casi ínfimo.
Y la noche llegó. Se vistió, se puso su disfraz. Todos querían ver su cara.


Y una vez más se las mostró.
Esa noche, fue la que más lo aplaudieron. Una y otra vez lo obligaron a repetir cada uno de sus números de su intenso repertorio, y los aplausos no se terminaban.

Si, era verdad. Ésa fue su mejor noche, pues la dedicó a ° mi sombra °. Como broche de oro a la relación truncada, luego de tantos años de unión.
Esa fue la noche en que el llanto del payaso ocasionó mas risas que nunca.

°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°
@Beto Brom

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jueves, noviembre 06, 2008

Hablar con las estrellas







-abuelo, ¿cuantas estrellas hay en el cielo?


-millones, mi nena, muchos millones.


-¿y...para qué hay tantas?


-cada una pertenece a otra persona, como hay millones de personas es necesario que haya suficiente para todos.


-ah!...ahora entiendo.


-abuelito, ¿y para qué las personas quieren una estrella, si no la pueden tocar?


-no necesitan tocarla. cada uno tiene su estrella, la mira y a veces ella lo mira a uno. son amigos, ¿entendés?


-si y no. y decime abuelo ¿yo también soy persona?


-por supuesto, mi corazón, sos una perfecta personita.


-entonces... ¡yo también tengo una estrella!


-claro, qué pregunta, todos tenemos nuestra estrella.


-¿y cómo la encuentro, cómo se cual es la mía. mira el cielo, todas son iguales.


-las estrellas son muy inteligentes. cuando busques la tuya, tenés que estar solita, mira el cielo y empieza a buscarla. despacito, despacito, ella te reconocerá y te guiñara el ojito. sólo vos lo notarás, nadie más. ¿sabes por qué?


-no...


-porque es tuya, sólo tuya, y es más...


-espera abuelito, espera, si yo le hablo y ella no me entiende ¿ cómo me va ha contestar?


-muy simple, como entre amigos, ¿entendes?


-no sé, porque con mi amiguita Mecha hablamos, nos contestamos, nos contamos cosas y nos divertimos mucho. ahora con mi estrella yo le puedo hablar pero está tan lejos...no estoy segura que me escuchará, y hablarme menos, ¿no es cierto? yo creo que las estrellas no hablan¿qué pensás abuelito?


-bueno, escucha,¿no te pasó, alguna vez, que sin hablar, tu amiguita igual te entendió?


-si, es verdad, muchas veces no necesitamos hablar, nos entendemos con los ojos, ¿eso queres decir?


-exacto, justamente así. te podrás comunicar con tu estrella, entenderte con sólo mirarla; pensá lo que decir y ella te comprenderá, y si fuera necesario te ayudará.


-abuelito, cuando yo hable con mi estrella, ¿también podré seguir hablando con vos?





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@Beto Brom

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sábado, noviembre 01, 2008

Los súbditos del mar




Ya obscurecía. Escasas personas aun se encontraban en el puerto. Las barcazas como soldados, una pegada a la otra, esperando la posible orden para ponerse en movimiento. Redes y aparejos colgados sobre las tensas cuerdas mirando al cielo como pidiendo perdón. Inclusive el sol se había retirado a sus aposentos. Mañana sería otro día.

Pero para uno de los dos pequeños sentados sobre el bote semi-hundido, mañana sería un especial día. Distinto a todos los pasados en su corta vida. Mañana seria el último domingo del mes quinto, según las cuentas de los viejos de la isla.

Desde tiempos lejanos, desde siempre, se realizaba en las mañanas de aquél día, la elección de los muchachos postulados para los codiciados puestos. Éste pueblo-isla, al igual que los cientos esparcidos por los mares que rodean todo lo conocido, viven, crecen y subsisten gracias al mar. El único trabajo y ocupación de los hombres es la pesca de los benditos peces; proveedores de alimento como también de sus caparazones, aletas y demás partes utilizadas para la elaboración de utensilios diversos, y además el aceite el cual se almacena en grandes barriles que los dueños de los grandes barcos pesqueros compran, a buen precio, o los trucan por mercancías, productos alimenticios y demás, en las tres visitas anuales a las islas. Algunos de los isleños, los avezados en la tarea, se dedican a la caza de los albatros, gaviotas y demás alados que caen en sus trampas; habilidad que pasa de padre a hijo, y que ayuda a variar, de tanto en tanto, la rutina del pescado en la mesa de los compatriotas.

-¿Cristóbal, tenes miedo?- preguntó el más pequeño a su hermano mayor que ya tenía diez años, cumplidos el mes anterior según los cálculos de sus padres.
-¿Miedo, yo, y porqué?- La charla continuó otro largo tiempo. Ellos hablaban, por supuesto, sobre el día próximo. El gran día. Temprano aparecerían rompiendo la linea del horizonte las velas inmensas de los barcos pescadores, de los cuales una vez al año se dignaban los señores dueños bajar a tierra para dirigirse al Galpón Grande de los productos para embarcar.

Todo el vecindario se reunía, nadie quedaba ausente. El vino y el aguardiente corría como agua. Ese era el día en que los capitanes elegirían los muchachos que se adaptasen para los trabajos a bordo. Cada familia estaba deseosa de entregar su preferido a los grandes señores del mar. La edad mínima, diez años. En fila, uno a uno, como los panes en el horno, estarían parados los futuros peoncitos del mar, así los llamaban en las islas. Cada padre recibiría una buena paga por la entrega de sus vástago. De aquella forma se evitaría un boca más para saciar el hambre. Además se consideraba una buena obra pues el muchacho aprendería el oficio de pescador, lo cual otorgaría honor a la familia y buen pasar al susodicho. Los desafortunados que por una u otra causa no lograban ser elegidos, se convertirían en un grave peso a sus familias; para ocuparse de la pesca no rendían las condiciones físicas, y terminaban deambulando por las calles ocupándose en algún quehacer momentáneo, robar o dedicarse a las fechorías, en un palabra: siempre los problemas los acompañarían. Los isleños, duchos en la situación que se les creaba a los que fueron exceptuados, ponían todos sus sentidos en la realización de la elección.

Cristóbal, miró hacia el obscuro mar. Sus ojos en momentos hablaron: dos espesos lagrimones se deslizaron sobre las mejillas curtidas. De inmediato se fregó la cara con las dos manos, cuidando que su hermanito no se entere del percance.
-Vamos para la casa, ya es tarde, vamos chiquilín- le dijo empujándolo y enfilando hacia el poblado.

Aquel día amaneció temprano. Apenas el sol elevó los párpados las familias encaminaron sus pasos hacia el puerto.
Siluetas lejanas quisieron sorprender a la agolpada multitud, pero los altos mástiles descubrieron la presencia de los inmensos barcos. Uno a uno, esta vez fueron cuatro, largaron sus garras al fondo de las profundas aguas. Unos diez lanchones se acercaron y amarraron en la costa,. Las exclamaciones de júbilo y regocijo iban en aumento.
Una veintena de niños de rostros fríos se mantuvieron parados a lo largo de la cuerda tendida al lado del portón de entrada del Galpón Grande. Ellos, eran los únicos callados.

Los señores ataviados con sus ropas típicas de los barqueros, en las que resaltaban los colores chillones, un gran sable colgando de sus caderas, y los famosos sombreros triangulares de los pescadores. Tomaron de las decenas de botas desparramadas, de vino o aguardiente, por la larga mesa preparada en su honor, saciaron su apetito con panes caseros, pescados ahumados y otros productos que sólo se veían en los grandes acontecimientos.

Luego, sin titubear, sin dar ninguna clase de explicación, se acercaron a catalogar la mercancía humana expuesta. Auscultaron uno a uno a los varoncitos, intercambiaron unas pocas palabras entre ellos y ordenaron a los postulantes subir a bordo. Sólo dos fueron descartados.

Los padres despidieron a sus hijos, entregando a cada uno una pequeña bolsa que colgaron de los hombros. Así partirían hacia el mundo. El silencio apareció de improviso.
Con un ritmo lento pero sistemático el ir y venir de los remos alejaron los botes del puerto. Escasos minutos más tarde fueron amarrados a los flancos de los barcos. Era difícil distinguir las siluetas que se movían en cubierta. Las herrumbradas anclas volvieron sobre sus pasos liberando la presa a su libre albedrío. Las inmensas velas se desplegaron, el viento captó la indirecta aprovechó sus poderes y las hinchó forzándolas al máximo.

Desde el pequeño puerto las miradas concentradas en el horizonte; uno a uno los grandes barcos, ahora convertidos en diminutos puntos, se llevaron las vivencias de otro día de elección.



@beto


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sábado, octubre 04, 2008

Ruta N° 8



El apartado pueblo había conocido tiempos mejores, entonces cuando estaba pegado a la ruta que llegaba a empalmar se con la Internacional; allí donde los automóviles no corrían sino volaban cual bólidos con los consiguientes accidentes diarios, pero... quién los contaba. Al llegar allá parecería que los coches pretendían demostrase a si mismo cual era su máxima posibilidad y ello para beneplácito de sus dueños.
Habían levantado a lo largo de la Ruta8, en el casi un kilómetro que bordeaba el pueblito, un número bastante considerable de bares, restaurantes, estaciones de servicio, etc.; inclusive un pequeño parque, con una par de mesas para hacer picnik o simplemente tomarse un descanso o un refresco.
Era una mezcla de colores, olores, corridas y gritos de chicos, perros y demás.

Todo comenzaba bien tempranito con la llegada de los camiones inmensos, cargados de todo tipo de mercaderías, maquinarias, animales y un sin fin de productos que transportaban en su ir y venir desde puntos muchas veces muy distantes de allí.
A consecuencia de este movimiento continuado y diario, la mayor parte de los habitantes del pueblo trabajaban y vivían de este kilómetro y medio de ruta.

Pero llegó el día en que todo terminó. Fue un 14 de marzo, día inolvidable para todos. No obstante no fue sorpresa, pues se sabía bastante de antemano, casi un año y medio antes. El alcalde del pueblo recibió la noticia, fue cerca del mediodía. Día nublado y frío. Llegó una camioneta que aparcó frente a la Alcaldía; bajaron dos individuos, perfectamente trajeados, entraron rápidamente y pidieron hablar con el Alcalde a la brevedad posible. Se presentaron como emisarios del Ministerio de Obras Públicas. A los pocos instantes el dueño de casa en persona salió a recibirlos e invitarlos a su despacho.
La entrevista, demasiado corta para semejante noticia; en pocas palabras lo pusieron en conocimiento de la medida tomada por el Ministerio y ya aprobada por el Gobierno Central, la cual determinaba que: la ruta provincial N°8 sufriría un desvío, necesario, para permitir la construcción de un puente de acero sobre pilares, que evitaría las continuas inundaciones en la época de lluvias, que anegaban toda esta zona en la cual abundaban los cultivos, ocasionando pérdidas cuantiosas a los agricultores de toda la comarca adyacente. En otras palabras: la ruta en cuestión no pasaría bordeando el pueblo en una parte de su trayecto; unos 30km. antes, se la desviaría hacia el nordeste, y el tramo existente se utilizaría para llegar o salir del pueblo.
El Alcalde no podía escuchar lo que pretendían explicarle, motivos, cálculos, beneficios, el desarrollo, el adelanto, bla, bla, bla. Dejaron sobre su escritorio una voluminosa carpeta en la cual estaban detallados todos los pasos previos a la decisión, inclusive todos los planos aprobados, en fin toda la historia preliminar antes de llegar a la conclusión irrefutable: "el desvío". Saludaron y desaparecieron como una fantasmagórica ilusión.
Se quedó sentado, no podía reaccionar, la mente estaba como trabada, imposible pensar, casi automáticamente llamó a su única secretaria, le pidió que le trajera un café, pero esta vez bien fuerte. Acto seguido tomó el teléfono y llamó a su hermano, abogado de profesión, que representaba a la Alcaldía y que además era miembro activo del Consejo del Pueblo.

-Raúl?... soy yo. Si, de salud bien, gracias, pero aquí en la alcaldía, hay un asunto urgente que tratar, necesito que vengas lo antes posible, sí!! es urgente!!!, no nada personal, pero algo que nos incumbe a todos.
Estaba tomando el café, las escenas se le superponían: los negocios cerrados, familias en bancarrota, lloridos de desesperación...
Al llegar el abogado, y antes de entrar a la oficina de su hermano, preguntó a Matilde, la secretaria, si sabía lo que pasó. -No sé- explicó la empleada.
-Llegaron dos personas hace un rato, la entrevista lo dejó muy nervioso, está muy raro… lo desconozco, entre por favor, ¡vea lo que le pasa!

Lo encontró sentado mirando por la ventana, absorto en sus pensamientos, ni siquiera notó que alguien entró en la oficina. -¿Qué esta pasando hombre? ¿Qué es lo que te ocurre?
-Sientate, sientate, es preferible que lo escuches sentado.
-No me lo hagas tan misterioso hermano, por favor, ¿de que se trata?
En breves palabras, entrecortadas a raíz de los nervios, el Alcalde lo hace partícipe de las malas nuevas. Colocándole en las manos la carpeta que recibió momentos antes; pidió a su hermano estudiar detenidamente su contenido, para luego manifestar su parecer al respecto.

-Antes que nada, mi querido, cálmese, cálmese. Tú no tienes la culpa sobre decisiones ministeriales, más teniendo en cuenta que no tuviste ni voz ni voto en las deliberaciones preliminares del caso en cuestión. Te diré más, es ilegal tomar decisiones tan cruciales, pues ellas afectan a todo un pueblo, sin siquiera poner en conocimiento de ello a las autoridades representativas, en este caso su Alcalde. Ello con el fin de brindarle la oportunidad y posibilidad de estudiar debidamente los pro y contra del propuesto plan. Existe una reglamentación, hace ya unos años fue promulgada, la cual determina uno a uno los pasos a seguir en casos de esta índole, que tienen relación directa y/o indirecta sobre el desarrollo de una población. Por lo cual, resulta completamente problemática e inaceptable ésta resolución. Me llevo la carpeta a mi bufete. Ya me pondré en comunicación contigo. Ah!, eso sí, considero muy importante el no realizar comentarios de ninguna clase sobre el tema. Espera por favor escuchar mi opinión, ten un poco de paciencia, en este tipo de casos es imprescindible actuar con calma y pies de plomo, no
apresurarse para no cometer errores que podrían resultar insanables. Confía en mí.

Ya había pasado el mediodía. Nuestro Alcalde recordó que debería en aquellos momentos, encontrase con su señora e ir a almorzar a la casa del médico cabecera de la familia. No podía fallar pues esta invitación fue pospuesta por el mismo, ya dos veces. En dicho instante lo menos que deseaba era sentarse y hablar sobre bueyes perdidos, cuando era tal el problema que lo aquejaba, pero, con el correr de los años en este puesto, unos meses más cerraría los seis, había aprendido, ocuparse en varios asuntos simultáneamente, manteniéndose fiel a cada uno en su momento. Pero esta vez era demasiado. El porvenir de todo el pueblo estaba en juego. No quiso ni pensar en las consecuencias inmediatas de tal resolución e inclusive todos los desenlaces posteriores que ésto traería aparejado. Salió de su oficina, saludó a su secretaria y fue en busca de su señora.

Segundo capítulo
Martín y su esposa, se turnaban para mantener abierto el kiosco las 24 horas, los 7 días de la semana. No se podían quejar, tenían una casita bien puesta, a sus cuatro hijos no les faltaba nada. Inclusive ya habían empezado a calcular las posibilidades de la compra de un autito. Por ahora eran sólo pensamientos, pues el hijo mayor, Raúl, de quince años, era muy buen alumno, y necesitaba una asignación mensual extra para sus viajes a la ciudad, distante unos 50km., allí tomaba unos cursillos de telecomunicaciones; ya era el 2do. año; le gustaba mucho. El costo del curso, sumado los demás gastos relativos, involucraba un monto considerable, pero estaban convencidos que éste, el mayor, sería un excelente profesional, el tiempo tenía la palabra.
Cuando se enteraron de la mala nueva, el mundo se les vino abajo, hacían sus cálculos diariamente, empezaron a disminuir gastos superfluos. Recordaron los tiempos pasados, aquellos antes de la apertura del kiosco, cuando Martín trabajaba en el correo local, y la esposa limpiaba casas por hora; apenas les alcanzaba para terminar el mes. Por suerte el padre de ella, era propietario de uno de los almacenes del pueblo, y más de un mes, les daba una mano. Con sólo pensarlo las lágrimas cubrían sus ojos. Martín estuvo haciendo averiguaciones.


En primer lugar volvió a las oficinas del correo. Salió bastante malhumorado después de la entrevista con el nuevo encargado. Un altanero venido de la capital, le informó que no veía la posibilidad de que éste año se produjera alguna vacante, pero que le consulte dentro de unos meses, quién sabe, quizás… No le comentó nada a su esposa al respecto, ¿qué ayudaría? sólo provocar más tristeza.

La notó muy venida a menos aquella tarde cuando lo vino a cambiar en el kiosco: no se había arreglado como acostumbraba, aparentaba diez años más de su edad, se sorprendió pero optó por callarse. A las pocas horas cuando volvió al kiosco, no la vio parada frente a la ventana-mostrador, no obstante había una pareja de clientes reclamando ser atendidos. Los atendió y entró en la trastienda.
Estaba sentada en el sillón, llorando en silencio, las manos le cubrían el rostro. Quiso gritar de angustia al verla pero se controló. Trajo un vaso de agua, se sentó a su lado, le pidió que tome unos sorbos. Cuando bajó las manos se vieron unos ojos pequeños bañados en lágrimas, el semblante de una persona afligida, triste; a Martín se le rompió el corazón en pedazos, no encontró las palabras adecuadas para tratar de calmarla, por lo menos momentáneamente. Salió, no quiso que ella lo viera llorar. Sintió que las lágrimas brotaban, no obstante el esfuerzo para evitarlo. ¿Qué sería de ellos?
Todo se terminó, parecía un sueño, éso era: ¡un sueño! pues de otra forma no se podría explicar. ¿Como era posible que se permitiera una cosa semejante? Familias en camino a la bancarrota, ¿quién debería haber hecho algo y no lo hizo? ¿Dónde estaba el Alcalde? ¿Los concejales? ¿Ésto era parte del comentado plan de estabilización? ¿Unos se elevan y otros caen en la miseria? Que problemático era comprender toda esta clase de medidas.

Los dos empleados de la gomería estaban sentados, pensaban con la vista perdida hacia la ruta. Cada tanto pasaba un vehículo. Ese día casi no tuvieron trabajo aparte de los dos camiones que aparecieron tempranito a la madrugada, y que dicho sea de paso, peliagudo fue sacar la rueda pinchada de uno de ellos: se les había atascado y les costó más de dos horas hasta que lo lograron. El dueño, Don Frederic, hijo de alemanes venidos como inmigrantes después de la guerra, razón por lo cual tenía un acento muy notable al hablar, daba la sensación de que siempre estaría enojado. Pero no era así, era muy amable y correcto. Los llamó a la oficina, los invitó a sentarse. Ellos, imaginando la causa, se quedaron callados y esperaron el golpe.

-Bueno muchachos, ésto no va para más, ¿era de esperar, no?Aquí les preparé lo que les corresponde, agregué unos pesos más, para que les compren golosinas a los chicos. Lo lamento sinceramente, todos deberemos recapacitar y buscar nuevos horizontes, créanme que lo lamento.

Se dieron un fuerte apretón de manos, se golpearon mutuamente los hombros, juntaron sus cosas, y salieron al camino de regreso al pueblo. Sin saber para qué.

El parque, bajo el cuidado del flaco Coronel, brindaba a los momentáneos viajeros, un lugar agradable que lo aprovechaban para hacer un alto en el camino, descansar, tomar y comer algo, y especialmente dar rienda suelta a los niños, que no soportaban las horas sentados en los coches. Se había convertido para él, en su niña bonita, que le dedicaba más de lo que correspondía.
Esa mañana comenzó revisando todos los grifos, verificando que estén bien cerrados, utilizando las plombas que había recibido para tal fin. Luego sacó las lámparas de los faroles, que alumbraban las mesitas desparramadas por todo el predio, embalándolas en las cajas que debería llevar a la Alcaldía. No pudo, fue más fuerte que él, echó un último vistazo a este prolijo lugar que supo mantenerlo en excelentes condiciones a través de los años.

Mientras viajaba de regreso al pueblo, no podía dejar de pensar en su señora enferma; trataba de ocupar su mente en otra cosa, no le era posible. La imagen de ella en su silla de ruedas, a causa de aquel accidente ocurrido por su culpa. Pensó que despediría a la señora que limpiaba la casa y atendía a los chicos. Era lo primero que debería hacer al llegar. Empezaría a buscar un trabajo, ¿pero de qué? ¿en donde? Sus pocos conocimientos adquiridos en la primaria, no le permitirían encontrar algo respetable y menos en este pequeño pueblo.

Los pensamientos le habían ocasionado un fuerte dolor de cabeza, habían empezado desde temprano, pensó ir a la farmacia para comprar algo que le calme el dolor. Al entrar se topó con el farmacéutico que estaba saliendo, el susodicho se disculpó pues no lo podría atender, a causa de que lo llamaron urgente del colegio de su hija, se cayó en el recreo, probablemente se haya fracturado una mano. Necesitaba llevarla al hospital.

Después de escuchar los problemas de los demás, olvidó del dolor de cabeza y decidió dar una vuelta, charlar un poco con la gente, estudiar las posibilidades de trabajo, en fin, estaba comenzando a preocuparse, lo veía todo muy negro. Lentamente caminó por las calles del pueblo, mirando todo cartel o anuncio, esperaba encontrar algo que le interese, percatándose que había pasado ya mucho tiempo desde la ultima vez que paseaba sin apuro, sin rumbo fijo. Descubrió varias cosas nuevas, ¿cómo no las había visto antes? ¡que interesante! siempre apurado, corriendo, nunca tenía tiempo para él; o los chicos ,o su señora, la casa…
Entró en la peluquería, no había nadie, que raro pensó. -¿Como le va amigazo?- lo recibió con mucha alegría el peluquero.

Bastante feúcho el muchacho, pero sabía bastante bien su trabajo, lo había aprendido, dicen que a coscorrones, de su padre Eduard o el inglés, como lo llamaban en el pueblo. Fallecido hace unos años de un ataque al corazón, no había alcanzado los 60; se comenta que el abuso de la bebida sumado a los dos paquetes de cigarros diarios, ayudaron a terminar bastante temprano, el paso por ésta vida.
Correctamente arreglada su cabeza, por fuera, compró un ramo de flores para su señora y así marchó hacia su casa para charlar con su compañera y tratar de encontrar una salida a éste gran problema existencial.

Tercer capítulo
El abogado ya en su despacho se puso a estudiar detenidamente el contenido de la carpeta. A medida que iba adelantando en la lectura, los nervios igualmente iban en aumento, se lo podría apreciar en las facciones de su cara, hizo una pausa y ordenó a su secretaria comunicarse urgentemente con el Ministerio de Obras Públicas en la capital y solicitar el Departamento del Sur, al cual éste pueblo pertenecía, requiriendo una entrevista con el Jefe del Departamento, que fue compañero suyo en la facultad; esperaba que lo recuerde pues habían tenido varias experiencias un poco picantes en aquellos días de estudiantes.

Ya dentro del tema, comenzó a vislumbrase ante sus ojos, influenciado sin duda por largos años en la profesión, la mayoría de los cuales como encargado general en la firma Casper, una de las más distinguidas y renombradas asociaciones de abogados del país, habiendo tenido bajo su responsabilidad decenas de casos complicados y confusos que se le encomendaron y que en su mayoría llegó a solucionarlos, con el consabido triunfo en lo tribunales. Todo ello brindó a la firma interesantes beneficios, otorgándole mucho honor y prestigio como profesional al pertenecer a ella, descartando obviamente, toda la sabiduría, experiencia y tenacidad, detalles imprescindibles para poder salir airoso en cada caso que ponían frente a él.

Éste era un caso que había sido preparado con suma sabiduría y perspicacidad, permitiendo sólo a ojos de lince, experimentados como los suyos, poder abrir lentamente y con suma cautela esta especie de caja de pandora.
Obvio que aquí fue sembrada una cantidad nada despreciable de dinero, logrando subsanar toda clase de obstáculos que pudieran o pudiesen obstaculizar el camino de los acuerdos, aprobaciones y pruebas fehacientes como lo exige razonablemente la ley.
Por ejemplo, en el capítulo que se certifica la aprobación o negativa del Alcalde del pueblo que sería °afectado° como resultado de la realización del proyecto, consta, en el lugar donde se deberían explayar las causa y/o quejas, que se enviaron recordatorios(en dos oportunidades), y al no haberse acusado recibo por parte de la Alcaldía, el expediente fue pasado como aprobado.
Nunca había recibido la Alcaldía ningún documento de ésta índole alusivo al proyecto tal y, además, de las tres cartas enviadas al Ministerio en cuestión, exigiendo una entrevista con el Ministro, respecto a las reiteradas promesas mencionadas en varias ocasiones, con el fin de repavimentar todas las calles del pueblo, hasta dicha fecha ni siquiera fueron contestadas.
El abogado finalizó la lectura de todo el contenido de la carpeta. Llamó a su secretaria pidiéndole que envíe al Ministerio una faximilia con todos los datos del caso, dirigida al Ministro, con copia al Jefe del Departamento Sur (su compañero de estudios), para que estén al tanto de la urgencia de mi pedido de la entrevista.

Salió de su oficina confuso y nervioso. Aquél asunto era para los diarios, pero primeramente lo debería consultar con su hermano. Hacia la Alcaldía se dirigió.
-No estoy seguro de querer sacar todos los trapitos sucios a la prensa...Así se expresó nuestro Alcalde al escuchar la proposición de su hermano.

-Creéme, es lo que corresponde en éstos casos, debemos exigir que salgan a la luz todas éstas maniobras ilegales, que conducirán a la destrucción de éste pueblo, se expresó el abogado tratando de convencer a su hermano.
-Sí, de ello estoy seguro, es más, todos los habitantes del pueblo aceptarán la publicación. Está en juego su porvenir y el de sus hijos. Si éste proyecto se pone en marcha, éste pueblo ¡¡¡va al muere!!!
-Yo mismo prepararé el informe a la prensa, estoy sopesando que lo mejor será una Carta Abierta dirigida al Ministerio, ¿que opinas? Consultó el abogado.
-De acuerdo, de hacerlo debe ser impactante y directo, manos a la obra; yo por mi lado convocaré a una reunión urgente del Consejo Deliberante para ésta misma noche a las 21hs. Prepara el Orden del Día para tratar un solo tema.

Cuarto capítulo
Al día siguiente fue publicada una CARTA ABIERTA en la hoja central del diario *Nuestro País *( el de mayor venta) dirigida al Ministerio de Obras Públicas de la Nación, firmada por el Alcalde y en nombre de todos los habitantes del pueblo afectado.
No obstante éste pueblo, era un insignificante punto en el amplio mapa del país, ésta Carta Abierta, detalle bastante fuera de lo común en los últimos años, produjo un cimbronazo descomunal, no sólo en el Ministerio en cuestión, sino en todos los Ministerios, y por supuesto en la mismísima Casa de Gobierno, donde los teléfonos, faximilias y computadoras trabajaron horas extras.
También en la calle de toda ciudad del país, en todo lugar que había más de una persona, los comentarios sobre la carta de queja, era el único tema de conversación del día. La radio e inclusive varios programas de actualidad en la T.V. no quisieron mantenerse apartados de este candente y picante tema del día.
El tono de la Carta Abierta, sin ser grosero ni ofensivo, vislumbraba perfectamente el carácter impulsivo, lleno de enojo y crítica contra el Ministerio en cuestión. El lenguaje utilizado era correcto, expresado con palabras concisas, que reflejaban el descontento de todo un pueblo afectado por una decisión errada, según ellos, y todo basado en fundamentos que no obstante eran legítimos y brindarían un sin fin de soluciones a problemas existentes. Toda una población se desmoronaría, con la consiguiente problemática existencial, a causa del alejamiento de la ruta que hoy bordea el pueblo. Además, y esto se destacaba en un tipo de letra remarcado, que mediante sobornos, regalías y un sin fin de maniobras ilícitas, se obviaron revisiones, haciendo la conocida ° vista gorda° a toda una serie de requisitos preponderantes, que están perfectamente especificados en todos los reglamentos alusivos al tema.
Recién en los noticieros de la noche de todos los canales de T.V., se pudo ver al Ministro de Obras Públicas de la Nación en persona, leer un comunicado como contestación a la Carta Abierta publicada, pero sin referirse específicamente a ella. Ofreció una somera explicación, (bastante infantil según los comentarios posteriores de la prensa) de cómo se desarrollan los proyectos respectivos a las obras que realiza el Ministerio, cuales son los criterios que se toman en cuenta, y un sin fin de detalles, bastante superficiales, que no terminaron de convencer a nadie, y menos que menos a los habitantes del pueblo afectado.
El mismo día en que fue publicada la Carta Abierta, el abogado que representaba a la Alcaldía del pueblo en cuestión, se presentaba en la recepción del Juzgado Provincial de Justicia, con una denuncia oficial en contra del Ministerio de Obras Públicas de la Nación.
De aquí en más, los teléfonos no cesaron de sonar en la pequeña centralita del correo del pueblo; además no se daba abasto con la correspondencia diaria que llegaba de la ciudad capital y de casi todos los rincones del país.
Corresponsales de radio, periodistas de diarios y de canales de T.V. deambulaban por las calles del pueblito haciendo preguntas y realizando entrevistas a todo parroquiano que se les ponía en frente.

Mientras esto ocurría, los vecinos no sabían a ciencia cierta a que atenerse. Todos, sin excepción, incluidos los niños, concurrieron a la concentración a realizarse frente a la Alcaldía para escuchar de boca del Sr. Alcalde en persona, la mala nueva.
Hubo exclamaciones de crítica contra el Gobierno Central, contra el Ministerio, y también un sin fin de palabrotas no muy calurosas para el Alcalde.
Después de escuchar la noticia y darse como finalizado el acto, más de la mitad de los vecinos se quedaron un buen rato discutiendo, gritando e intercambiando ideas y quejas.

Los días pasaron. Las conjeturas abundaban. Artículos comentando los acontecimientos respecto al tema, publicados en los diarios de la zona y en los de la capital, continuaron apareciendo durante dos o tres veces por semana. Pero como todo, el tiempo hizo lo suyo. La noticia y comentarios desaparecieron de todos los medios de comunicación.

Ya faltaban menos de dos meses para el fatídico día. El Alcalde con su abogado fueron recibidos por el mismísimo Ministro de Obras Públicas de la Nación. Se estipuló un máximo de quince minutos para la entrevista, a causa de la partida al extranjero, ese mismo día, del magistrado. Es notorio resaltar que el viaje tenía la finalidad de participar en un Congreso Internacional, para analizar los problemas del Bienestar Individual en los países de escasos recursos.
Los dos hermanos se presentaron en las oficinas del Ministerio, debiendo aguardar más de media hora de la hora fijada para ser recibidos por el ministro.
El anfitrión, politiquero viejo, de correctos modales, se levantó de su espectacular sillón situado detrás de un no menos descomunal escritorio, acercándose a la pareja de invitados. Los saludó calurosamente, invitándolos a tomar asiento en unos mullidos sillones, haciendo él lo propio.
Sin ninguna clase de preámbulo y como si continuará una suspendida conversación les dijo:


-Muchachos, entiendo perfectamente el motivo de vuestra visita, y es más, al informarme de la petición de la reunión, decidí acceder a ella y ordené que sea a la brevedad posible, soy partícipe de vuestra preocupación y abnegación con respecto al bienestar de los habitantes del pueblo y por supuesto por su futuro. Solicité el material necesario para interiorizarme personalmente del proyecto, y poder analizar detenidamente los pormenores. Por supuesto aproveché los asesoramientos de la gente especializada en la materia. Lamentablemente y creanmé con mucho dolor, me resultó imposible el no corresponder en forma positiva a la realización de la obra en cuestión. Dicha obra, que incluye el desvío de la ruta, es como un sueño que dentro de poco se convertirá en realidad. Sí, ya sé, noto que las palabras se les escapan de sus bocas, ahórrenselas, no son necesarias, las sé, ¡creanmé! Son verdaderas y en su lugar, pero, frente al Gobierno en general y al Ministerio en particular, existe un panorama más amplio que abarca no sólo el pueblo que ustedes dignamente representan, sino, en este caso, toda la comarca. Y como siempre el desarrollo acompañado por el avance tiene su precio, tocándoles hoy a Uds. enfrentarlo.

Ah! antes de terminar nuestra interesante plática, pues mi tiempo es escaso y debo atender otros asuntos no menos importantes, les comunico que ya he dado las indicaciones pertinentes para la confección de un Plan Tipo de ayuda en todo lo concerniente a préstamos y demás para de esta forma dar una mano a todo aquél que lo necesite. De más está decir que los requisitos para recibir dichos créditos son ínfimos, casi cualquiera podrá acceder a ellos. Como también ordené el comienzo de la construcción de un Instituto Tecnológico en el pueblo, para el beneficio de toda la juventud. El Ministerio de Educación, ya encargó ocuparse de los detalles para confeccionar un plan de estudios que se dictarán en dicho establecimiento. Como broche de oro: les adelanto que una gran empresa multinacional de automotores está estudiando la posibilidad de levantar una planta de armado en un predio frente a vuestro pueblo, excelente!, ¿no les parece?
Bueno amigos, he tenido un placer en conocerlos y charlar con ustedes, les agradezco la posibilidad que me han dado de habernos reunido. Sepan que las puertas del Ministerio y la mía en particular siempre están abiertas para ustedes. Ahora vuelvan a sus pagos, y que tengan un buen viaje, ¡¡hasta siempre!!

Todo duró unos escasos minutos y antes de entender lo que había ocurrido ya estaban en la vereda del Ministerio. No hay duda, pensaron, contra el gobierno es muy difícil ganar una batalla, más cuando el adversario es un diminuto pueblo perdido en una de las provincias que, desde el punto de vista electoral, no significa fuerza tal como para tenerlo en cuenta.

Hubo manifestaciones en el pueblo, paros en los colegios, incluso se organizó un viaje de vecinos a la capital, para lo cual se fletaron seis colectivos subvencionados por la Alcaldía. Se les permitió ubicarse frente al Ministerio de Obras Públicas. Hubo muchos policías y cámaras de T.V. Nadie se dignó salir a recibirlos o encontrarse con ellos, no obstante se hizo la petición como correspondía. Todo en vano. Al final del día volvieron al pueblo, cansados y decepcionados.

Con referencia a la queja presentada en la Policía, se obtuvo como contestación que luego de haberse estudiado y analizado la cuestión se decidió pasar el expediente a la Fiscalía de la Nación.

Pasaron dos semanas. Llegó a la Alcaldía una carta con membrete oficial. Se trataba de la contestación sobre la °queja°. La respuesta fue sencilla, corta y concisa. El caso se encontraba en estudio, añadiéndose además, que existía la posibilidad de no recibir nueva contestación, y que pasados los treinta días hábiles, desde la presentación de la queja, queda permitido por ley el derecho a exigir un juicio, en primeras instancias en el orden provincial y si se lo considera necesario en el orden nacional.

Dos de las familias más arraigadas del pueblo decidieron, después de una reunión que albergó más cien personas, no esperar hasta último momento.
En silencio, sin grandes parsimonias, un buen día, bien temprano, varios camiones inmensos recolectaron, en una decenas de casas, muebles y demás utensilios, pertenecientes a familias que decidieron abandonar el pueblo.
Los comentarios se propagaron como una ráfaga. Cuando los camiones con su preciosa carga enfilaron hacia la salida del pueblo, fueron acompañados por un millar de ojos. Algunos mostrando susto, otros preocupación y no pocos llenos de lágrimas.

El día llegó. Como si una barrera invisible habría caído del cielo, el silencio invadió toda la porción de la ruta que bordeaba el pueblo. A las siete de la mañana se colocaría el cartel, unos cuantos kilómetros atrás, que anunciaba el desvío de la RUTA 8.

El día fue gris, ventoso triste. No se escuchaba ni una voz, ni siquiera un gemido. Una ráfaga trajo una andanada de hojas secas, como abofeteando las caras del grupo de conciudadanos, que parados a la entrada del pueblo, parecían presenciar una obra de teatro.
Lentamente volvieron sobre sus pasos. En grupos de dos, de cinco, familias con sus hijos. Todo un pueblo caminando hacia un mañana que no sabían que le depararía.

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beto

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martes, septiembre 30, 2008

Al final...el mar








Su nombre conocido, Mar Rojo, quizás a causa de reminiscencias históricas, climáticas o regionales.



Sus tranquilas aguas, pasean en un libre albedrío entre las costas que lo albergan.
El color turquesa embriaga, invita a la contemplación, en especial a la reflexión.

Se aconseja perder la vista allí, en el cercano horizonte, dar rienda suelta a la imaginación.

La infinidad de peces de múltiples matices diseñados con maestría suprema por la madre natura, permiten al pensamiento corretear, como ellos, en la búsqueda de un granillo de alimento, los sentimientos, capaces de menguar las necesidades propicias para lograr la subsistencia.

Bajas olas, golpean sin cesar los peñascos bañados, llegando a la orilla; toman un breve descanso y retornan para tener un donde volver.

Allí arriba, el padre Sol, observa la actividad; con su fuerza eterna contribuye en el desarrollo de la continuidad.


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@beto
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lunes, septiembre 08, 2008

Sobre nuestro paseo a Vietnam



El sólo escuchar el nombre trae recuerdos de horror, sangre y sufrimiento. La realidad actual nos muestra un Vietnam distinto, ameno e impactante.

Las patas del pájaro plateado amortiguaron el descenso de su inmenso cuerpo sobre la pista de aterrizaje del aeropuerto de Hanoi, capital del país. Las ruedas deslizaron disminuyendo la velocidad del monstruo alado. Hora de llegada del vuelo A-18 procedente de Bangkok: 13,52.
Un agobiante y caluroso mediodía nos recibió dándonos la bienvenida.
Los requisitos indispensables con sus colas de espera inevitables, papeles y burocracia. Todo el personal uniformado, aparentemente soldados, con ropas un número más de lo necesario. Muy correctos, a mi gusto extremadamente correctos. Como ya lo apreciaríamos más adelante: modales típicos de los nativos.
Nuestro nombre figuraba en uno de los pequeños cartelitos sostenido por un simpático chofer que nos acompaño hasta el taxi, todo según lo convenido. Buen comienzo.

Durante el viaje nuestros ojos devoraban cuanto más detalles posibles, era la primera visita a un país comunista. A ambos lados de la carretera, auto estrada en excelentes condiciones, interminables campos para el cultivo del arroz. A escasa hora de viaje los primeros edificios comenzaron a mostrarse. Sistema de construcción peculiar: muy angostos, el tamaño de una habitación grande, de no más de 3 ó 4 pisos. Pintados de colores, muy llamativos y agradables a la vista.

El tránsito denso comenzó a dar sus momentos de espera cada vez más alargados. La monstruosa cantidad de motos, motonetas y motocicletas, es increíble, nunca presencié espectáculo tal. Cubren como una mancha todo el pavimento, como aceite arrojado por una nave en el mar, avanzan lentamente absorbiendo todo. Otro detalle muy peculiar: nadie grita, nadie vocifera, no se escucha palabrota alguna, todos pacientes sin nerviosismo extra se deslizan sobre sus pares de ruedas como si se tratara de un paseo de fin de semana. Eso si, las bocinas son el vocabulario utilizado para avanzar, para avisar el deseo de doblar, para reprender a un intruso que corta el camino, etc. El ruido es infernal, no es posible describirlo en palabras escritas, es algo que se lo debe presenciar para comprenderlo.

Nuestro hotel situado en la ciudad vieja, fue elegido por sus años de experiencia, su ubicación en pleno barrio comercial y por su modesto precio. Según lo prometido, nuestra habitación constaba de todos los detalles y confortes modernos: baño privado, T.V., minibar, cama muy cómoda, limpia y ordenada. Nos acomodamos un poco a la ligera, y salimos a la calle.

El choque fue muy fuerte. Un enjambre de personas, una multitud, parecería que estamos frente a una manifestación, increíble. Las calles angostas, más que angostas. Y allí transitan las motocicletas, millones de ellas. Cada tanto uno que otro coche, camionetas, camiones, taxis. Algo peculiar: las aceras, también de escasos dos metros de ancho están ocupadas generalmente por mercaderías que los dueños de los comercios sacan para su exhibición, provocando que los peatones deban caminar por las calles. O sea que a la cantidad de vehículos que transitan por las calles debemos agregar a los pobres peatones. Ah! me olvidaba, a todos ellos debemos sumar los vendedoras ambulantes(90% son mujeres)que acarrean sobre los hombres una vara que en sus sendas puntas cuelgan sendas bandejas que soportan todo tipo de comestibles. No no estoy exagerando. Así es. En un primer momento se cree estar presenciando un especie de obra teatral o cinematográfica, organizada y dirigida por el famoso director americano DeMille, famoso por sus escenas con miles de extras.
Los colores, los olores, el ruido de las bocinas, el movimiento de miles de personas, ofrece un cuadro quizás no comprensible para aquellos, que como nosotros, estamos tan lejanos a este tipo de vida.

El Vietnam del presente ofrece al visitante una nueva faceta de este pueblo tan castigado durante años por una guerra sin motivo. No obstante ser una país pobre que trabaja sin cesar para tratar de sobre ponerse, toda la población hace lo imposible para mostrar buena cara y recibir con las manos abiertas al turista.

Vamos al grano. El agua en abundancia, decenas de lagos y lagunas, ríos de extensiones kilométricas. Vegetación que invita a los ojos al deleite. Lugares de ensueño. La naturaleza se expresa mostrando sus mejores posibilidades.

La principal ocupación de la población rural radica en la agricultura, siendo su primordial cultivo el arroz. Vietnam esta considerado el segundo productor mundial después de China.
Llama la atención, al turista occidental, el nivel tan precario utilizado para la realización de los trabajos pertinentes. Como ejemplo: arados de madera, fabricados a mano, arrastrados por búfalos. En general todo el instrumental no sufrió el pasar de los años, y, según comentarios de colonos con los cuales entable conversación(un poco en ingles y principalmente en el idioma universal de las manos) manifestaron que carecen de medios($) como para progresar y adquirir elementos modernos. Muchas aldeas habitadas por inmigrantes oriundos de China, llegados a estos lares unos trescientos años atrás. Ellos pertenecen a distintas tribus: cada uno conserva sus vestimentas típicas con colores fuertes y llamativos.

Dediqué un considerable tiempo observando el trabajo necesario para el cultivo del bendito arroz. Éste exige mucha agua, las parcelas anegadas obligan a los colonos estar sumergidos hasta las rodillas la mayor parte de las horas de trabajo. Una labor extremadamente difícil bajo todo punto de vista. En los lugares montañosos fueron construidas terrazas en las laderas de las colinas para resguardar el agua, aprovechando así la mayor cantidad de terreno. La vista de aquellas ofrece una vista que no permite otra cosa que sacar una y otra foto para perpetrar este cuadro tan natural y hermoso.

Nuestro paseo fue dedicado a la zona norte del país. Nos internamos en bosques con vegetación en abundancia, inmensos y añejos arboles, algunos de mas de sesenta metros de altura. Nuestras excursiones incluyeron una larga trayectoria por una selva de las decenas que abundan por aquella zona. Plantas, arbustos, arboles, un choque con la naturaleza que con dificultad es posible transformar en palabras escritas sobre el papel. Un detalle que no esta permitido descartar: los pájaros con sus trinos, ofrecen una música de fondo que creo es envidia de cualquier amante del sonido de la naturaleza.

Viajamos, es decir navegamos en embarcaciones típicas, días enteros en alta mar, incluida una nueva experiencia(para nosotros): nos animamos y lo conseguimos, utilizamos una pequeña canoa que nos brindo la posibilidad de internarnos dentro de cuevas semi-sumergidas en pequeños islotes de un inmenso archipiélago. En fin, una experiencia inolvidable.



Cercano a la zona vieja de Hanoi encontramos un inmenso y bello lago natural. En la parte central del mismo emerge un diminuto islote cubierto de abundante vegetación. En una de las costas una pequeña marina con una decena de botes para deleite de los que desean gozar con un paseo por las tranquilas aguas. Alrededor del mismo una hermosa y arbolada costanera salpicada por restaurantes y heladerías. La misma es aprovechada en los atardeceres por parejas que buscan un rinconcito romántico.
Detalle interesante: todas las mañanas entre las cinco y las siete, grupos de aficionados al Taichí (tipo de gimnasia) ocupan sus lugares preferidos y practican sus ejercicios. En la mayoría son personas de tercera edad. Además también se presentan gimnastas de todo tipo, cada uno en su estilo y forma. Toda esta gama de gente estirando brazos y piernas, tratando de fortalecer sus músculos, para lograr una mejor vida y por supuesto más placentera, teniendo como fondo el espejo brindado por el lago, ofrecen un cuadro surrealista inolvidable.
En una de las calles que rodean aquel lago, un pequeño teatro ofrece día a día un espectáculo de estilo Comedia Musical. Se desarrollan varios cuentos infantiles y leyendas del folklore nacional, basados en su mayoría en la historia del país. Lo fuera de común es la forma que se realiza la obra. Marionetas, del tamaño de un persona, semi-sumergidas en un lago que ocupa todo el contorno del escenario, se mueven de uno a otro lado (sin entender cómo) dando una explicación excelente sobre el tema a tratar. Una diminuta banda, en un costado, formada por músicos con instrumentos antiguos y precarios, deleitan a los espectadores con melodías suaves y embriagadoras. La duración, cerca de dos horas, transcurre en un santiamén y todos los presentes con una sonrisa dibujada en sus rostros lentamente abandonan el lugar con seguridad lamentando el tan rápido final.
En su tiempo Vietnam era colonia francesa, vestigios de aquel entonces quedaron arraigados en las costumbres de los habitantes. Uno de los barrios es llamado francés, allí encontramos decenas de edificios al estilo parisiense, calles al estilo bulevares que nada deben envidiar a los típicos barrios de la lejana ciudad de la Torre Eiffel. En casi todos los bares y restaurantes se venden los conocidos "Pan Francés", como también existen decenas de confiterías donde encontramos "croissant" (media lunas grandes) y por supuesto todo tipo de mazas (¡hum, que ricas!)
Las decenas de calles de la ciudad no obstante tienen su nombre otorgado por la municipalidad, son conocidas por las mercaderías que allí se exponen a la venta. Están las calles de los plásticos, la de juguetes, la de herramientas, de los cuadros, etc., etc. Un placer sin igual es recorrer esas callecitas y a veces callejuelas, meterse en callejones sin salida, husmear en los diminutos negocios que ofrecen estatuillas, adornos, y un sin fin de manualidades que no se los compra todos, no por escasear el dinero sino por el problema del sobre peso del equipaje.
Muchas de dichas calles al atardecer cuando la mayoría de los comercios cierran sus puertas, las veredas son ocupadas por pequeñas "casas de comida ambulantes". Consisten en unas cuantas mesitas del tamaño similar a las utilizadas en los jardines de infantes con sus correspondientes sillitas. En un costado un carromato en el cual se instalaron uno o dos mecheros y su garrafa de gas, unas cuantas ollas, un par de sartenes y manos a la obra. En menos de una hora ya está todo listo y los primeros comensales ocupan sus puestos y adelante con la comida. Con respecto a los platos tradicionales: muchas verduras, toda clase de yuyos, arroz obviamente, carne de pollo, cerdo o búfalo. Sabrosísima. Una gastronomía como para copiarla.

Segundo tramo

Aquel jueves cenamos temprano. A las 21hs. Partiría el tren rumbo al norte. Nuestro destino la población Zappa. Duración del viaje según lo establecido: nueve horas. El camarote de dos plazas muy confortable. Las paredes revestidas en madera, aire acondicionado, los colchones bastante pasables. Después del correspondiente cafecito, creo que cerca de las once nos entregamos a los brazos de Morfeo. A las 5,30 unos golpecitos en la puerta. - ¿Siii? -, pregunté, medio adormilado -Dentro de media hora llegaremos, Sr. - Una voz detrás de la puerta me contestó.
Mirando por la ventanilla era poco lo que se podía ver, un poco de montañas, un inmenso lago y mucha neblina, mucha.
El Golden Hotel nos recibió con su escalinata estilo entrada de teatro. Antiguo, no obstante con todas las comodidades y confort modernos.
El pueblo: una pinturita en medio de un espectacular paraje natural en el cual la naturaleza trabajo horas extras. Esta situado a unos 700 mts.de altura y rodeado por centenares de terrazas para el cultivo del arroz. El dedo no tiene descanso y oprime sin intervalos el botón de la maquina fotográfica.
En las serpentinas calles el movimiento obliga al turista a deambular por todos lados para no perder detalle de lo que allí acontece. Es imposible no toparse cada media cuadra con un grupito de mujeres con sus criaturas, que viven en aldeas cercanas; vienen a la "ciudad" para ofrecer sus manualidades. Sus atavíos, de colores llamativos, varían según la tribu a la que pertenecen. La mayoría provienen de distintas regiones de China, que emigraron a estas zonas hace unos 300 años. Conviene destacar que el sistema de venta extremadamente persuasivo de ellas, llega un momento que se acerca a la molestia. No es muy agradable pero... también es parte de la experiencia. Alguien comentó que el turista es visto, por ellas, como una maquina distribuidora de dinero y se lo debe aprovechar al máximo.
La altura del lugar mantiene la temperatura un poco fresca; por las mañanas y especialmente las noches las camperas, guantes y gorros son accesorios más que necesarios.
Al día siguiente de nuestra llegada contratamos una excursión por la zona adyacente. Nuestra guía, una hermosa joven veinte añera, de una aldea situada a escasos metros del pueblo. Se presentó tempranito, vestida con las ropas típicas de su tribu. Los colores fuertes y variados dan una sensación que atrae y reconforta. Muy simpática y con un correcto ingles nos fue llevando a paso lento, mientras sus explicaciones y comentarios fluían como un manantial de conocimiento a cual mas interesante. Visitamos plantaciones de arroz, palpando bien de cerca, el trabajo tan difícil de este cultivo. Requiere de los trabajadores la permanencia de la mayor parte de las horas de trabajo, estar sumergidos hasta las rodillas en el agua, sistema obligatorio para el crecimiento de este tan peculiar alimento. Cada familia atiende sus parcelas. Interesante detalle: en medio de los arrozales, aquí y allí, se encuentran tumbas de los difuntos pertenecientes a cada familia. ¿La causa? Que mejor orgullo para la persona el hecho de "descansar" en su propia tierra.
La agricultura es muy precaria a causa de los bajos recursos de los agricultores; los inplementos de trabajo, por consiguiente, son similares a los utilizados en épocas que la historia los recuerda. Por ejemplo: arados de madera, fabricados a mano, arrastrados por búfalos, bestias de trabajo y carga que ayudan en los diferentes quehaceres agrícolas.
Tuvimos mucha suerte que nuestra guía, de nombre: Kee, nos tomo un especial afecto, especialmente a mi Sra. Resultó muy agradable verlas caminar tomadas del brazo como madre e hija, paseando y charlando de vaya uno a saber de qué. Nos invito a visitar, en su aldea, la casa de su familia. Agradecidos y curiosos allí nos dirigimos. Nos comentó que sus padres trabajaban un poco lejos de la aldea, volvían sólo los fines de semana. Su abuela con sus hermanitos nos recibieron con una sonrisa sencilla y sincera. La casa en cuestión fabricada con material no perfectamente definido, semejante al adobe, esta constituida por un solo ambiente. Varios nichos en los costados; destinado a una hoguera siempre encendida, lugar de los cocinamientos; otro para dormir, con esterillas y mantas desparramadas en el suelo; mas allá el lugar de los implementos para los trabajos de la tierra; en el centro el lugar de estar de la familia, también con mantos y almohadones esparcidos. Iluminación provista por el sol durante el día y por un sistema de antorchas durante las largas y frías noches. Obviamente esta aldea es de un nivel muy bajo. Las hay provistas de electricidad producida por pequeños generadores. Nuestra visita fue muy interesante aunque nos dejo un amargo sabor.
Recorrimos, durante la caminata, lugares muy pintorescos. Las montañas a nuestro alrededor, la altura, la infinidad de terrazas, un incentivo digno para que un Van Gogh lo aproveche para alguno de sus cuadros.

Tercer tramo


Los comentarios sobre Long Bay(ellos la llaman Ha Long ) tanto por boca de aquellos que visitaron como por medio de los panfletos de los agentes de turismo eran similares: imperdonable no conocer esta joya de la naturaleza. Aquella mañana, bien tempranito, para allí partimos.

La ciudad, situada en el noroeste del país, anclada a las orillas del Mar del Sur de China dentro de una impactante bahía, de donde proviene su nombre. Unos rápidos arreglos y acomodos en el hotel, y derechito al puerto. La marina atestada de gente y embarcaciones de todo tipo, tamaño y modelo. Una maraña de personas deseosas de embarcarse y partir. Nosotros, tras nuestro guía, llegamos a una especie de sala de espera frente a lo que parecería la salida principal hacia las embarcaciones. Fuimos provistos de los elementos necesarios para la travesía: chaleco flotador, y los consabidos aparatejos para sumergirse, la máscara con su tubo para respirar y un par de patas de rana. Recibimos la señal y nos encaminamos hacia nuestro barquillo. A causa del tamaño reducido del muelle, las decenas de embarcaciones descansan ancladas uno pegada a la siguiente no quedando espacio para todas. ¿Cual es la solución para llegar a aquellas alejadas del muelle en cuestión? Muy simple: se sube a una y de ella se pasa a la vecina y así hasta llegar a la que corresponde. Todo este deambular entre los barcos y canoas, gente para allí, otros para allá, los guías dando indicaciones, los marineros señalando a que embarcación subir, convierte todo en un cuadro tan especial que de sólo recordarlo se nos pinta una sonrisa en el rostro.

Zarpamos, exactamente a la hora prefijada, nos pareció increíble, pero el reloj no sabe mentir. Lentamente, no teníamos apuro y por lo visto el "capitán" de nuestro pintoresco barquito tampoco, nos internamos sobre las celestes- verdosas aguas.

Un poco de neblina nos acompañó un buen trecho. Uno a uno fueron apareciendo inmensos peñascos de una altura considerable. Pertenecían a islotes desparramados sin ninguna clase de orden. La disparidad de sus tamaños, la extensión de sus orillas, la variedad de vegetación entre ellos, convergían en una rara expresión de la naturaleza marina de aquellos lares.

A la hora de navegar, en la cual nuestros sentimientos y sensaciones recibían cada momento un nuevo incentivo, los motores silenciaron, el ancla depositó su peso allí a varios metros de profundidad.

La mayoría de los pasajeros, no todos, pues algunos optaron por tomar sol en la cubierta superior, provistos de sus elementos se lanzaron con mucha ansiedad a las calmas aguas que los acogió rápidamente en su seno. El espectáculo submarino era lo esperado. El ir y venir de los peces, sus infinidad de matices, exigían de los intrusos, un trabajo extra a sus ojos con el fin de captar lo máximo y no perder detalle.

Varios, alentados por su curiosidad, llegaron hasta la costa de uno de los islotes, subieron, y se internaron dentro de la maleza. Creyeron haber encontrado el paraíso; vegetación abundante matizada por diminutos arroyuelos y algunos pajarillos revoloteando por todos lados, sin ruidos molestos ni olores desagradables, pura y virgen natura.

En la siguiente parada, una nueva experiencia se nos ofreció: un paseo en canoa. Dos por embarcación, con los correspondiente remos, allí nos arriesgamos y detrás de la canoa del guía enfilamos. Navegamos cierto tiempo, se nos explicó que lo empleáramos para conocer la canoa y practicar todo tipo de maniobras. A remado lento nos acercamos a un inmenso peñasco que tenía en un costado, en la parte inferior, una abertura pequeña pero lo suficiente como para permitimos pasar por ella.(la foto que encabeza el relato la tomé allí) Al acercamos, las canoas tomaron un leve vaivén, las aguas perdieron su pasividad, pero guiados por el avezado Rim( ese era el nombre del guía) pasamos la prueba con éxito.
Nos encontramos en un algo ¡espectacular! Dicha elevación era un islote inmenso poseedor de varios peñascos altísimos que formaban un inmenso círculo, como una laguna cerrada. Y allí dentro de aquella, nosotros, minúsculos con nuestras más minúsculas canoas. La paz era palpable. Nadie de los navegantes (eran 6 canoas) abrió la boca. El silencio se podía escuchar. La vista como atraída por una fuerza interna se elevó hacia el cielo. Ese admirable techo otorgaba tranquilidad. Sensación de seguridad no obstante estábamos en el medio de la nada. Raro y muy difícil de convertir en simples palabras aquella vivencia tan compleja.

En la parada posterior desembarcamos en un pequeño islote: "La Isla de los Monos". La costa blanca, de arenilla como harina; la vegetación salvaje salpicaba parte de ella. A los pocos minutos de nuestro desembarco, comenzaron su aparición. Una familia entera de una de las tantas que habitan la isla. Los monos, chimpances, bajo el custodio del jefe, un hermoso ejemplar, medio marrón negruzco, observaba la escena parado en una rama de un árbol cercano al contingente. Los más pequeños desesperados por acercarse a las bananas que ofrecían los visitantes. Pero, cosas de la naturaleza, en el momento que estaban próximos a la fruta saltaban de todos lados otros mayorcitos y se las arrebataban de las manos. Comprobamos personalmente aquello de: La fuerza es la ley de la selva.

Mas tarde llegamos a un complejo habitacional muy original. Varios islotes más o menos formando una circunferencia de un centenar de metros de diámetro constituyó lugar apropiado para albergar a un pequeño pueblo de pescadores. Cada familia tiene su casa construida sobre planchones de madera flotantes, anclados en forma fija allí en medio del mar. Allí viven, obvio en forma muy precaria, y se dedican a la pesca, utilizando canoas y un sistema muy peculiar de pesca, basado en pequeñas redes que son extendidas en las aguas a la espera de posibles y esperados visitantes. En un costado de las planchuelas se abrió una especie de boquete, a sus contornos fue adherida una red. Dentro de ella se arrojan los peces atrapados, a la espera de los compradores que vendrán de la ciudad costera. Hasta que ellos lleguen, los esperan frescos y rozagantes los apetitosos pecezuelos.
En el camino de vuelta, nos deleitamos, a bordo, con un sabrosa comida, a base de toda clase de productos del mar, por supuesto.

Cuarto tramo

Nuestro guía nos preparó de antemano: -Mañana navegaremos y caminaremos- dijo, y agregó: -Nos espera un día muy largo, pero encantador, podrán percibir un poco de las creencias culturales de la región.

Tempranito, como siempre, para aprovechar el tiempo al máximo. Nuestra meta: *La Pagoda del Perfume*. Nombre que con seguridad se atribuye al aroma que reina en el ambiente en aquella zona en la época de la primavera; dicho templo está enclavado en las profundidades del Monte Huong Tich (montaña que busca olores); se encuentra a unos sesenta km. al sur de Hanoi.
En la zona abundan los riachuelos, arroyos, cuevas semi ocultas en pequeñas colinas, y todo ello dentro de parcelas destinadas a los diferentes cultivos.

Hora y media de viaje en micro, llegamos a un simulacro de puerto; allí nos aguardaban canoas para continuar el intinerario. En cada una, dos mujeres paisanas del lugar, quienes se encargarían de la travesía.

El deslizamiento por el río fue lento, lleno de asombro y deleite. Los agricultores, aprovechando la cercanía del agua, siembran las semillas hasta la costa misma. Como consecuencia de ello, las canoas detalladas navegan propiamente entre los cultivos. La sensación es muy especial, como si nos convirtiéramos en aves que lo van observando todo durante el vuelo.
A los costados, colinas de regular tamaño, la mayoría de piedras tiza, rodean todo el cuadro. Los colonos de la zona acostumbran, como presagio de buenas cosechas, prender antorchas en honor de aquellas colinas protectoras a todo lo largo de los sembradíos.

Llegamos a la Pagoda Externa, la que conduce al *Paraíso*. Su campanario, en forma de flor de loto, guarda en sus paredes infinidad de poesías y canciones alegóricas grabadas por manos de creyentes y visitantes. De allí caminamos hacia lo esperado: *La Pagoda Interior*. En el trayecto, no muy extenso, escasos dos kilómetros, nos topamos con otros dos templos-pagodas: ¿quizás guardianes?

A escasos metros de la entrada, un casi insignificante hilo de agua, sale de entre medio de rocas para formar una pequeña laguna de una transparencia cristalina, de la que parten nueve ramales que se pierden en el terreno dentro de las malezas. Se lo llama: "las aguas purificadoras de Buda". Cuenta la leyenda que el susodicho hizo allí un descanso para refrescarse y despojar de su cuerpo todos los pecados del género humano, previa entrada a la Pagoda del Perfume. Por ello, llegan hasta allí creyentes budistas para lavar sus manos y pies, logrando de esta manera desligarse de sus pecados. Luego del ritual, es permitida la entrada.

La propiamente entrada de la cueva, "la garganta del Dragón", permite el descenso a la Pagoda. Dentro de ella, encontramos dos considerables estatuas: una de Buda y la otra de un hombre, el que antes de llegar a su confirmación, renuncia a si mismo, para así lograr la confirmación de toda la humanidad, convirtiendo su acto en ejemplo de misericordia y perdón. Aquella Pagoda - Templo, simboliza la entrada al Cielo; específicamente el lugar del Juicio Final: al Paraíso o al Infierno.

Estalactitas y estalagmitas abundan en toda la cueva. Las hay de varios colores y tamaños. Con el correr del tiempo, muchas recibieron nombres propios en base a su apariencia: "la parva de arroz", "el cofre de las monedas", "el cántaro de los gusanos de seda", y otros más. Muchas parejas recién casadas, llegan a la Pagoda para rezar frente a la llamada "el cuerpo del niño", asegurándose por ello, según las creencias, un prodigioso procreamiento.
El camino de vuelta, es aprovechado por las remadoras, para ofrecer a sus pasajeros una variada colección de productos autóctonos de elaboración propia.

Último tramo

Otra experiencia, única y recordable es la que vivimos al visitar y conocer, por primera vez, una selva.
Nos internamos, muy tempranito apenas al asomar el sol. Nos recibió una dulce jovencita, guía perteneciente al Parque Nacional, y con ella emprendimos la visita a un especie de campamento-albergue para monos. Un plantel de gente especializada, mantiene una considerable cantidad de varios tipos de estos animales. Algunos fueron encontrados abandonados en diferentes lugares del país; otros rescatados de cazadores traficantes, y no faltan aquellos que por enfermedades o lesiones fueron abandonados por sus familias. La gran mayoría son reiterados, con el tiempo, a su hábitat natural.

Continuamos en nuestra caminata, tras nuestro guía. Paso a paso, se nos comentaba sobre cierta planta o arbusto especial. El sonido de los cientos de pájaros, la brisa que hamacaba los árboles, el sol que de tanto en tanto trataba de asomarse entre las copas de esos monstruos de madera, nos permitía gozar, en forma simultanea, de todos nuestros sentidos., que por vez primera fueron partícipes de tal ocasión.

Recorrimos senderos y caminitos. Saltamos riachuelos y nos asombramos frente a pequeñas cascadas. Árboles de una altura y arrogancia dignos de envidia se presentaron en nuestro sendero. Plantas raras y exóticas, flores salvajes nacidas y criadas por la madre naturaleza nos recordaron leyendas, cuentos y narraciones, que escuchamos a lo largo de nuestra vida, y las cuales se hicieron realidad aquel día.

El guía nos comentó sobre el "Viejo Árbol"; sus comentarios al respecto los consideramos un poco exagerados. Pero...al llegar a él no dimos crédito a nuestros propios ojos. ¡Imposible! No teníamos ninguna posibilidad de calcular su altura. Estábamos frente a un monumento arbolífico(palabra de mi invención) El tronco inmenso, su perímetro de varios metros, comenzaba en cuatro "patas" a cada lado en forma de cruz. Algo increíble. Su nacimiento data de más de 400 años(¡!) Indudablemente algo para guardar en la memoria.

Hicimos un alto en el camino. La merienda nos fue servida en la mesa de los cuidadores del bosque. Luego continuamos la marcha. Nuestra vista se detenía por allí en una planta, en determinada flor o en un árbol raro. Las lluvias abundantes proveen cantidades majestuosas del preciado líquido, que, sumado al clima tan especial, permiten aquella magnificencia vegetal.

Un paseo que por mucho tiempo nos quedará grabado. En general, nuestro viaje nos dejó un gusto de: poco tiempo. Vietnam es un país recomendable para visitar, sus lugares obligan a encontrarlos y gozar de ellos en forma plena.


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@beto

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